Enero del 2010

El doble vínculo (Gregory Bateson)

Por feyerabend - 9 de Enero, 2010, 15:40, Categoría: General

El doble vínculo (Gregory Bateson)

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Hacia una teoría de la esquizofrenia
Bateson, G; Jackson, D; Haley, J y Weakland, J. (Original: 1956. Fragmento) En: Interacción familiar. Aportes fundamentales sobre teoría y técnica. Ediciones Buenos Aires, 1980, cap. 1.

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El doble vínculo
Los ingredientes necesarios para una situación de doble vínculo son, en nuestra opinión, los siguientes:

1. Dos o más personas. De ellas, y a los fines de nuestra definición, desigamos a una como la “víctima”. No suponemos que la madre sola imponga el doble vínculo, sino que ello puede deberse a la madre sola o a alguna combinación de madre, padre y/o hermanos.

2. Experiencia repetida. Suponemos que el dobe vínculo es un tema recurrente en la experiencia de la víctima. Nuestra hipótesis no implica una única experiencia traumática, sino experiencias tan repetidas que la estructura del doble vínculo llega a constituir una experiencia habitual.

3. Una instrucción negativa primaria. Puede tener una o dos formas: a) “No hagas esto o te castigaré” o b) “Si no lo haces te castigaré”. Seleccionamos aquí un contexto de aprendizaje basado en la evitación del castigo antes que un contexto de búsqueda de recompensa. Quizá no existan motivos formales para esta elección. Suponemos que el castigo puede ser el retiro del amor o la manifestación de odio o rabia o, lo cual es más catastrófico, el tipo de abandono que resulta de la expresión de extremo desvalimiento por parte de los padres (1).

4. Una instrucción secundaria que contradice a la primera en un nivel más abstracto y, como la primera, está reforzada por castigos o señales que ponen en peligro la supervivencia. Esta instrucción secundaria es más difícil de describir que la primaria por dos motivos.Primero, la instrucción secundaria por lo común es comunicada al niño por medios no verbales. Pueden utilizarse la postura, el gesto, el tono de la voz, la acción significativa y las implicaciones del comentario verbal para transmitir ese mensaje más abstracto. Segundo, la instrucción secundaria puede incidir sobre cualquier elemento de la prohibición primaria; por lo tanto, la verbalización de la instrucción secundaria puede incluir una amplia variedad de formas. Por ejemplo: ” No veas esto como un castigo”; “No me veas como un agente de castigo”; “No te sometas a mis prohibiciones”; “No pienses en lo que no debes hacer”; “No pongas en duda mi amor, del cual la prohibición primaria es (o no es) un ejemplo”, etc. Otros ejemplos se vuelven posibles cuando no es un individuo, sino dos, los que crean el doble vínculo. Por ejemplo, puede negar en un nivel más abstracto las instrucciones del otro.

5. Una instrucción negativa terciaria que prohibe a la víctima escapar del campo. En un sentido formal, quizá sea innecesario incluir esta instrucción como un ítem separado, ya que el refuerzo en los otros dos niveles implica una amenaza para la supervivencia y, si los dobles vínculos se imponen durante la infancia, la huida resulta naturalmente imposible. Con todo, parecería que en algunos casos la posibilidad de abandonar el campo es anulada por ciertos recursos que no son puramente negativos. Por ejemplo, promesas caprichosas de amor, etc.

6. Por último, todos estos ingredientes ya no son necesarios cuando la víctima ha aprendido a percibir su universo en patrones de tipo doble vínculo. Casi cualquier parte de la secuencia del doble vínculo puede bastar entonces para desencadenar pánico o rabia. El patrón de instrucciones conflictuales puede incluso quedar a cargo de voces alucinatorias.

