Marzo del 2012

GREGORY BATESON

Por feyerabend - 14 de Marzo, 2012, 10:31, Categoría: General


Gregory Bateson: un pensamiento complejo para pensar la complejidad

Para Bateson, la comunicación está determinada por el contexto en el que se produce. Toda comunicación, viene a decir, exige un contexto, porque sin contexto no hay significado, no hay valor diferencial que genere información (la información es una diferencia que hace la diferencia…). Bateson recrea una visión sistémica e interdisciplinar de los procesos comunicativos. La ‘metacomunicación’ o el ‘metamensaje’ es la evolvente del conocimiento que da sentido, contextualiza, clasifica la comunicación o el mensaje; incluso, crea vínculos o estructuras de diálogo con otros ambientes o contextos. Bateson concibe los procesos comunicacionales con un carácter circular y evolutivo, donde el feedback tiene una importancia decisiva.

Fundador en 1956 del Grupo de Palo Alto, California, donde se realizan importantes investigaciones sobre la Teoría de Sistemas aplicada al estudio de la familia.

Pionero en el estudio de la etiología de la esquizofrenia, desde el punto de vista de las pautas conscientes e inconscientes de comunicación en familias con un paciente esquizofrénico, y postuló junto con otros investigadores la Teoría del Doble Vínculo.

Su legado más rico consiste en la manera de formular sus preguntas, bajo una libertad de asociación y disociación de las ideas, pues el pensamiento batesoniano abarca aspectos antropológicos, cibernéticos, comunicacionales, etológicos y ecológicos.

En su propia definición, él se interesa en la historia natural de las ideas o -dirá mas tarde, en la ecología de la mente.

. Gregory Bateson busca sentar las bases para poder construir –complejamente- un modo reflexivo tal, que pueda dar cuenta de las complejidades que configuran el proceso de aquello que llamamos pensar, reflexionar, idear, etc., busca dar cuenta de cómo se configuran esos procesos mentales que suponemos “superiores” y sólo exclusivos del homo sapiens: nuestra consciencia “superior”, autoconsciencia, consciencia autobiográfica Al mismo tiempo él busca poner en evidencia que la acción de (auto-meta)reflexión que nos lleva a pensar sobre nuestro pensamiento (la conciencia superior), pese a la estética y a la simplicidad aparente -tanto del acto realizado como del “objeto” que observamos con dicha acción (auto-meta)reflexiva- no es un asunto simple . Para Bateson la (auto-meta)reflexión sobre nuestros modos reflexivos tiene profundas consecuencias en el modo de “sentir(se) (en el) mundo”.

¿Qué es una idea?; ¿Cómo se (con)forman las ideas de lo que nuestras ideas son?; ¿Qué vínculos nos unen a ellas?…

Busca con la (auto-meta)reflexión, complejizar aún más lo que ya es, bastante complejo. Ése es el asunto central y ésa será la “obsesión” que recorrerá toda su obra: complejizar la complejidad.

Para Bateson aquello que llamamos (y aceptamos como) “realidad” no es algo tan simple como para decir que esa “realidad” se “proyecta” o se “representa” en nuestras mentes. Las “ideas”, entendidas como reflejos internos de una “realidad” entendida como un mundo externo a nosotros, no le satisface en absoluto.

Para él, dicha “realidad”, no es sino una red muy compleja de relaciones, procesos, y también extrañas y paradojales interconexiones de diferentes planos, niveles y componentes, entre los cuales , nosotros estamos también comprendidos. Definitivamente nuestra “mente” no es un “espejo” en el cual se refleje un mundo exterior independiente a nosotros mismos, en Bateson la “realidad” es algo bastante más “denso” que algo así como un “objeto extendido” allí afuera de nosotros .Y asumir ello -de un modo profundo y experiencial , no puede tener sino consecuencias radicales en el modo de “sentir(nos) en el mundo”.

Se puede encontrar a lo largo de toda la obra de Gregory Bateson una particular mirada una observación transdisciplinaria, en ello radica la dificultad de encasillarlo en alguna disciplina.