El efecto del doble vínculo

En la religión oriental, el budismo Zen, la meta consiste en alcanzar la Iluminación. El maestro Zen trata de llevar a su alumno a la Iluminación, de diversas maneras. Una de las cosas que hace es sostener una varilla sobre la cabeza del discípulo y decir ferozmente: “Si dices que esta varilla es real, te golpearé con ella. Si dices que esta varilla no es real, te golpearé con ella. Si no dices nada, te golperaré con ella”, Pensamos que el esquizofrénico se encuentra constantemente en la misma situación que el discípulo, pero lo que alcanza es desorientación antes que iluminación. El discípulo Zen podría incorporarse y quitarle la varilla al maestro y este podría aceptar esa respuesta, pero el esquizofrénico no cuenta con esa posibilidad ya que, en su caso, no se trata de que la relación no le importe, y las metas y la capacidad de discriminación de su madre no son como las del Maestro.
Sugerimos que toda vez que se produce una situación de doble vínculo cesa la capacidad de cualquier individuo para discriminar entre los tipos lógicos. Estas con las características generales de tal situación:

1. Cuando el individuo participa en una relación intensa, esto es, una relación en la que siente que es de importancia vital discriminar acertadamente qué tipo de mensaje se le comunica, para poder responder adecuadamente.

2. El individuo se ve atrapado en una situación en la que la otra persona expresa dos órdenes de mensajes y uno de ellos niega al otro.

3. El individuo es incapaz de efectuar un comentario acerca de los mensajes que recibió para corregir así su discriminación en cuanto a qué orden de mensaje debe responder, esto es, no puede hacer una intervención metacomunicativa.

Hemos sugerido que éste es el tipo de situación que se produce entre el pre-esquizofrénico y su madre, pero también existe en las relaciones normales. Cuando una persona se ve atrapada en una situación de doble vínculo, responde defensivamente de una manera similar a la del esquizofrénico. Un individuo adscribirá un sentido literal a una metáfora cuando se encuentre en una situación en la que le es preciso responder, en la que enfrenta mensajes contradictorios y cuando no puede comentar acerca de las contradicciones. Por ejemplo, cierto día un empleado volvió a su casa en horas de oficina. Una compañera lo llamó por teléfono y le dijo en tono jocoso: “Bueno, ¿cómo llegaste allí?” El empleado respondió: “En auto”. Respondió literalmente porque enfrentaba un mensaje en el que se le preguntaba qué estaba haciendo en su casa cuando, en realidad, tendría que haber estado en la oficina, pero que, debido a la forma en que estaba expresado, negaba que esa pregunta se hiciera (puesto que el emisor consideraba que en realidad no era asunto suyo, habló en términos metafóricos). La relación era lo bastante intensa como para que la víctima sintiera dudas acerca de cómo sería utilizada la información y, por ende, respondió en forma literal. Esto es característico de todo el que se siente interrogado, como lo demuestran las cuidadosas respuestas literales de un testigo en un tribunal. El esquizofrénico se siente constantemente bajo un intenso interrogatorio, por lo que habitualmente responde con una insistencia defensiva en el nivel literal cuando éste resulta totalmente inadecuado, por ejemplo, cuando alguien bromea.
Asimismo, los esquizofrénicos confunden lo literal y lo metafórico en sus propias manifestaciones, cuando se sienten atrapados en un doble vínculo. Por ejemplo un paciente puede experimentar deseos de criticar al terapeuta porque éste llega tarde a la sesión, pero puede sentirse inseguro con respecto a qué clase de mensaje constituyó el acto de llegar tarde, sobre todo si el terapeuta ha anticipado la reacción del paciente y le pide disculpas. El paciente no puede decir: “¿Por qué llegó tarde? ¿Es que no quiere verme hoy? Esto sería una acusación, por lo que utiliza en cambio una aseveración metafórica y dice: “Una vez conocí a un tipo que perdió un barco, se llamaba Sam y el barco casi se hundió… etc.”. Así, desarrolla un relato metafórico y el terapeuta puede o no descubrir en él un comentario acerca de su tardanza. Lo que la metáfora tiene de conveniente es que hace que dependa del terapeuta (o de la madre) ver una acusación en el mensaje o pasarla por alto si lo prefiere. Si el terapeuta acepta la acusación en la metáfora, entonces el paciente puede aceptar que su aseveración con respecto a Sam es metafórica. Si el terapeuta señala que ese relato no parece verdadero, para evitar así la acusación contenida en él, el paciente puede argüir que en realidad existió un hombre que se llamaba Sam. Como respuesta a la situación de doble vínculo, el uso de una aseveración metafórica proporciona seguridad; sin embardo, también impide que el paciente formule la acusación que desea hacer. Pero, en lugar de transmitir esa acusación en lugar de que se trata de una metáfora, el paciente esquizofrénico parece tratar de mostrar que es una metáfora haciéndola más fantástica. Si el terapeuta pasa por alto la acusación contenida en el relato sobre Sam, el esquizofrénico puede recurrir entonces a un cuento en el que viaja a Marte en un cohete espacial, con el propósito de hacer su acusación. La indicación de que se trata de una aseveración metafórica radica en el aspecto fantástico de la metáfora, no en las señales que habitualmente acompañan a las metáforas para informar al que escucha que se trata de una metáfora.
No sólo es más seguro para la víctima de un doble vínculo recurrir a un orden metafórico de mensaje, sino que, en una situación imposible, conviene cambiar y convertirse en otra persona, o bien cambiar e insistir en que se está en otra parte. El doble vínculo no puede entonces actuar sobre la víctima, porque no se trata de él y, además, está en otro lado. En otras palabras, las aseveraciones que muestran que un paciente está desorientado pueden interpretarse como maneras con que éste se defiende de la situación en que se encuentra. La patología aparece cuando la víctima misma no sabe que sus respuestas son metafóricas o no puede decir que lo son. Para reconocer que habla en términos metafóricos tendría que tomar conciencia de que se está defendiendo y que, por ende, teme a la ptra persona. Para él, tal toma de conciencia implicaría condenar a la otra persona y, en consecuencia, provocaría un desastre.
Si un individuo ha tenido toda su vida el tipo de relación de doble vínculo descripta aquí, su manera de relacionarse con la gente después de un derrumbe psicótico tendrá un patrón sistemático. En primer lugar, no compartirá con las personas normales las señales que acompañan a los mensajes para indicar lo que una persona quiere decir. Su sistema metacomunicativo - las comunicaciones sobre la comunicación - se habría desecho, y no sabría de qué clase de mensaje se trata. Si una persona le dijera: “¿Qué te gustaría hacer hoy?”, sería incapaz de juzgar acertadamente por el contexto o por el tono de voz o el gesto, si se lo condena por lo que ha hecho el día anterior, si se le hace una invitación sexual o simplemente qué se le quiere decir. Dada esta incapacidad para juzgar con precisión lo que una persona realmente quiere decir y dada la excesiva preocupación por lo que realmente se quiere decir, un individuo podría defenderse eligiendo entre varias alternativas. Por ejemplo, podría suponer que detrás de cada aseveración hay un significado oculto que amenaza su bienestar. Se preocuparía entonces excesivamente por los significados ocultos y estaría decidido a demostrar que es imposible engañarlo, como le ha ocurrido toda la vida. Si elige esta alternativa, se dedicará a buscar significados detrás de todo lo que la gente dice y de los acontecimientos casuales en el medio, y mostrará una típica conducta suspicaz y desafiante.
Podría elegir otra alternativa y aceptar literalmente todo lo que la gente le dice. Cuando el tono o el gesto o el contexto contradice lo que la gente manifiesta, podría establecer un patrón consistente en reírse de esas señales metacomunicativas. Renunciaría entonces a tratar de discriminar entre niveles de mensaje y trataría todos los mensajes como triviales o risibles.
Si no se vuelve suspicaz con respecto a los mensajes metacomunicativos ni trata de reírse de ellos, puede preferir pasarlos por alto. Para tal fin le resultaría necesario ver y oir cada vez menos lo que sucede a su alrededor y hacer lo posible por evitar respuestas por parte del medio. Trataría de apartar su interés del mundo externo y de concentrarse en sus propios procesos internos y, así, daría una impresión de retraimiento y mutismo.
Esto significa que si un individuo no sabe a qué clase de mensajes pertenece un mensaje puede defenderse de maneras que han sido descriptas como paranoide, hebefrénica o catatónica. Estas tres alternativas no son las únicas. Lo importante es que no puede elegir precisamente aquella alternativa que lo ayudaría a descubrir qué quiere decir la gente; no puede desentrañar sin ayuda externa los mensajes de otros. En tales condiciones, el ser humano se asemeja a cualquier sistema autocorrector que ha perdido su regulador y que gira en distorsiones inacabables, aun cuando siempre sistemáticas.

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1. En la actualidad estamos refinando nuestro concepto de castigo. Tenemos la impresión de que implica la experiencia perceptual bajo un aspecto que no está incluido en la noción de “trauma”.

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Fuente: http://www.esnips.com/doc/a471e7cf-b4c9-471d-b3b5-734cae2355e9/bateson_doble-vínculo

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