El desafía, con absoluta libertad y con plena “conciencia” de la “subversión” emprendida, los (pre)supuestos básicos e incluso los métodos en los que descansan las diferentes “ciencias” . Él trata de construir una superficie descriptiva que permita poder explicitar y poner de manifiesto los presupuestos cognitivos que sustentan los diferentes modos de pensamiento: en resumen, el intenta develar y hacer sentir las bases mismas (los paradigmas cognitivos), que han configurado históricamente el conocimiento científico occidental .

Bateson buscará situarse en un pensamiento abierto, global, holístico, macro y meta abarcador, tanto del “objeto” sobre el que reflexiona, como también del vínculo que dicho “objeto” –con la totalidad– establece. En la obra de Bateson, el texto y contexto se co(n)-funden, se fusionan. En la “mente” de Bateson –como en el Ouruburus– la serpiente se come la cola; y él intenta desencadenar procesos similares en nosotros.

Bateson no observa “objetos” aislados, su mirada está constantemente dirigida a las relaciones entre ellos para así poder establecer conexiones nuevas entre lo que él observa. Se trata siempre de construir puente nuevos; esas nuevas relaciones establecidas son sus “pautas que conectan”. Su particular modo de pensar escapa de los cánones habituales, para ofrecer así un desafío radical a la lógica occidental que nos ha acostumbrado a métodos –inductivos y/o deductivos– para establecer ligazones o relaciones. Se trata de construir (otras) “analogías formales” entre los fenómenos que se encuentran bajo su mirada. De ese modo, en su “método reflexivo” abducción se logran (fundir-fusionar) la necesaria creatividad –presente en todo proceso reflexivo– con el rigor analítico necesario a la reflexión “académica”. Y aún más, Bateson trata de fundir, entonces, el rigor intelectual con la creatividad y el juego.

La abducción batesionana es creativa por cuanto permite hacer surgir relaciones nuevas allí donde la cultura, el conocimiento instalado y el “sentido común”, tienden a mantenerlas ocultas. Y es en ese sentido que su reflexión puede ser “terapéutica”. Al establecer relaciones que desconciertan que confunden y que asombran él está buscando “forzar” al “receptor” de su discurso a dejar de lado las certezas generadas en sus (pre)supuestos cognitivos para así quedar abiertos a reflexionar de un modo diferente al habitual.

Se trata de descubrir nuevos modos de pensar aquello que ya se ha pensado. El mismo lo decía: “el brujo crea contextos”; y evidentemente él es un brujo extraordinario. Genera contextos de y para la reflexión. Si de transformar epistemologías se trata, todo dependerá del contexto desde el cual la reflexión emerge.

Una anécdota –por él mismo relatada (Espíritu y Naturaleza: Una unidad necesaria)– puede dar cuenta de lo que aquí queremos plantear respecto de la potencialidad “terapéutica” .

Siendo profesor de un centro de estudios superiores, él recuerda, cierto rumor que circulaba entre sus estudiantes. Se comentaba que Bateson sabía algo que nunca quería decir. Sospechaban que él no decía todo lo que podía decir. Siempre “ocultaba” –y ello lo haría de un modo consciente- algo de su reflexión. ¿A dónde quiere llegar Bateson? ¿De qué está hablando?, eran las preguntas y dudas. Cuando un alumno se le acerca y en un tono de complicidad le da a entender que ha “captado” aquello que supuestamente –Bateson– esconde , él se asombra. ¿Escondo algo yo?, se pregunta; indudablemente que yo no escondo nada, se responde. Para él, el instante es casi de iluminación, su mente se “expande”.. En esa disyuntiva, Bateson no puede sino “darse cuenta” que él piensa de una manera diferente a la que se acostumbra a reflexionar entre los otros profesores. Más tarde dirá que su epistemología –definida por él como “el conocer cómo se conoce aquello que se conoce”– era diferente. Comienza entonces a intentar establecer los fundamentos de dicha “otra” epistemología.

A partir de dicha experiencia, Bateson buscará –dirá él mismo– “los principios y los (pre)supuestos básicos de toda la organización del pensamiento”, y esa búsqueda no la realizará siempre de un modo consciente. Él sólo se “dará cuenta” que ese es un modo de definir una posible “pauta que conecte” toda su búsqueda. Las preguntas que han atravesado sus reflexiones: ¿Cómo sucede que pensamos aquello que pensamos? ¿Qué vínculo(s) hay (o son posibles de establecer) entre las particulares vivencias experienciales de una vida particular con los modos de constitución del pensamiento del sujeto que ha experienciado dicha vida?, en síntesis, ¿qué existe de particular en la naturalidad de una vivencia que conduzca al experimentador de dicha vida a pensar en lo que piensa y a pensarlo del modo como él lo piensa?

Hay en esas preguntas, un desplazamiento de la mirada. Se apunta siempre al contexto que posibilita la reflexión. No es evidente allí el “punto de observación” que se establece. Creemos que ello es así por cuanto no puede haber un “punto” en la observación, cuando lo que se pretende observar son –precisamente– no puntos, sino “redes de relaciones” y al mismo tiempo las complejidades entre los diferentes “niveles de conexión” que entre dichas redes se puedan encontrar , la mirada de Bateson se desplaza, desde los «objetos» hacia las relaciones y hacia las diversas y paradojales formas de interacción entre esas relaciones; se interesa por los procesos y sus “extrañas” lógicas, como también se interesa en las “lógicas” de las conexiones de dichos procesos con la totalidad (contexto) que los contiene. En esa búsqueda de relaciones y de “relaciones entre relaciones”, (obviamente meta-relaciones) él lucha por sobrepasar los límites que, para ese objetivo, le imponen las estructuras profundas de nuestro lenguaje articulado (idioma). Las estructuras sintáctico-gramaticales de nuestros lenguajes no son las más adecuadas para describir los procesos, ni mucho menos los nexos entre esos procesos. Nuestro lenguaje es siempre un lenguaje cosificante, por cuanto está organizado en una lógica de “linealidad estructural interna” (sujeto + verbo + predicado) Y una descripción no puede dar cuenta de nada. Solo se trata de un “mapa” posible para “representar” un “territorio” que no es atrapable nunca (Korsibzky) en descripción alguna. La sensación de “acididad” que nosotros sentimos al gustar el limón, no es atrapada en nuestra simple descripción de que el gusto del limón es “ácido”. “Porque una rosa, es una rosa, es una rosa… y sólo una rosa”, es un poema de Gertrudes Stein que él citará a menudo para dar cuenta de esta imposibilidad de todo “mapa” para contener el “territorio”.

En reiteradas oportunidades Bateson explicitará su convicción de que nuestra lógica occidental de razonamiento –absolutamente patológica y desde luego enraizada en la ordenación estructural de nuestro lenguaje– se encuentra con dificultades enormes para dar cuenta la estructura y el funcionamiento de procesos que no son linealmente causales. Él intentará superar dicha limitación lingüística mediante pequeños cuentos, historias que se encadenan unas dentro de otras como en un enorme círculo recursivo. Su lenguaje es siempre metafórico, irrradiante. Contextual y configuracional.

Metáforas para abrir los arcos perceptivos

I.- “Los hombres son mortales, II.- “La hierba muere,

Sócrates es un hombre, los hombres mueren,

entonces, Sócrates es mortal” entonces, los hombres son hierba”

este segundo silogismo (II), bautizado por sus biógrafos como el “silogismo batesoniano” –para así confrontarlo al clásico silogismo Aristotélico (I)– nos permite ofrecer un muy buen ejemplo de las posibilidades y potencialidades “terapéuticas” que pudiesen contener las “pautas que conectan” que Bateson nos invita a construir. Presentadas del modo como nos ofrece ambas afirmaciones, se hace evidente el “desconcierto” que nos provoca esa extraña “lógica” que –pese a su “anomalía” de “contenido”– nos permite establecer algún vínculo posible entre ambos silogismos, y por ese medio, conectar finalmente los hombres y el pasto.

Es sin duda la “analogía formal”, algo así como una similaridad de algún “tipo”, que se puede establecer entre los dos silogismos, lo que nos “empuja” a aceptar y buscar algún rasgo en común para “conectar” ambas afirmaciones, y entonces, vincular hombres y hierba. Es –creemos– dicha analogía formal –y el “peculiar” modo de presentarla– la que nos deja “abiertos” a una reflexión más amplia que la simple evidencia empírica de que nosotros, los homo sapiens-sapiens, no somos pasto. Se busca –con este “extraño” modo de establecer analogías– conducirnos a construir alguna (otra) relación posible para “conectar” los seres humanos con la hierba.

Porque a primera vista, es claro que “algo” no “cuadra” en aquella afirmación de que nosotros –seres humanos– seamos pasto, pero sin embargo, si aceptamos la invitación a una reflexión mas profunda, es casi obvio que nosotros también somos hierba. Y darse cuenta de la importancia de ese “también” es precisamente la apertura para “abrirnos” a explorar otros modos de establecer relaciones. Bateson quiere poner en relieve que algo –también– tenemos en común con el pasto. Entre el pasto y el sapiens-sapiens es posible construir una “pauta que nos conecte”. La relación es “abducible” (la analogía formal entre los silogismos la ha puesto en evidencia), y de nuestra capacidad y creatividad reflexiva dependerá evidenciarla. y aún más, tal vez experienciarla. Así, será la vivencia de aquella pauta que nos conecta a la hierba la que inaugurara en nosotros lo que él denomina la ecología de la mente1.

Al dirigir –Bateson– nuestra atención (sensitiva más que reflexiva) hacia la “extrañeza de la analogía formal” entre los silogismos presentados, lo que él intenta es provocarnos a buscar alguna (de las muchas posibles) “pautas que conectan” nuestro vivir con el vivir del pasto. La “abducción batesoniana” nos insta a dirigir nuestra observación hacia los posibles espacios comunes a establecer entre los hombres y el pasto. Lo habíamos ya planteado: Bateson siempre busca construir nuevos vínculos (y también nuevos “meta-vínculos” (nuevos modos de vincular vínculos ya establecidos) entre los procesos que se observan. Si acaso no “vemos” dichas otras relaciones (pautas/pattern) posibles entre el pasto y el sapiens-sapiens, ello se explica más por nuestra lineal y unilateral forma de pensar, que por el hecho de que dichas relaciones no existan. Porque –en sus propias palabras– finalmente la ceguera civilizatoria no es no ver…es más bien no saber pensar (complejamente) sobre aquello que vemos. Se trata de abrir la mirada, no dejarse “seducir” por el objeto, porque en el fondo, el objeto es inaugurado por la mirada que sobre él posamos.

Resumamos entonces: nuestra epistemología (pensar como pensamos) es la limitante. Nuestro modo lineal de reflexión nos impone una sola relación posible, dejándonos ciegos así al inmenso arco de otras relaciones construíbles y a descubrir. Bateson buscará siempre poner en evidencia esos otros arcos relacionales. Esas son sus “pautas (patterns) que conectan”. Ese es el cambio cultural. Aprender a ver de un modo diferente.

En este mismo sentido Bateson nos asombra aún más:

“¿Qué pauta conecta al cangrejo con la langosta?, ¿y a la orquídea con el girasol?, ¿y qué es lo que une a todo aquello entre sí?, ¿y a todos ellos conmigo?, ¿y a Ud. conmigo?, ¿y a todos -nosotros y aquellos- con la ameba

por un lado y con el esquizofrénico que encerramos, por el otro?

“¿…cuál es la pauta que conecta a todas las creaturas vivas entre sí?”

Veamos otro ejemplo de esos extraños y desconcertantes modos de relacionar los fenómenos que Bateson acostumbra a presentarnos (“Pasos hacia una ecología de la mente”):

“Una madre premia a su hijo con un helado cada vez que éste se come las espinacas: ¿Qué información adicional requiere Ud. para determinar si -con el tiempo- el hijo :

1.- ¿Odiará o amará las espinacas ?

2.- ¿Odiará o amará los helados ?

3.- ¿Odiará o amará a su madre ? ”.

De inmediato surge –nuevamente– el desconcierto frente al modo como las preguntas están planteadas ¡Espinacas, madre y helados… amor, información, placer y todo ello vincularlo en la historia! ¿Qué es todo esto? Creemos que, por la manera en que el formato interrogativo-provocativo ha sido presentado, Bateson no busca empujarnos a intentar respuestas sino más bien pretende desencadenarnos un proceso de búsqueda de otras preguntas posibles. Y ello para que esas nuevas preguntas (autoformuladas) nos desplacen del nivel en el que las preguntas están planteadas. Bateson intenta, conducirnos directamente a un meta-nivel de cuestionamiento..

Una vez más, Bateson busca que “veamos más”, nos empuja a que nuestros “arcos de percepción (sensación) posibles” se hagan más amplios. Y ello lo logra por cuanto –nosotros- para intentar siquiera responder la (o las) preguntas planteadas, deberemos cuestionarnos internamente respecto de ¿qué es finalmente lo que se nos está preguntando, ¿cuál es precisamente la pregunta a responder?.Bateson no busca respuestas, busca generar y producir un contexto de aprendizaje en el cual la respuesta a la pregunta planteada pierde importancia. Él pretende “enseñarnos” a pensar”, no en respuestas, sino en nosotros mismos.

Se busca desplazar al auditor hacia otros niveles de realidad que se inauguran con los –otros– vínculos posibles a establecer entre lo preguntado. Desde los vínculos aparentes hacia los vínculos entre los vínculos. (De la “realidad de nivel 1” hacia la “realidad de nivel 2” nos diría Paul Watzlawick). ¿Cómo poder establecer los vínculos (entre los vínculos) solicitados en la pregunta? Hacia allá apunta Bateson.

Lo primero que quisiéramos subrayar es su voluntad por “trastocar” la actual cultura que vivimos. “Civilización esquizofrénica y sobre todo esquizógena” será su más aguda y radical afirmación en ese sentido. Diciendo ello sólo queremos traer a la mano el hecho de que la obra de Bateson es también, sin perder nada del rigor necesario a toda reflexión “académica y científica”, un pensamiento que apunta –abiertamente- a generar las bases para la construcción de un mundo diferente; y desde luego, un mundo mejor que el que actualmente vivimos y que –según el, y concordamos- con nuestros modos reflexivos, reproducimos.

Según Bateson, y coincidimos con él, aquel mundo mejor –al cual aspira– sólo podrá emerger a partir de una revisión y reformulación muy profunda de nuestros propios hábitos de pensamiento.

La mente y la naturaleza, dos caras de un mismo proceso

Una de las ideas centrales de la epistemología que inaugura Gregory Bateson es el postulado de que la estructura de la mente y de la naturaleza son reflejos la una de la otra. Esto es, aprender (mental) no es un fenómeno del todo diferente de la “evolución” (naturaleza).

La cucaracha “aprende” a escapar de la luz tal cual nosotros aprendemos a protegernos del sol cuando vamos a la playa. Con esto queremos poner de manifiesto que siempre será posible construir “abducciones” (analogías formales de algún tipo) entre esos procesos; y si ello es así, se debe, en lo profundo, a que los procesos de “evolución” natural, no son del todo diferentes a los procesos de “aprendizaje” mental. Bateson postula que la “evolución” no es sino el proceso por el cual la naturaleza “aprende”. Para ser más precisos, nuestros procesos de endoculturización (aprendizaje de los modos de aprender), sin ser los mismos, no son del todo diferentes a los procesos de evolución de la vida. ¿Cómo “aprende” el feto, (o antes el óvulo, el espermatozoide) la morfogénesis que ha de seguir, hasta convertirse en un sapiens-sapiens? En resumen, la mente y la naturaleza constituyen necesariamente una unidad (Espíritu y Naturaleza, una unidad necesaria es precisamente el título del último de sus libros).

De esta manera la epistemología (aprender cómo aprendemos) -“el meollo de la cuestión” acostumbraba a llamarla– deja de ser una filosofía abstracta para transformarse en una trama de la historia natural. (“Historia natural de las ideas” llamaba inicialmente a lo que más tarde denominará “Ecología de la mente”).

Abrir los campos perceptuales

Quien pretenda poner en evidencia la red de relaciones en las que se desenvuelven nuestras vidas y cómo esas relaciones se enmarañan unas con otras se encuentra –obviamente– intentando encontrar formas comunes a procesos disímiles y diversos. Esa es la búsqueda de la «pauta que conecta» en Bateson. Se trata de vivenciar existencialmente la mayor cantidad de relaciones que circundan (contextualizan) y dan forma a nuestras vidas. Finalmente todo está conectado con todo. La metáfora de la mariposa de Prigogine se transforma así en una guía para la acción. Efectivamente el aleteo de una mariposa en Singapur puede desencadenar una tormenta en Nueva York.

Pero los cambios culturales no sólo estarán «conectados» a «teorías» sobre lo que se está aquí planteando. Las teorías son «cognitivas», pertenecen al mundo del conocimiento, al mundo de las ideas como él gustaba llamar. En Bateson (como también en Maturana) todo conocer es un hacer y todo hacer es un conocer. El intento de Bateson es que las «teorías» se transformen en actitudes de vidas

Bateson cuenta «historias». Extrañas. Desconcertantes. ¿De qué está hablando?, es la primera reacción. Bateson enmaraña historias, unas dentro de otras, obliga al lector a reflexionar de una forma no acostumbrada en nuestra cultura. El pensamiento del lector se va cerrando en torno a sí mismo. La recursividad de los procesos mentales queda así en evidencia. Esa recursividad se vive pragmática y existencialmente en el “ritmo” de la lectura. Su instrumento de cambio es la metáfora. Es decir, el sentido abierto al receptor. La confusión de la metáfora es ampliadora por cuanto fuerza al pensamiento a reflexionar en torno a sí mismo, a (auto-meta)reflexionar.

Aquí existe un punto de acercamiento entre las metáforas batesonianas y los trances hipnóticos de Milton Erickson (Jay Haley es el «puente» entre Bateson y Erickson). Estar confuso es precisamente quedar abierto a las abducciones batesonianas. La confusión obliga a buscar y a establecer relaciones nuevas allí donde perdemos las certezas. Quedamos abiertos a generar(nos) nuevas explicaciones. Se nos «fuerza» a establecer nuevas pautas de conexiones. Se nos hace necesario reordenar nuestro mundo. Es decir ampliar la mirada. Abrir los arcos perceptuales. «El brujo crea y abre contextos» solía repetir Bateson .

El contexto

Lo globalizante, la comprensión de los procesos, una verdadera mirada macroscópica, holística

El contexto es un concepto capital en toda la obra de Bateson. Los tipos lógicos son, en alguna medida, cambios y desplazamientos de contexto. El doble vínculo es precisamente una particular situación contextual que genera otros contextos «atrapadoramente esquizogénicos». El contexto es siempre información, o más precisamente, es comunicación. ¿Cómo dar cuenta del contexto?. todo es contexto.

Ampliar contextos es observar más y mejor. No situarse en un sólo punto de observación («dos descripciones son mejor que una

. En este sentido la metáfora batesionana se asimila a los Koan del Budismo Zen. Abre la reflexión, destruye la certeza. Gran parte de su obra es absolutamente contextual. Intenta –creemos que consciente de lo que está haciendo– “forzar” al lector a observar el contexto en el que se encuentra con la escritura. Nuevamente nos encontramos con esa escritura “no terminada en si misma” sino invitadora a reflexionar sobre el proceso de reflexión que se está generando en el momento de la reflexión. Una vez más, observación y meta-observación.


El Blog

Calendario

<<   Marzo 2012  >>
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

Categorías

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog