Septiembre del 2008

Psicología Cognitiva 1 / APRENDIZAJE Y DESARROLLO EN VYGOTSKY

Por feyerabend - 18 de Septiembre, 2008, 7:01, Categoría: General

 

APRENDIZAJE Y DESARROLLO EN VYGOTSKY

RICARDO ARTURO OSORIO ROJAS

PROFESOR

MAGISTER © EDUCACIÓN

El Contexto de la Psicología Cognitiva.

La psicología cognitiva se preocupa del estudio de procesos tales como lenguaje, percepción, memoria, razonamiento y resolución de problema. Ella concibe al sujeto como un procesador activo de los estímulos. Es este procesamiento, y no los estímulos en forma directa, lo que determina nuestro comportamiento.

Bajo esta perspectiva, para Jean Piaget, los niños construyen activamente su mundo al interactuar con él. Por lo anterior, este autor pone énfasis en el rol de la acción en el proceso de aprendizaje. La teoría del desarrollo cognitivo de Jean Piaget es una de las más importantes. Divide el desarrollo cognitivo en etapas caracterizadas por la posesión de estructuras lógicas cualitativamente diferentes, que dan cuenta de ciertas capacidades e imponen determinadas restricciones a los niños. Con todo, la noción piagetiana del desarrollo cognitivo en términos de estructuras lógicas progresivamente más complejas ha recibido múltiples críticas por parte de otros teóricos cognitivos, en especial de los teóricos provenientes de la corriente de procesamiento de la información.

Los teóricos del procesamiento de la información critican la teoría del desarrollo de Piaget, planteando que las etapas se diferencian no cualitativamente, sino por capacidades crecientes de procesamiento y memoria. Bruner, por ejemplo, rechaza explícitamente la noción de etapas desarrollistas, sin embargo, sostiene que diferentes modos de procesar y representar la información son enfatizados durante diferentes períodos de la vida del niño. Él plantea que, durante los primeros años, la función importante es la manipulación física: «saber es principalmente saber cómo hacer, y hay una mínima reflexión» (Bruner, 1966). Durante el segundo período que alcanza un punto más alto entre los 5 y 7 años, el énfasis se desvía hacia la reflexión y el individuo, se hace más capaz de representar aspectos internos del ambiente. Durante el tercer período, que coincide en general con la adolescencia, el pensamiento se hace cada vez más abstracto y dependiente del lenguaje. El individuo adquiere una habilidad para tratar tanto con proposiciones como con objetos. Es decir, según Bruner los seres humanos han desarrollado tres sistemas paralelos para procesar y representar información. Un sistema opera a través de la manipulación y la acción, otro a través de la organización perceptual y la imaginación y un tercero a través del instrumento simbólico. Y en distintos períodos del desarrollo, se le otorga distinto énfasis a diferentes modos de representación. En este sentido, para Jerome Bruner, el desarrollo intelectual se caracteriza por una creciente independencia de los estímulos externos; una creciente capacidad para comunicarse con otros y con el mundo mediante herramientas simbólicas y por una creciente capacidad para atender a varios estímulos al mismo tiempo y para atender a exigencias múltiples. El aprendizaje por descubrimiento es la capacidad de reorganizar los datos ya obtenidos de maneras novedosas, de manera que permitan insights o descubrimientos nuevos. Esto queda expresado en el principio de este autor: «Todo conocimiento real es aprendido por uno mismo». Bruner propone una teoría de la instrucción que considera cuatro aspectos fundamentales: la motivación a aprender, la estructura del conocimiento a aprender, la estructura o aprendizajes previos del individuo, y el refuerzo al aprendizaje.

Otros teóricos del procesamiento de la información describen el desarrollo cognitivo en términos de capacidades crecientes en procesos básicos tales como la memoria, la atención, el almacenamiento y la recuperación de la información.

Detrás de estas teorías está el Aprendizaje mecánico. Este se entiende como la incorporación de nueva información en la estructura cognoscitiva del que aprende sin que establezca ninguna relación con los conceptos (o proposiciones) ya existentes en ella, en cuyo caso, dicha información es almacenada de manera arbitraria sin que haya interacción con aquella.

A diferencia de lo anterior, David Ausubel propuso el término «Aprendizaje significativo» para designar el proceso a través del cual la información nueva se relaciona con un aspecto relevante de la estructura del conocimiento del individuo. A la estructura de conocimiento previo que recibe los nuevos conocimientos, Ausubel da el nombre de «concepto integrador». El aprendizaje significativo se produce por medio de un proceso llamado Asimilación. En este proceso, tanto la estructura que recibe el nuevo conocimiento, como este nuevo conocimiento en sí, resultan alterados, dando origen a una nueva estructura de conocimiento. Así, la organización del contenido programático permite aumentar la probabilidad de que se produzca un aprendizaje significativo. Para ello, se debe comenzar por conceptos básicos que permitan integrar los conceptos que vendrán en forma posterior.

Como se puede ver, las posturas mencionadas anteriormente se centran en describir las características de los sujetos en distintos períodos del desarrollo cognitivo, ya sea en términos de estructuras lógicas o bien de capacidades para procesar la información. Estos puntos de vista postulan una relación entre aprendizaje y desarrollo, donde es necesario conocer las características del individuo a una determinada edad, para adaptar el aprendizaje a ellas. Es decir, lo que el sujeto aprende estaría determinado por su nivel de desarrollo.

Aprendizaje y Desarrollo en Vygotsky.

"Los problemas con los que nos encontramos en el análisis psicológico de la enseñanza no pueden resolverse de modo correcto, ni siquiera formularse, sin situar la relación entre aprendizaje y desarrollo en niños de edad escolar". A partir de esta proposición, L.S. Vygotsky, psicólogo soviético, que trabajó hacia mediados de este siglo, propuso una aproximación completamente diferente frente a la relación existente entre aprendizaje y desarrollo, criticando la posición comúnmente aceptada, según la cual el aprendizaje debería equipararse al nivel evolutivo del niño para ser efectivo. Quienes sostienen esta posición consideran, por ejemplo, que la enseñanza de la lectura, escritura y aritmética debe iniciarse en una etapa determinada.

Para Vygotsky, "todas las concepciones corrientes de la relación entre desarrollo y aprendizaje en los niños pueden reducirse esencialmente a tres posiciones teóricas importantes. La primera de ellas se centra en la suposición de que los procesos del desarrollo del niño son independientes del aprendizaje. Este último se considera como un proceso puramente externo que no está complicado de modo activo en el desarrollo. Simplemente utiliza los logros del desarrollo en lugar de proporcionar un incentivo para modificar el curso del mismo...esta aproximación se basa en la premisa de que el aprendizaje va siempre a remolque del desarrollo, y que el desarrollo, avanza más rápido que el aprendizaje, se excluye la noción de que el aprendizaje pueda desempeñar un papel en el curso del desarrollo o maduración de aquellas funciones activadas a lo largo del aprendizaje. El desarrollo o maduración se considera como una condición previa del aprendizaje, pero nunca como un resultado del mismo"

 "La segunda posición teórica más importante es que el aprendizaje es desarrollo...el desarrollo se considera como el dominio de los reflejos condicionados; esto es, el proceso de aprendizaje está completa e inseparablemente unido al proceso desarrollo...el desarrollo como la elaboración y sustitución de las respuestas innatas...el desarrollo se reduce básicamente a la acumulación de todas las respuestas posibles. Cualquier respuesta adquirida se considera o bien un sustituto o una forma más compleja de la respuesta innata...aprendizaje y desarrollo coinciden en todos los puntos, del mismo modo que dos figuras geométricas idénticas coinciden cuando se superponen".

"La tercera posición teórica...según la cual el desarrollo se basa en dos pro esos inherentemente distintos pero relacionados entre sí, que se influyen mutuamente. Por un lado está la maduración, que depende directamente del desarrollo del sistema nervioso; por el otro, el aprendizaje, que, a su vez, es también un proceso evolutivo...el proceso de maduración prepara y posibilita un proceso específico de aprendizaje...el proceso de aprendizaje estimula y hace avanzar el proceso de maduración."

Sin embargo, observa Vygotsky, no podemos limitarnos simplemente a determinar los niveles evolutivos si queremos descubrir las relaciones reales del desarrollo con el aprendizaje.

El autor plantea una relación donde ambos se influyen mutuamente. Esta concepción se basa en el constructo teórico de Zona de Desarrollo Próximo propuesto por Vygotsky. En su teoría sobre la Zona de Desarrollo Próximo (ZDP), el autor postula la existencia de dos niveles evolutivos: un primer nivel lo denomina Nivel Evolutivo Real, "es decir, el nivel de desarrollo de las funciones mentales de un niño, que resulta de ciertos ciclos evolutivos llevados a cabo". Es el nivel generalmente investigado cuando se mide, mediante test, el nivel mental de los niños. Se parte del supuesto de que únicamente aquellas actividades que ellos pueden realizar por sí solos, son indicadores de las capacidades mentales.

El segundo nivel evolutivo se pone de manifiesto ante un problema que el niño no puede solucionar por sí solo, pero que es capaz de resolver con ayuda de un adulto o un compañero más capaz. Por ejemplo, si el maestro inicia la solución y el niño la completa, o si resuelve el problema en colaboración con otros compañeros. Esta conducta del niño no era considerada indicativa de su desarrollo mental. Ni siquiera los educadores más prestigiosos se plantearon la posibilidad de que aquello que los niños hacen con ayuda de otro, puede ser en cierto sentido, aún más significativo de su desarrollo mental que lo que pueden hacer por sí solos.

Un ejemplo presentado por Vygotsky es el siguiente: Se investiga a dos niños que entran a la escuela, ambos tienen diez años en edad cronológica y ocho, en términos de su desarrollo mental. ¿Se puede decir que tienen la misma edad mental? Por cierto que sí. Pero ¿qué significa esto? Significa que ambos son capaces de resolver por sí solos, tareas cuyo grado de dificultad está situado en el nivel correspondiente a los ocho años. Al detenerse en este punto, daría pie a suponer que el curso del desarrollo mental subsiguiente y del aprendizaje escolar, será el mismo para ambos niños, porque depende de su intelecto. Ambos niños parecen capaces de manejar, sin ayuda, un problema cuyo nivel se sitúa en los ocho años, pero no más allá de dicho límite. Si suponemos que se les muestra diversas maneras de tratar el problema. Distintos experimentadores emplearían distintos modos de demostración; unos realizarían rápidamente toda la demostración y pedirían a los niños que la repitieran; otros iniciarían la solución y pedirían a los pequeños que la terminaran; otros, les ofrecerían pistas. En un caso u otro, se insta a los niños a que resuelvan el problema con ayuda. Bajo tales circunstancias resulta que el primer niño es capaz de manejar el problema cuyo nivel se sitúa en los doce años, mientras que el segundo llega únicamente a los nueve años. Y ahora, ¿son estos niños mentalmente iguales?

La diferencia observada entre la edad mental (ocho años) y el nivel de desarrollo mental para aprender con ayuda, presentado por los dos niños (doce y nueve años), pone en evidencia que el curso futuro del aprendizaje variará, en ambos niños. Esta diferencia es lo que Vygotsky denomina Zona de Desarrollo Próximo, la cual consiste por tanto en "la distancia entre el Nivel Real de Desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el Nivel de Desarrollo Potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capaz".

El Nivel de Desarrollo Real caracteriza el desarrollo mental retrospectivamente, diciendo lo que el niño es ya capaz de hacer, es decir, "define funciones que ya han madurado", mientras que la «Zona de Desarrollo Próximo» caracteriza el desarrollo mental prospectivamente, en términos de lo que el niño está próximo a lograr, con una instrucción adecuada (Vygotsky, 1979). La ZDP "define aquellas funciones que todavía no han madurado, pero que se hallan en proceso de maduración, funciones que un mañana no lejano alcanzarán su madurez y que aún se encuentran en estado embrionario. Estas funciones, dice el autor, podrían denominarse «capullos» o «flores» del desarrollo, en lugar de «frutos» del desarrollo".

Esta instrucción adecuada da origen al carácter dialógico, dado por la mediación, del desarrollo cognitivo. La experiencia educativa supone la ayuda de otro sujeto (profesor, niño mayor, niño más capaz, etc.), es decir, el desarrollo humano ya no es dado sólo en la relación sujeto - objeto, sino que la relación está dada por una tríada: sujeto - mediador - objeto. Se trata entonces de una relación madiada, es decir, que hay un tercero mediador, que ayuda al proceso que está haciendo el sujeto (el valor no está en la intervención en sí, sino en la medida que esta ayuda). En esta relación dialógica, el otro permanece como otro externo y autónomo con relación al yo, y viceversa. No destruye al otro en cuanto otro. En este sentido, la relación dialógica propuesta es la intervención más válida para la educación.

Esta mediación social de la educación implica el uso de estrategias de aprendizaje centradas en el futuro del sujeto. Las estrategias educativas para el cambio del otro, en la lógica de la Edad mental, están centradas en el pasado del niño, en el nivel de desarrollo real. La estrategia ahora, en la perspectiva Vygotskyana, está basada en el futuro del niño, en la idea que intervenga en la Z.D.P., que ayude a recorrer el potencial por la mediación: "El niño puede ser, pero todavía no es". El profesor es un mediador de los conflictos socio - cognitivos.

Por lo anterior, el buen aprendizaje es el que se coloca delante del desarrollo. La relación entre aprendizaje y desarrollo se puede plantear en los siguientes términos: ¿Cómo hacer que los aprendizajes se transformen en procesos de desarrollo?. La educación no es un proceso que culmina con el aprendizaje; va más allá, considera los desarrollos. Los aprendizajes conducen a los procesos de desarrollo, el desarrollo va a remolque del aprendizaje. En otras palabras, el aprendizaje va delante del desarrollo: "La noción de una zona de desarrollo próximo nos ayuda a presentar una nueva formula, a saber, que el buen aprendizaje es sólo aquel que precede al desarrollo".

Pero, ¿Cómo delante?. Esto quiere decir lo siguiente: Lo suficientemente lejos del Nivel de Desarrollo Real para el salto, y lo suficientemente cerca para que salte. El buen aprendizaje es el que encaja con los procesos de desarrollo, para ello se requiere un buen diagnóstico de la Z.D.P. del sujeto, para que recorra y transforme el Nivel de Desarrollo Potencial en Nivel de Desarrollo Real. "El buen aprendizaje es que se coloca delante del desarrollo". La médula del quehacer educativo radicaría en hacer lo anterior.

Como se puede ver, la ZDP caracteriza de una nueva forma la relación entre aprendizaje y desarrollo. El aprendizaje ya no queda limitado por los logros del desarrollo entendido como maduración, pero tampoco ambos se identifican, planteando que aprendizaje y desarrollo son una y la misma cosa. Por el contrario, lo que hay entre ambos es una interacción, donde el aprendizaje potencia el desarrollo de ciertas funciones psicológicas. Así, la planificación de la instrucción no debe hacerse sólo para respetar las restricciones del desarrollo real del niño, sino también para sacar provecho de su desarrollo potencial, es decir, enfatizando aquello que se haya en su ZDP.

Lev Vygotsky destaca la importancia de la interacción social en el desarrollo cognitivo y postula una nueva relación entre desarrollo y aprendizaje. Para este autor, el desarrollo es gatillado por procesos que son en primer lugar aprendidos mediante la interacción social: "...el aprendizaje humano presupone una naturaleza social específica y un proceso, mediante el cual los niños acceden a la vida intelectual de aquellos que les rodean". De esta forma, toda función psicológica superior es en primer lugar externa y sólo posteriormente, externa. El aprendizaje constituye la base para el desarrollo y «arrastra» a éste, en lugar de ir a la zaga.

Consideraciones Finales

El estudio del desarrollo cognitivo representa un gran aporte a la educación, dado que permite conocer las capacidades y restricciones de los niños en cada edad; y por ende, graduar la instrucción a las capacidades cognitivas del alumno, haciendo más efectivo el proceso de aprendizaje. De este modo, dichos factores han conducido a que sea posible planear las situaciones de instrucción con mayor eficacia, tanto en cuanto a la organización de los contenidos programáticos como en cuanto a tomar en cuenta las características del sujeto que aprende.

La psicología cognitiva da al estudiante un rol activo en el proceso de aprendizaje. Gracias a esto, procesos tales como la motivación, la atención y el conocimiento previo del sujeto pueden ser manipulados para lograr un aprendizaje más exitoso. Además, al otorgar al estudiante un rol más importante, se logró desviar la atención desde el aprendizaje memorístico y mecánico, hacia el significado de los aprendizajes para el sujeto, y la forma en que éste los entiende y estructura.

La psicología cognitiva aplicada a la educación se ha preocupado principalmente de los procesos de aprendizaje que tienen lugar en cualquier situación de instrucción, incluida la sala de clases. Sin embargo, la psicología educacional aplicada a la sala de clases debe ocuparse además de factores tales como los procesos emocionales y sociales que tienen lugar en la escuela. Así, a la hora de analizar los procesos que ocurren en la sala de clases, es importante complementar los enfoques cognitivos con otros que permitan tener una visión integral del alumno en situación escolar.

Con todo, el enfoque Vygotskyano, tiene la ventaja, sobre el enfoque de estructuras lógicas progresivamente más complejas, de permitir establecer parámetros mucho más claros para la intervención educativa. Así lo podemos concluir de las afirmaciones del mismo Vygotsky: "En resumen, el rasgo esencial de nuestra hipótesis es la noción de que los procesos evolutivos no coinciden con los procesos del aprendizaje. Por el contrario, el proceso evolutivo va a remolque del proceso de aprendizaje, esta secuencia es lo que se convierte en la zona de desarrollo próximo. Nuestro análisis altera la tradicional opinión de que, en el momento en que el niño asimila el significado de una palabra, o domina una operación como puede ser la suma o el lenguaje escrito, sus procesos evolutivos se han realizado por completo. De hecho, tan sólo han comenzado. La principal consecuencia que se desprende del análisis del proceso educacional según este método es el demostrar que el dominio inicial, por ejemplo, de las cuatro operaciones básicas de aritmética proporciona la base para el subsiguiente desarrollo de una serie de procesos internos sumamente complejos en el pensamiento del niño...Nuestra hipótesis establece la unidad, no la identidad, de los procesos de desarrollo interno. Ello presupone que los unos se convierten en los otros. Por este motivo, el mostrar cómo se internalizan el conocimiento externo y las aptitudes de los niños se convierte en un punto primordial de la investigación psicológica".

BIBLIOGRAFÍA

    • Vygotsky, L. El Desarrollo de los Procesos Psicológicos Superiores. Cap. 6.: Interacción entre Aprendizaje y Desarrollo. Ed. Grijalbo. México. 1988.
    • AA.VV. Manual de Psicología Educacional. Facultad de Ciencias Sociales. Ediciones U.C.CH. Santiago. 1997.
    • AA.VV. Diccionario de Ciencias de la Educación. Ediciones Paulinas. Madrid. 1990.

Paul Goodman

Por feyerabend - 17 de Septiembre, 2008, 9:57, Categoría: General

Paul Goodman
(1911 - 1972)

Co-fundador de la Terapia Gestalt
Carmen Vázquez Bandín

La Terapia Gestalt nació a mediados del siglo XX. Entre sus creadores, Paul Goodman fue el principal responsable de formular la teoría gestáltica, de ponerla en palabras. En esa época, Goodman todavía no era terapeuta sino escritor, la especie que, según Freud, producía los mejores psicoanalistas. De hecho, eso le convirtió en el hombre indicado para escribir "Terapia Gestalt", el texto fundamental del movimiento. Pero es poco probable que, quien conozca el nombre de Goodman, lo recuerde como terapeuta o escritor, sino más bien como el crítico social cuya defensa de los jóvenes descontentos en "Growing Up Absurd", empezó las luchas intergeneracionales de los años 60, y cuya crítica al "Sistema Organizado" fue adoptada por los políticos de la Nueva Izquierda.

Paul Goodman nació en 1911, fue un niño pobre judío que creció en Manhattan. Su padre era anticuario y los tres primeros hijos fueron criados con holgura ya que, la pobreza de la familia, en el momento del nacimiento de Paul, se debía a que su padre se había fugado a Buenos Aires con una amante, dejando a su esposa sólo algunos muebles valiosos para empeñar. La madre de Paul se puso a trabajar y sus tres hermanas se turnaban para cuidar a sus hermanos.

Para Paul Goodman, haber "nacido sin padre" fue la gran circunstancia formativa de su vida.

Cuando Paul empezó a ir a la escuela, se había convertido en hijo único ya que uno de sus hermanos había muerto, y los otros, siete y diez años mayores que él, ya eran adultos.

Cuando tenía 7 años, su hermana mayor ya atesoraba sus primeros poemas. Siempre obtuvo las mejores notas en su curso. Recibió la mejor educación gratuita del mundo, primero en la escuela básica "modelo" anexa a la escuela normal superior, después en la escuela primaria pública de Manhattan, Townsend Harris Hall, y finalmente en el City College de Nueva York.

Ya graduado de la universidad, Goodman estaba enamorado de la vida y del saber.

Después de varios trabajos esporádicos, Goodman pensaba a través de la filosofía de la educación, ideas que aparecerán más tarde en su práctica psicoterapéutica. En 1936, la carrera docente de Goodman dio un vuelco cuando Richard McKeon, quien había dejado Columbia, por un decanato en la Universidad de Chicago, lo invitó a trabajar con él. Aquí se enamoró de su primera esposa, un nuevo centro en torno al cual girar. Al cabo de tres años en el Medio Oeste, nació su hija, Susan. Pero en 1939, debido a sus correrías sexuales en el campus se le "invitó" a dejar la universidad, cosa que aprovechó para volver a Manhattan, por la que aún sentía nostalgia. No había dejado de escribir poemas, cuentos y obras de teatro, mientras presentaba informes y memorizaba textos; ahora, mientras hacia su tesis, comenzó una novela "The Empire of City".

A principios de 1942, Paul Goodman sorprendió a todos formando un nuevo hogar con una joven a quien había cortejado en medio de sus agitados amores con los "chicos" del curso del que era profesor, Sally Ducksten, que tenía poco más de 20 años, era secretaria en la escuela, huérfana de padre y había sido educada en internados católicos. Aunque no bohemia como su primera esposa, Sally, era una mujer independiente y con un férreo sentido de la moral y de la justicia. En marzo de 1945 se mudaron, con Susan, a un apartamento en Manhattan.

Cuando Goodman tenía 35 años, estaba en la cima de sus facultades creativas, respaldado por una obra prolífica ya consolidada. El nacimiento de su hijo Mathew, fue un acontecimiento crucial.

El interés de Goodman en la psicoterapia empezó en su adolescencia, con sus ganas de aprender. Leyó a Freud y a sus seguidores, a Aristóteles, Kant, Kropotkin y Dewey. Fue paciente de Reich, Lowen y sus novelas fueron cada vez más psicológicas ("Parents’ Day", "Don Juan", "The Dead of Spring").

A principios de 1950 conoció a Frederich S. Perls, psiquiatra alemán, que acababa de llegar a Nueva York, después de haber vivido unos años en Sudáfrica, huyendo de los nazis. Perls quería escribir hacer un libro con unas notas que había traído de Sudáfrica y consciente de su poca capacidad para la escritura (ya había escrito "Yo, Hambre y Agresión", sin mucho éxito) había puesto los ojos en el intelectual Paul Goodman. Perls y Goodman estaban de acuerdo en muchas deficiencias del método psicoanalítico; esto y la necesidad de dinero que tenía Goodman, le hizo aceptar el encargo de escribir el libro de Perls. Así nació una colaboración que cada vez era más tormentosa pues ambos tenían una personalidad fuerte y a ambos les costaba ceder en sus ideas. Laura, la mujer de Perls, solía poner paz aunque no por mucho tiempo. No obstante, el contacto entre ellos era fructífero. El anarquismo de Goodman hacía la diferencia. Fruto de esta colaboración surgió el libro "Terapia Gestalt: Excitación y Crecimiento de la personalidad humana", donde se sentaban las bases de una nueva forma de terapia, la Terapia Gestalt.

Después de este libro, Goodman y Perls no volvieron a verse. Paul siguió frecuentando a Laura Perls y a un grupo de personas que empezaban a sistematizar este tipo de terapia. Participó en varios grupos de formación, se dedicó a hacer terapia durante algunos años pero, finalmente, a raíz de un cambio en las condiciones legales para ejercer la psicoterapia, Goodman volvió a la pedagogía y siguió su trayectoria de escritor hasta que, en los años 60 consiguió saltar a la fama en los movimientos de protesta estudiantiles y continuó siendo famoso hasta que murió, de un ataque al corazón, el 2 de agosto de 1972, recién cumplidos los sesenta y un años. La muerte de su hijo Mathew, en 1967 le afectó de tal manera que nunca se recuperó de ella.

Podríamos resumir diciendo que, a los 40 años, Goodman era un "muchacho", que se negaba a renunciar a las prerrogativas de la juventud, y continuaba desabrochado y despeinado como si tuviera ocho años. Y que después de dedicarse un rato, cada mañana, a escribir, deambulaba por las calles de Manhattan como un moderno Walt Whitman, paseando a lo largo del Hudson y merodeando por lo bares, jugando al balonmano en las paredes de ladrillo de los almacenes o en los patios de recreo que las escuelas locales.

Texto: Carmen Vázquez Bandin

Bibliografía en español:

GOODMAN; Paul: Problemas de la Juventud en la Sociedad Organizada, Ed. ED, 1975

GOODMAN, Paul: La Comunidad de los Estudiantes, Ed. Proyección, B. Aires, 1970.

GOODMAN, Paul: La nueva reforma, Ed. Kairós, Barcelona, 1976.

GOODMAN, Paul, PERLS, F.S. y HEFFERLINE, R.F.: Terapia Gestalt: Excitación y Crecimiento de la Personalidad Humana, Ed. Los Libros del CTP, Madrid, 2002.

GOODMAN, Paul: Los bloqueos del escritor (artículo) en Documentos del CTP nº 135, Centro de Terapia y Psicología, Madrid, 1999.

Obras sobre Paul Goodman en español

- STOEHR, Taylor: Aquí, ahora y lo siguiente: la terapia gestalt en tiempos de crisis mundial. Ed. Cuatro Vientos, S. de Chile, 1999

EL PSICOANÁLISIS HUMANISTA DE ERICH FROMM

Por feyerabend - 17 de Septiembre, 2008, 6:10, Categoría: General

EL PSICOANÁLISIS HUMANISTA DE ERICH FROMM

José Luis Lobo Bustamante.

Centro de Estudios y Aplicación del Psicoanálisis  

La literatura psicoanalítica, al tratar de las diversas escuelas de Psicoanálisis, suele encuadrar a Fromm dentro de la corriente Culturalista con Karen Horney y Harry Stack Sullivan.

Esta tendencia culturalista subraya la importancia de los factores culturales en la génesis y formación del carácter y las neurosis. En este sentido Fromm participa de dicho planteamiento. Pero sería estrechar o reducir el pensamiento de Formm a una sola de sus manifestaciones, por importante que ésta sea, encasillarle sin más, en la línea culturalista.

El pensamiento de Fromm desborda esta clasificación. Por otro parte él prefirió llamar a su orientación psicoanalítica Psicoanálisis Humanista. Y, en efecto, el psicoanálisis frommiano se inserta en una amplia concepción del hombre, de corte humanístico.

Freud y Fromm

Fromm parte de Freud y admite sus descubrimientos fundamentales: el inconsciente, la represión y los mecanismos de defensa, la transferencia y contratransferencia, los sueños como expresión más directa aunque generalmente todavía enmascarada de las temáticas inconscientes, la importancia de la niñez en la etiología de los problemas psicológicos, etc.

Por otra parte, Fromm ha actualizado y potenciado el psicoanálisis realizando no sólo una lúcida crítica de los presupuestos ideológicos freudianos sino aportando también una serie de contribuciones en el terreno de la teoría psicoanalítica.

La concepción del hombre biológico mecanicista de la que parte Freud, propia de finales del pasado siglo, es ampliamente rebasada por Fromm con su visión del hombre biológico-social. Como consecuencia lógica se ponen en custionamiento varios aspectos de la teoría freudiana como la concepción del inconsciente como exclusivamente patológico, la teoría de la libido, las fases de evolución de la libido en cuanto a etiología de las neurosis, la existencia de un instinto de muerte, la concepción del amor y la mujer, etc.

Fromm se sitúa más en la línea de la psicología del yo que intenta reaccionar frente a un cultivo exclusivo de la psicología del Ello, subrayando, por otro lado, la gran importancia, en la génesis de los problemas psíquicos, de las relaciones interpersonales patógenas, sobre todo en la infancia.

Por decirlo de algún modo, la neurosis es un problema de dos. En el fondo de las grandes líneas psicopatológicas que Fromm describe ampliamente como el Narcisismo, la fijación incestuosa, la destructividad y necrofilia, está siempre la trama de las relaciones interpersonales del niño con las figuras significativas de su infancia.

Las necesidades específicamente humanas expuestas por Fromm de relación con los semejantes, de raigambre, de efectividad, de identidad y sentido desplazan a la omnipresente libido situando a la sexualidad en su lugar de importancia.

Sintetizando, las relaciones interpersonales sustituyen a la teoría de la evolución de la libido en el plano etiológico; las necesidades específicamente humanas a la libido en el plano motivacional; las grandes líneas psicopatológicas del narcisismo, la fijación incestuosa y la destructividad-necrofilia a los cuadros más diversificados y menos profundos de la clínica convencional en el plano nosológico; una concepción del hombre profunda y radicalmente humanista, en definitiva, a la biológico mecanicista antes citada.

El Humanismo de Fromm

Es esta concepción del hombre la que impregna el pensamiento frommiano y consecuentemente su orientación psicoanalítica en sus línea teóricas y sus traducciones técnicas. Entre las características del humanismo frommiano podemos destacar las siguientes:

- El hombre como centro y meta de toda actividad humana. Exclusión, por tanto, de toda supeditación o subordinación a metas o poderes ajenos al hombre. Es un antropocentismo radical. Cualquier concepción o realidad, ya sea personal o social, que pretenda imponer un sistema ajeno al ser humano será denunciada por Fromm como un autoritarismo violador de la dignidad del hombre. Este, por otra parte, no tiene que abandonar su libertad, su responsabilidad, su ser, en definitiva, supeditándose a poderes extraños por comodidad, anhelo de protección o seguridad o por otras necesidades infantiles: no debe idolatrar o idolizar. Sería una enajenación.

Veamos algunas facetas más concretas de esta línea de pensamientos:

- En el plano sociocultural el máximo criterio para Fromm no es la adaptación o ajuste social a ultranza sino la integridad del individuo.

- En el terrero político y económico su oposición a cualquier proyecto totalitario que subordine la persona al sistema, al estado u otros fines que no sea ella misma.

- En las relaciones interpersonales y familiares sus penetrantes análisis de las relaciones simbióticas sadomasoquistas evidencian su preocupación por la integridad y desarrollo de la persona.

- En los aspectos éticos y religiosos la descalificación de la moral heterónoma como falsa moral, y, dentro del respeto a las diversas creencias religiosas, su crítica a toda práctica (interna y externa) de corte autoritario o sadomasoquista en sentido psíquico.

- Siendo el desarrollo del hombre la meta primordial, hay que complementar esta idea con el importante matiz de la integridad. Es el desarrollo integral del hombre en todas sus facetas y potencialidades: sensoriales, emocionales, intelectuales, activas y productivas (creativas). Que el hombre llega a ser plenamente en espontaneidad y libertad.

- El hombre como ser activo, autor de su propia realización. Que pone en acción sus facultades de modo que, desarrollándolas, se va realizando a sí mismo. Es lo que Fromm llamará productividad o carácter productivo, creativo.

- El hombre como ser esencialmente abierto al mundo y a sus semejantes. La realización plena del individuo sólo se armoniza sino que halla su mejor expresión en la unión productiva con el mundo y los otros en términos de amor.

- El hombre posee en el camino de su propia realización como ser humano, un órgano orientativo, detector e impulsor de su desarrollo: la conciencia humanista, que es la resonancia de nuestra personalidad total a su funcionamiento correcto o incorrecto. Es la reacción de nosotros ante nosotros mismos que actúa para que evolucionemos en plenitud y armonía para que lleguemos a ser lo que somos potencialmente. No es la voz interiorizada de ningu-na autoridad (padres, educadores, etc.) a la cual estaríamos ansiosos de contentar y temerosos de contrariar. Es nuestra propia voz, la voz de nuestro amoroso cuidado por nosotros mismos. Su meta es el desarrollo integrar y la felicidad.

- Cuando el hombre abandona, descuida o lateraliza su realización, cuando dimite de sí mismo o se traiciona continuamente, el hombre enferma psíquicamente, se enajena de sí mismo y hasta enloquece. La resonancia de nuestra personalidad total ente nosotros mismos puede debilitarse en la medida en que somos más indiferentes y destructivos con nosotros mismos. O puede reprimirse también, es decir, ser expulsada del campo de la conciencia.

Tiene entonces manifestaciones indirectas, desde un vago sentimiento de culpa o una sensación de incomodidad poco específica o un sentimiento de desinterés, cansancio o fatiga hasta temores y miedos más específicos como el pánico a la muerte o a envejecer. Morir siempre es amargo, pero morir sin haber vivido es insoportable. Son temores muchas veces procedentes de no haber sabido vivir, de no ser nosotros mismos, de no haber vivido productivamente.

También el temor excesivo a la desaprobación tiene con frecuencia este origen: se necesita la aprobación de los demás porque uno no puede aprobarse a sí mismo. Es la expresión de una culpabilidad, la de no ser uno mismo, que aunque inconsciente, todo lo invade.

Psicoanálisis Humanista

Fruto de esta concepción humanista son una serie de consecuencias, tanto teóricas como prácticas, que tienen gran incidencia en el campo de la psicopatología y el psicoanálisis. La impronta humanista se traduce en una serie de características que van desde la misma concepción de la enfermedad mental hasta la actitud del psicoanalista y la técnica que éste emplee. Entre dichas características podríamos destacar las siguientes.

1. El concepto de enfermedad mental entendido como enajenación de si mismo. Como un camino de no realización propia, en el grado que fuere. Como una actitud, de facto, obstaculizante y hasta destructiva hacia unos mismo, por motivos generalmente inconscientes. Y su correlato, la salud mental entendida como la posibilidad, sin trabas psicológicas internas, de desarrollo de todas las potencialidades del propio ser.

2. La meta de la curación, por ello, sería el encuentro de la persona consigo misma. El desarrollo del conocimiento propio, del respeto y la responsabilidad hacia sí mismo, del amoroso cuidado por el propio desarrollo.

3. Un respeto fundamental por parte del analista hacia el paciente, basado en todo lo expuesto anteriormente.

4. El tener muy en cuenta no sólo los aspectos condicionantes y negativos, propios de la enfermedad, sino también y de manera especial las cualidades y aspectos positivos de la persona. Es importante tanto en lo referente al diagnóstico y pronóstico cuanto para la misma técnica terapéutica.

5. Un psicoanálisis no por principio adaptativo a la realidad social, sino que mantiene la primacía de la integridad de la persona, conservando una visión crítica de los aspectos enajenantes y enfermos de la sociedad.

6. Un psicoanálisis abierto a los datos y descubrimientos de las demás ciencias del hombre para entender mejor y posibilitar una ayuda más eficaz a ese hombre que, no sólo ha vivido en una familia, sino que está inserto en una cultura determinada, bajo unas condiciones económicas, políticas y de relación específicas, en unas coordenadas sociales determinadas. Un psicoanálisis, por tanto, no reduccionista que le aplique al hombre una sola óptica. En otras palabras, un psicoanálisis no dogmático.

7. Un psicoanálisis no enigmático o arcano, parapetado tras una fraseología y un vocabulario exclusivista como elemento de prestigio y poder, pero incompresible para el resto. Sino un psicoanálisis que utilice un vocabulario comprensible, transparente y claro, común con el hombre al que pretende servir de ayuda y con quien pretende comu-nicarse.

8. Un psicoanálisis que da más importancia a la calidad de la relación humana entre analista y analizado sin que esto signifique un descuido y, menos aún, una minusvaloración de los aspectos técnicos.

9. Una actividad del analista más real, mas viva, más participante, menos envarada y defensiva en orden a permitir una mejor comunicación y empatía con el analizado. Que permita una comunicación de "centro a centro" como lo expresaba el mismo Fromm.

10. Un psicoanálisis más radical que pretenda llegar hasta las zonas más lejanas y oscuras del inconsciente y no se pare exclusivamente, por ejemplo, en los aspectos edípicos.

Leyes de la Gestalt

Por feyerabend - 14 de Septiembre, 2008, 21:17, Categoría: General

Los elementos son organizados en figuras lo más simétricas, regulares y estables que sea posible. 

Leyes de la Gestalt

Por:  Lic. Guillermo Leone

      Las leyes de la percepción fueron enunciadas por los psicólogos de la gestalt,(Max Wertheimer, Wolfgang Köhler y Kurt Koffka); quienes en un laboratorio de psicología experimental observaron que el cerebro humano organiza las percepciones como totalidades (Gestalts) de acuerdo con ciertas leyes a las que denominaron "leyes de la percepción". Estas leyes enuncian principios generales, presentes en cada acto perceptivo demostrando que el cerebro hace la mejor organización posible de los elementos que percibe, y asimismo explican cómo se configura esa "mejor organización posible"  a través de varios principios: Las leyes de la gestalt. Posteriormente estas leyes y la mirada, ya no de una percepción en un momento sino del universo cognoscible como una totalidad, fueron tomadas por diversas disciplinas en ámbitos tan diversos como la comunicación, la arquitectura, la sociología, la psicología social, la ecología, y otras. La, en su momento cuestionada, frase de Kohler El todo es diferente de la suma de las partes” sintetiza lo sostenido por los experimentalistas acerca de que percibimos totalidades y que cada parte pierde el valor que tiene en el contexto y  posiblemente sus cualidades al ser retirada del mismo. No es difícil si pensamos, por ejemplo, que el filamento de una lámpara incandescente perdería sus atributos y su finalidad si es retirado de la misma.  Esta idea de mirar el mundo a través de la óptica de las totalidades, configuraciones complejas o gestalts no es original de la psicología de la gestalt, sino que muchas civilizaciones antiguas veían a la naturaleza como un todo vivo en el que cada elemento estaba relacionado con los demás de una manera decisiva para el todo y para sus componentes. Esto será retomado por Kurt Lewin, quien estudiara las dinámicas presentes entre los componentes de un campo, en su teoría del campo y aplicará estos conceptos originalmente de topoloigía a los grupos humanos. Y posteriormente surgirá la Teoría general de los sistemas que irá un poco más allá y la idea continuará evolucionando al abrigo del paradigma actual del pensamiento complejo que hoy día estas ideas nos permiten manejar conceptos como el de ecosistema, donde un pequeño acto puede alterar dramáticamente un sistema completo (ej. teoría del caos: evento de la mariposa).

     En un principio las leyes de la percepción fueron aplicadas mayormente a lo visual, aunque Köhler habla en su libro "psicología de la forma" de las gestalts usando el ejemplo de acordes musicales. La configuración de las percepciones auditivas  por tanto también responde a las mismas leyes y posiblemente sean aplicables a otras vías de percepción. Estas enunciaciones fueron fundamentales para desentrañar el funcionamiento de la psique, partiendo de la base de que la percepción es la vía de adquisición del conocimiento del mundo y por lo tanto determinante en el posterior desenvolvimiento y configuración de la psique. Cómo percibimos sienta las bases y signa definitivamente cómo pensamos, ya que lo primero que se nos presenta es la percepción y el primer desafío es interpretar esa percepción. Para hacer esta interpretación habrá personas que continuamente nos estén explicando qué significa eso que percibimos, organicen para nosotros ese "caos" y lo aclaren, ayudandonos a discriminar, nominándolo, estableciendo jerarquías e interrelaciones entre el mundo conocido y cada nuevo concepto. Definir, jerarquizar y convalidar ó disconfirmar las percepciones tanto las propias (autopercepciones) como las de lo externo es un arduo trabajo que sin duda da cuenta de la relación que vamos estableciendo con el ambiente. Nos enseñan -como dice Castaneda-, una "descripción del mundo" que pasa a ser la interpretación válida de nuestro mundo y sienta las bases de lo que llamaremos "la realidad". Conforme crecemos, las percepciones se convierten en totalidades cada vez más complejas, a las que se incorporan elementos tanto externos como internos, dando lugar al pensamiento de un adulto. Esto contituye -volviendo a Castaneda- el diálogo interno que sostenemos permanentemente con nosotros mismos que describe todo lo que existe para nosotros, incluidos nosotros mismos. El modo único en que cada uno organiza sus percepciones determinará de algún modo cómo organizará de adulto sus pensamientos y por lo tanto su experiencia de la realidad. Por eso este es el punto de partida, porque una percepción caótica implicará caos en las representaciones de lo percibido y en los procesos de pensamiento. 

      Por ultimo las leyes de la gestalt no actúan de modo independiente, aunque se las enuncie por separado; actúan simultáneamente y se influencian mutuamente creando resultados, en ocasiones difíciles de prever, estas leyes se ajustan también a las variables tiempo y espacio (variables subjetivas) y como sucede con las personas que se entrenan para captar el arte abstracto, son sensibles al aprendizaje.

 

LEYES GENERALES

LEY  Ej. en Percepción Influencia en lo psiquico: 
Ley general de la figura y fondo

Figura, es un elemento que existe en un espacio o “campo” destacándose en su interrelación con otros elementos. 

Fondo: Todo aquello que no es figura, es la parte del campo que contiene elementos interrelacionados que sostienen a la figura que por su contraste tienden a desaparecer.

 

La percepción se efectúa en forma de "recortes"; percibimos zonas del campo perceptual en las que centramos la atención y a las que llamamos "figura" y zonas circundantes que quedan justamente en un plano de menor jerarquía a la que denominamos "fondo". Este fenómeno tiene que ver con la anatomía del ojo, cuya  retina en su zona central posee  una mayor cantidad de receptores que en la zona periférica lo que ofrece una zona de mayor definición. de la misma forma funciona la conciencia, con un foco al que llamamos "figura". El conjunto figura-fondo constituye una totalidad o gestalt. Esto significa que no existe figura sin un fondo que la sustente (aunque el fondo justamente esté constituido por un espacio vacío. Según el lugar donde posemos la atención pueden emerger diferentes figuras desde lo que antes era fondo. Por ejemplo, en una obra teatral podemos mirar a la primera actriz y hacer figura en toda ella, o en un detalle de su traje, pero también podemos al instante siguiente cambiar a un detalle del decorado que será a nueva figura y la primera actriz pasará a ser parte del fondo. En ocasiones el conjunto está compuesto por estímulos de igual intensidad como es el caso de los perfiles y el cáliz que vemos a la izquierda, y en ocasiones los campos difusos e inestructurados o cambiantes dificultan la posibilidad de aislar y percibir una figura, es decir de diferenciar figura-fondo. Esto muchas veces nos sucede frente a situaciones en las que no podemos hacer figura y aislar un componente porque varios de ellos se nos imponen o ninguno. La percepción de campos inestructurados o difusos  provoca un efecto desestructurante sobre la psiquis, confunde. Como sucede con las obras de arte abstracto, siempre intentamos darle un ordenamiento y una interpretación conforme a la propia experiencia. En esta característica se basan los psicodiagnósticos como el Rorschach.  

La percepción subliminal sería la percepción de aquella parte del fondo que nunca llega a hacerse figura, por lo tanto no es susceptible de atención. Sin embargo el fondo sostiene a la figura, por lo tanto los elementos del fondo están presentes en la percepción aunque nunca emerjan como figura.  Esto puede observarse en las ultimas dos láminas, en las que la figura puede ser el quijote o los ancianos, sin embargo hay rostros ocultos en la composición que si no se hacen figura de todos modos serán percibidos subliminalmente.

La percepción se efectúa en forma de "recortes"; percibimos zonas del campo perceptual en las que centramos la atención y a las que llamamos "figura" y zonas circundantes que quedan justamente en un plano de menor jerarquía a la que denominamos "fondo". Este fenómeno tiene que ver con la anatomía del ojo, cuya  retina en su zona central posee  una mayor cantidad de receptores que en la zona periférica lo que ofrece una zona de mayor definición. de la misma forma funciona la conciencia, con un foco al que llamamos "figura". El conjunto figura-fondo constituye una totalidad o gestalt. Esto significa que no existe figura sin un fondo que la sustente (aunque el fondo justamente esté constituido por un espacio vacío. Según el lugar donde posemos la atención pueden emerger diferentes figuras desde lo que antes era fondo. Por ejemplo, en una obra teatral podemos mirar a la primera actriz y hacer figura en toda ella, o en un detalle de su traje, pero también podemos al instante siguiente cambiar a un detalle del decorado que será a nueva figura y la primera actriz pasará a ser parte del fondo. En ocasiones el conjunto está compuesto por estímulos de igual intensidad como es el caso de los perfiles y el cáliz que vemos a la izquierda, y en ocasiones los campos difusos e inestructurados o cambiantes dificultan la posibilidad de aislar y percibir una figura, es decir de diferenciar figura-fondo. Esto muchas veces nos sucede frente a situaciones en las que no podemos hacer figura y aislar un componente porque varios de ellos se nos imponen o ninguno. La percepción de campos inestructurados o difusos  provoca un efecto desestructurante sobre la psiquis, confunde. Como sucede con las obras de arte abstracto, siempre intentamos darle un ordenamiento y una interpretación conforme a la propia experiencia. En esta característica se basan los psicodiagnósticos como el Rorschach.  

La percepción subliminal sería la percepción de aquella parte del fondo que nunca llega a hacerse figura, por lo tanto no es susceptible de atención. Sin embargo el fondo sostiene a la figura, por lo tanto los elementos del fondo están presentes en la percepción aunque nunca emerjan como figura.  Esto puede observarse en las ultimas dos láminas, en las que la figura puede ser el quijote o los ancianos, sin embargo hay rostros ocultos en la composición que si no se hacen figura de todos modos serán percibidos subliminalmente.

Ley general de la buena forma (simplicity) (organización)

 

Los elementos son organizados en figuras lo más simétricas, regulares y estables que sea posible. 

La ley de la buena forma se basa en la observación de que el cerebro intenta organizar los elementos percibidos de la mejor forma posible, esto incluye el sentido de perspectiva, volumen,  profundidad etc. El cerebro prefiere las formas integradas, completas y estables. Esta ley de alguna manera involucra a otras leyes, ya que el cerebro prefiere también  formas cerradas y /o continuas o simétricas (ley del cierre; ley de la continuidad), con buen contraste (figura- fondo) es decir, definidas. 

Esta ley se expresa en un nivel del pensamiento cuando rechazamos algo o alguien inacabado o defectuoso. Hay personas que al ver una casa la imaginan con todas las mejoras que harían y otras solo ven "lo que se ve". Cada uno tiene una tendencia a la búsqueda de buenas formas en lo que percibe, 

A veces intentamos definir aquello que no está definido, poner rótulos, y/o encasillar es una forma de intentar dar una forma acabada a algo que no la tiene; porque lo difuso o ambiguo transmite la sensación de es desconocido y esto despierta cierta inquietud y/o malestar al ser percibido como un campo difuso, donde no hay figuras claras. Como ver un plato entero, y verlo roto en pedazos, muchas veces el primer impulso al levantar los trozos  es unirlos para recobrar la percepción del todo, la buena forma. En las figuras de al lado la percepción intenta resolverlas en cosas conocidas como un elefante o unas columnas aunque no lo son. Así en la última figura por ejemplo solo tiene sentido si miramos una parte de la figura, la inferior o la superior, pero cuando intentamos organizarla como un "todo" entonces aparece la dificultad.

LEYES  PARTICULARES

Ley del cierre o de la completud: Las formas cerradas y acabadas son más estables visualmente, lo que hace que tendamos a "cerrar" y a completar con la imaginación  las formas percibidas buscando la mejor organización posible.

Las formas abiertas o inconclusas provocan incomodidad y existe una tendencia a completar con la imaginación aquello que falta. En esto se basan algunos funcionamientos psíquicos, por ejemplo cuando con algunos indicios saco una conclusión aunque no haya percibido la totalidad de los detalles de la situación. Percibo por ejemplo un triángulo, aunque de hecho no esté allí. La ley de cierre asimismo nos mueve a que, cuando una persona se interrumpe, intentemos concluir su frase. Por ejemplo: "si ahora yo... "      Esta frase deja la sensación de que algo falta y el deseo de saber qué sigue, se trata de la ley de cierre expresada en el ámbito psíquico, a veces cobra la forma del prejuicio (un completamiento imaginario que requiere desinformación). Lo mismo ocurre al oír una melodía que no resuelve. Las formas abiertas invitan a ser cerradas, por eso quedan mucho más presentes los finales abiertos.

ALLPORT y POSTMAN (1947) en su estudio sobre el rumor lo definen como algo inacabado, difuso o ambiguo y el proceso de rumor es un proceso en que se busca según ellos una mejor "gestalt" algo más significativo, más completo coherente y con más significado como respuesta a una situación confusa, y dentro de ese proceso se van ensamblando hipótesis que develen o completen lo que falta.

Ley del contraste:

La posición relativa de los diferentes elementos  incide sobre la atribución de cualidades (como ser el tamaño) de los mismos.

 

En el terreno de lo psíquico esta ley de la percepción se utiliza para hacer comparaciones entre diferentes situaciones y contextos. En este sentido aunque los valores absolutos (medidas)  se mantienen, el explorar los valores relativos puede hacer que una situación cobre un valor diferente al modificar lo puntos de referencia. En la terapia sistémica el recurso llamado  "reframing" responde a la ley de contraste. Si por ej. la pérdida del trabajo, se compara con otras situaciones menos importantes, por (perder el tren, olvidar hacer un llamado), entonces cobra una relevancia casi dramática, y si, en cambio, se la compara con situaciones más graves como perder la salud, o perder a un ser querido, entonces no parece tan grave. El concepto de "relativizar"  comparar con situaciones peores, funciona en base a la ley del contraste. 

Otro ejemplo podría verse en personas que, teniendo una pobre autovaloración, necesitan rodearse de personas que perciban como  inferiores en algún aspecto para, por contraste, sentirse más importantes. 

La ley de la buena forma se basa en la observación de que el cerebro intenta organizar los elementos percibidos de la mejor forma posible, esto incluye el sentido de perspectiva, volumen,  profundidad etc. El cerebro prefiere las formas integradas, completas y estables. Esta ley de alguna manera involucra a otras leyes, ya que el cerebro prefiere también  formas cerradas y /o continuas o simétricas (ley del cierre; ley de la continuidad), con buen contraste (figura- fondo) es decir, definidas. 

Esta ley se expresa en un nivel del pensamiento cuando rechazamos algo o alguien inacabado o defectuoso. Hay personas que al ver una casa la imaginan con todas las mejoras que harían y otras solo ven "lo que se ve". Cada uno tiene una tendencia a la búsqueda de buenas formas en lo que percibe, 

A veces intentamos definir aquello que no está definido, poner rótulos, y/o encasillar es una forma de intentar dar una forma acabada a algo que no la tiene; porque lo difuso o ambiguo transmite la sensación de es desconocido y esto despierta cierta inquietud y/o malestar al ser percibido como un campo difuso, donde no hay figuras claras. Como ver un plato entero, y verlo roto en pedazos, muchas veces el primer impulso al levantar los trozos  es unirlos para recobrar la percepción del todo, la buena forma. En las figuras de al lado la percepción intenta resolverlas en cosas conocidas como un elefante o unas columnas aunque no lo son. Así en la última figura por ejemplo solo tiene sentido si miramos una parte de la figura, la inferior o la superior, pero cuando intentamos organizarla como un "todo" entonces aparece la dificultad.

LEYES  PARTICULARES

Ley del cierre o de la completud: Las formas cerradas y acabadas son más estables visualmente, lo que hace que tendamos a "cerrar" y a completar con la imaginación  las formas percibidas buscando la mejor organización posible.

Las formas abiertas o inconclusas provocan incomodidad y existe una tendencia a completar con la imaginación aquello que falta. En esto se basan algunos funcionamientos psíquicos, por ejemplo cuando con algunos indicios saco una conclusión aunque no haya percibido la totalidad de los detalles de la situación. Percibo por ejemplo un triángulo, aunque de hecho no esté allí. La ley de cierre asimismo nos mueve a que, cuando una persona se interrumpe, intentemos concluir su frase. Por ejemplo: "si ahora yo... "      Esta frase deja la sensación de que algo falta y el deseo de saber qué sigue, se trata de la ley de cierre expresada en el ámbito psíquico, a veces cobra la forma del prejuicio (un completamiento imaginario que requiere desinformación). Lo mismo ocurre al oír una melodía que no resuelve. Las formas abiertas invitan a ser cerradas, por eso quedan mucho más presentes los finales abiertos.

ALLPORT y POSTMAN (1947) en su estudio sobre el rumor lo definen como algo inacabado, difuso o ambiguo y el proceso de rumor es un proceso en que se busca según ellos una mejor "gestalt" algo más significativo, más completo coherente y con más significado como respuesta a una situación confusa, y dentro de ese proceso se van ensamblando hipótesis que develen o completen lo que falta.

Ley del contraste:

La posición relativa de los diferentes elementos  incide sobre la atribución de cualidades (como ser el tamaño) de los mismos.

 

En el terreno de lo psíquico esta ley de la percepción se utiliza para hacer comparaciones entre diferentes situaciones y contextos. En este sentido aunque los valores absolutos (medidas)  se mantienen, el explorar los valores relativos puede hacer que una situación cobre un valor diferente al modificar lo puntos de referencia. En la terapia sistémica el recurso llamado  "reframing" responde a la ley de contraste. Si por ej. la pérdida del trabajo, se compara con otras situaciones menos importantes, por (perder el tren, olvidar hacer un llamado), entonces cobra una relevancia casi dramática, y si, en cambio, se la compara con situaciones más graves como perder la salud, o perder a un ser querido, entonces no parece tan grave. El concepto de "relativizar"  comparar con situaciones peores, funciona en base a la ley del contraste. 

Otro ejemplo podría verse en personas que, teniendo una pobre autovaloración, necesitan rodearse de personas que perciban como  inferiores en algún aspecto para, por contraste, sentirse más importantes. 

Ley de la proximidad

Los elementos tienen a agruparse con los que se encuentran a menor distancia. 

En general se tienden a considerar como "un todo" o un conjunto al que se atribuyen conexiones a aquellos elementos que están más próximos. Suponemos que las personas que conviven, por ejemplo,  están afectivamente próximas, 

Existen diferentes calidades de distancias: físicas o concretas, emocionales, intelectuales, de clase, etc. Tendemos a homologar y a superponer: si estamos cerca físicamente pensamos que también lo estamos afectivamente; o si nos queremos (proximidad  afectiva) entonces pensamos que deba haber acuerdo en todo (proximidad intelectual). 

La multidimensionalidad implica percepción de las profundidades, y es un proceso posterior a la percepción plana. por ej, lo puntos que se ven cerca podrían no ser los más próximos si no estuvieran en el mismo plano de la pantalla como cuando vemos en el cielo dos estrellas casi pegadas, puede que  haya años luz entre una y otra.  

Ley de la similaridad:

Los elementos que son similares tienen a ser agrupados.

Los elementos similares tienen a verse como el mismo elemento, como conjuntos que se pueden separar claramente del resto. 

En el terreno psíquico intentamos organizar "mapas" que nos orienten en un mundo que desconocemos agrupando a veces individuos, situaciones, objetos o hechos. Incluso es lo que hace que reconozcamos  una palabra mal escrita y comprendamos lo que quiere decir. (ver ejemplo).  La ley de la similaridad tiene la importante función de hacernos familiar el mundo desconocido. Así, un objeto grande con ruedas que jamás he visto antes, es considerado un vehículo de alguna clase, y lo agrupo mentalmente en esa categoría. Esta ley es la base de las categorizaciones que hacemos, y suele ser un obstáculo cuando se trata del ámbito de lo humano ya que  desde esta ley tendemos a generalizar y a universalizar a partir de rasgos, tomando a veces "la parte por el todo" (otro fundamento del prejuicio). 

Movimiento común o destino común:  Los elementos que se desplazan en la misma dirección tienden a ser vistos como un grupo o conjunto. . En el orden psíquico esta ley se manifiesta en las tendencias a agrupar a las personas o eventos por un rasgo común como sucede en el caso de la similaridad. Los "movimientos comunes" desde el punto de vista psíquico definen rasgos de compatibilidad entre caracteres, la diferencia es que estos rasgos se relacionan con el hacer (moverse ) más que con el ser como en la similaridad.
 

Teoría del caos: el evento de la Mariposa es un hipotético ejemplo que usó Eduard Lorenz acerca del principio de la impredictibilidad en la teoría el caos, y explica cómo un hecho insignificante en apariencia como el vuelo de una mariposa en China puede iniciar una cadena de sucesos que combinados con múltiples condiciones ambientales concluyan con un huracán en EEUU. Recién en las últimas décadas, el pensamiento comienza a orientarse sobre la base de la complejidad y el universo comienza a mostrarse no como partículas aisladas sino como un todo o "red" donde todos los componentes están en mayor o menor medida interconectados, permitiendo considerar la multidimensionalidad. Pasamos de los modelos lineales clásicos por ej.  "una causa provoca un efecto" hacia el pensamiento complejo, en el cual, como en la teoría del campo de K. Lewin, las modificaciones suceden a partir de la combinación de innumerables cadenas de eventos con un margen de impredictibilidad. 

En gestalt, siguiendo estos pensamientos, lo que estudiamos es el "campo organismo - ambiente", un campo en constante reestructuración; por lo tanto cuando "miramos" no miramos el individuo como una abstracción que consta de fuerzas intrapsíquicas en pugna, que a su vez le son desconocidas, sino que lo vemos como parte de un campo que se autoorganiza permanentemente.


Carlos Castaneda.  (1972) Viaje a Ixtlan: las enseñanzas de Don Juan. Ed. Fondo de Cultura Económica;  introducción. págs. 8 y 9.

    Antropólogo y autor de una gran cantidad de libros sobre el conocimiento filosófico-metafísico de un grupo de indios de México, en los que describe la mirada particular que tiene el hombre de conocimiento o el "brujo". Dentro de dicho sistema de creencias la descripción del mundo sería aquello que confiere sentido a cada percepción, un sistema de  interpretación de los datos que percibimos que selecciona y organiza datos para que el mundo de las percepciones tenga sentido, Castaneda afirma que nuestro mundo existe como es solo porque cuando percibimos mentalmente nos repetimos que eso es lo que es, sin embargo si cambiáramos la descripción del mundo, o si dejáramos de hacerlo el mundo tal y como lo conocemos colapsaría y dejaría de tener sentido abriendo nuevas posibilidades.


En el siguiente ejemplo veremos como la mente organiza los elementos percibidos (letras) del mejor modo posible (ley de la buena forma) y para ello modifica la percepción de lo escrito según la ley de similaridad y la de la buena forma, para hacerlo comprensible.

Ley de similaridad hace que leamos una palabra desconocida como una similar pero conocida.

PERCIBIMOS TOTALIDADES

Sgeun un estduio de una unviersdiad inlgesa, no ipmotra el odren en el 
que las letars etsan esrcitas, la uncia csoa ipormtnate es que la 
pmrirea y la utlima lerta esetn ecsritas en la psiocion cocrreta. El 
rsteo peuden etsar tatolemnte mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. 
Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima snio la paalbra en un
tdoo.
 

Sigmund Freud

Por feyerabend - 10 de Septiembre, 2008, 10:56, Categoría: General

 

Sigmund Freud

El Psicoanálisis clásico : Freud

Sigmund Freud nació en mayo de 1856 en Freiberg pequeña ciudad de lo que es hoy actualmente Checoslovaquia, pero que pertenecía a la sazón del Imperio austro-húngaro. Murió en 1939, en Londres, ciudad a la que se traslado debido a los avances del nazismo , ya que era de ascendencia judía.

Sus años de experiencia psicoanalítica los realizó en Viena, donde, sin embargo, sus teorías no habrían de tener muy buena acogida durante los primeros años de su trabajo, especialmente entre los círculos médicos ; a pesar de ser el mismo graduado en medicina y especialista en neurología. El legado de sus investigaciones no se centra en la medicina como tal, sino que deben su reconocimiento histórico a la elaboración de un método que parte del inconsciente para tratar las enfermedades mentales : el psicoanálisis.

Freud abandonó pronto sus investigaciones neurológicas para dedicarse de pleno al estudio de los entonces llamados <<enfermos nerviosos>>, percatándose rápidamente de lo incorrecto de las terapias utilizadas para la rehabilitación de estos enfermos. Utilizó la hipnosis durante un cierto tiempo pero descartó esta técnica terapéutica tras comprobar que sus efectos sólo se mantenían mientras el enfermo permanecía bajo la sugestión hipnótica ; una vez desaparecía está, volvían a reaparecer los mismos síntomas patológicos.

Su gran oportunidad le llegaría con una beca que le permitió ir a París para estudiar con Charcot, célebre especialista de enfermedades nerviosas que trabajaba en el hospital parisino de la Salpêtrière, dónde había llevado a cabo, tras numerosas investigaciones, una observación sorprendente, y que habría de interesar mucho a Freud : en todos los historiales clínicos de las histerias siempre aparecía la sexualidad como problema. Años después, Freud publicó Estudios sobre la histeria, y, en numerosos trabajos posteriores la relación de la histeria con problemas sexuales quedó definitivamente establecida.

A principios del siglo (1900), publicó La interpretación de los sueños, extentísimo libro donde Freud desarrollaba una tesis fundamental <<los sueños no sólo son un producto psíquico desechable, como se creía hasta el momento , sino que representan un trabajo psíquico normal lleno de sentido>>.

Los primeros años de trabajo fueron años de aislamiento, y durante ellos Freud llegó a una serie de conclusiones fruto de sus estudio e investigación : fundación e importancia de los sueños, división de la estructura psíquica en consciente e inconsciente, existencia de la sexualidad infantil, etcétera. Todas estas investigaciones promovieron el escándalo, y lo sumieron aún mas en la soledad y el aislamiento.

Poco a poco, se fue abriendo camino y empezó a organizar en torno suyo a sus primeros seguidores, con los que formó, en 1902, el núcleo original y, posteriormente, se formaría la sociedad psicoanalítica de Viena. En 1908 se celebraba en Salzburgo (Austria) , el primer congreso mundial de psicoanálisis. A partir de este momento, se fueron organizando en numerosas ciudades europeas sociedades de psicoanálisis.

Pero, junto a esta aceptación del psicoanálisis, se iniciaron también las primeras divergencias teóricas entre psicoanalistas . Así Alfred Adler y Carl G. Jung se apartaron de la ortodoxia freudiana ; Adler separándose del concepto de inconsciente colectivo, en el que la sexualidad no desempeña el papel determinante en la formación de la personalidad, como en la obra de Freud.

En 1938 Freud hubo de emigrar a Londres ante la ocupación nazi de Viena ; sus libros fueron quemados y destruidos y, poco después, fallecía víctima de un cáncer de mandíbula.

Lo Inconsciente

El término inconsciente es el más popular del psicoanálisis, hasta el punto que identifica al psicoanálisis mismo. Los psicoanalistas prefieren explicar el inconsciente como una dimensión de lo psíquico, radicalmente diferenciada de la conciencia aunque vinculada con ella, o también con las expresiones verbales del sujeto que se infiltran a través del discurso. La idea del inconsciente llega al psicoanálisis a través de dos caminos_ : la filosofía y la psicología de la época. En síntesis, se podr4ía concebir lo inconsciente como una degradación de la conciencia. Esta idea se encuentra ilustrada en la ya famosa metáfora de la linterna : <<un haz de luz con foco de luminosidad central y zona de progresiva oscuridad hacia los bordes de esa circunferencia de luz>> . La zona central de la luz es la representación de la conciencia ; la zona de progresiva degradación de la luz se identifica con lo inconsciente.

Freud a partir de un hecho simple para ilustrar lo inconsciente : cualquier representación o elemento psíquico puede estar presente en nuestra conciencia y luego desaparecer. Y, sin embargo, puede volver a reaparecer a través del recuerdo , no como otra consecuencia de la representación sensorial. Esto equivalía, para Freud, a que dicha representación o elemento había estado latente ( no explicitado a nivel consciente), y este hecho era una dimensión del inconsciente.

Un sujeto es sometido a un estado hipnótico durante el cual se le da una orden cualquiera : por ejemplo que beba agua. Acto seguido, se le despierta y es invitado a explicar lo que recuerda. En este momento, la persona realiza la orden recibida en estado hipnótico, es decir, beber agua. Interrogado sobre el motivo de esta acción, manifiesta que no lo sabe, aunque trata de justificarla de una manera obvia ; porque tenía sed.

Sin embargo, la explicación de la acción descrita anteriormente no está en la sed, sino en la orden de beber agua ( de la que el sujeto no tiene conciencia porque es incapaz de recordar). La conciencia sólo retiene beber agua ; la orden y la figura del hipnotizador permanecen en el inconsciente.

Consciente, Preconsciente e Inconsciente

De al experiencia anteriormente relatada Freud extrajo diversas conclusiones :

  • La conciencia es sólo una parte de lo psíquico (parte visible), peor en ella no se pueden encontrar respuestas a muchos de nuestros actos

  • - hay representaciones que, en un momento dado, no son conscientes ( no están en la conciencia), pero pueden devenir en conscientes. A este consciente Freud le dará el nombre de precosciente.

  • - existe un novel inconsciente que nunca llega a la conciencia ( la acción de ordenar en el ejemplo). El inconsciente sólo se abre paso a la conciencia a través de asociaciones, como por ejemplo los sueños, los actos fallidos (equivocaciones u olvidos en la realización de cualquier acción), los lapsus y los síntomas. A este tercer nivel Freud le da el nombre de inconsciente.

Según la teoría psicoanalítica, las representaciones del inconsciente tienen la particularidad de incidir de manera decisiva en la vida psíquica del sujeto (neurosis) ; son eficaces. Para los psicoanalistas, los síntomas propios de la neurosis o la psicosis son el efecto de algo que el sujeto no conoce, pero la suficientemente eficaz como para contrariar la misma voluntad. Piénsese en un síntoma como el insomnio, en que el propósito consciente de dormir, se ve obstaculizado por alguna preocupación inconsciente.

En función de lo expuesto , la vida psíquica no tiene su centro emisor en la conciencia del hombre, en su racionalidad. Y como en consecuencia de ello se produce un desplazamiento del interés del estudio hacia lo inconsciente para determinar las leyes y mecanismos de su funcionamiento.

Según Freud , el hombre a sufrido un triple descentrenamiento. En primer lugar y como consecuencia de los descubrimientos en el campo de la física y la astronomía, la Tierra dejó de ser el centro del universo ; con el Evolucionismo, el hombre mismo paso a formar parte del reino animal ; el descubrimiento del inconsciente resto a la conciencia su importancia como centro regulador de la actividad psíquica.

El Desarrollo Libidinal

El psicoanálisis emplea el término de pulsión ( impulso que tiene a la consecución de un fin) para el estudio del comportamiento humano. Antes de seguir adelante convendría aclarar las diferencias que existen entre la pulsión y el instinto. Los instintos tienden a una finalidad predominante biológica, mientras que la relación entre la pulsión y el instinto. Los instintos tienden a una finalidad predominante biológica , mientras que la relación entre la pulsión y el objeto que la promueve es extremadamente variable.

La pulsión es un impulso que se inicia con una excitación corporal (estado de tensión), y cuya finalidad última es precisamente la supresión de dicha tensión.

Hay dos tipos de pulsiones, la pulsión sexual o de la vida y la pulsión de la muerte. Para el psicoanálisis el impulso sexual tiene unas acotaciones muy superiores a lo que habitualmente se considera como sexualidad , al tiempo que introduce la diferenciación entre sexualidad y genitalidad : si todo lo genital es sexual, no todo lo sexual es genital. La libido es la energía que pone en marcha la pulsión sexual , y puede presentar diferentes alternativas según esté dirigida a los objetos ( libido objetal), o bien se dirija al propio Yo (libido narcista).

El psicoanálisis establece una serie de fases a través de las cuales se verifica el desarrollo del sujeto. Desde el punto de vista de dichas fases, los conflictos psíquicos - y su posibilidad de resolución- dependerán del estancamiento de una fase (fijación) o del retorno a una fase precedente (regresión). De ahí que esta teoría implique un concepto dinámico sobre lo psíquico.

Fase Oral.

Comprende los doce-dieciopcho primeros meses. Esta primera fase libidinosa está relacionada con el placer del bebé en el momento de la alimentación , en la que tanto labios como boca tienen un papel preponderante. La satisfacción ligada en un primer momento al acto de comer, adquirirá pronto autonomía, como en el caso del mero chupeteo, y se convertirá a su vez, en el prototipo inicial de toda satisfacción.

Fase Oral-sádica

Es considerada una segunda etapa de la fase oral , coincidente con la aparición de la dentición y, por tanto, ligada al acto de morder. Dado que la nueva adquisición tiene un sentido destructivo ( aunque sólo sea implícitamente), da lugar a la aparición del concepto de ambivalencia (relación de amor-odio respecto a un mismo objeto).

Fase Anal

Se extiende, aproximadamente, entre los dieciocho meses y los cuatro años. La actividad anal adquiere unas connotaciones libidinosas. El ano se constituye en la zona erógena ( fuente corporal de excitación) por excelencia. Otra característica de esta fase es la aparición de la polaridad actividad- pasividad, ligada a la posibilidad tanto de retener como expulsar los excrementos.

Fase Fálica.

En este momento, las pulsiones parciales de fases precedentes se concretan en una cierta primacía de lo genital. Es la primera organización libidinal del niño respecto al caos de las pulsiones parciales anteriores (orales-anales), que se completará en la pubertad.

De la forma específica en que se afronten las distintas fases, dependerán las características psíquicas del sujeto. Desde un punto de vista patológico, las perturbaciones en las distintas fases darán lugar a fijaciones o regresiones, que se traducirán en el adulto en estados de neurosis o psicosis.

Complejo de Edipo.

Tiene lugar de manera aproximada, entre los tres y los cinco años. El complejo de Edipo es una de las concepciones mas controvertidas del sistema freudiano. Y según la forma en que el sujeto resuelve este conflicto nuclear aparecerán o no perturbaciones neuróticas posteriores.

En cuando a su significado esencial es que el niño se halla situado en una especie de triángulo afectivo con relación a sus padres, de modo que está envuelto en una red de deseos amorosos hostiles con respecto a aquéllos. Este conflicto puede presentarse bajo dos formas :

  • Complejo de Edipo positivo : el triángulo afectivo se resuelve a favor del progenitor de sexo opuesto ; la hostilidad por tanto, será dirigida hacia el progenitor del mismo sexo ( la madre en el caso de la niña y el padre en el caso del varón).

  • complejo Edipo negativo : en esta forma el progenitor del mismo sexo la madre, en el casi de la niña, y el padre en el caso del varón, se convierten en los depositarios del complejo edípico.

En su última etapa, Freud planteó que ambas formas podían darse de forma concomitante en todo sujeto, lo que pasó a denominar con el nombre de complejo de Edipo completo.

Según Freud, el Edipo se resuelve por el temor ( la fantasía del varón a ser castrado por su padre ). Evidentemente, este postulado es radicalmente abstracto. Una manera de explicarlo, lo más sencillamente posible, sería ésta : el padre se interpone en una suerte de <<idilio>> entre madre e hijo. Sin embargo el niño percibe que el padre es el sujeto amoroso de la madre (es su rival). Por otro lado también participa del afecto de su padre, del que se siente corresponsable. Este conflicto ira perdiendo fuerza ( es decir, el niño renunciará a poseer a la madre), en la medida que el niño se sienta ligado al padre por un fuerte afecto, y por el temor de ser castigado por el.

De esta manera, la madre deja de ser el todo para el niño, el cual realizara un desplazamiento de sus sentimientos amorosos hacia otros objetos.

Freud desatendió los mecanismo de Edipo en el caos de las niñas, para limitarse a afirmar que el complejo de castración ( es decir, el resentimiento por la ausencia del pene) promueve su entrada al complejo de Edipo. Ciertamente ni siquiera a un nivel simbólico es aceptable este postulado, el cual implica que la fisiología distinta de la niña , con respecto al varón, es el núcleo del problema. El mito bíblico de la creación de Eva de una costilla de Adán, parece estar implícito en esta concepción , a la que no poca psicoanalistas consideran portadora de resabios machistas.

Resolución del conflicto edípico.

Siguiendo a Freud, la formas de encarar el Edipo tendrá mucha importancia en la elección del objeto sexual del adulto ( es decir puede condicionar tanto la heterosexualidad como la homosexualidad).

El heredero del complejo del Edipo es el Super Yo que representa la conciencia moral ( en parte consciente y en parte inconsciente) del sujeto, así como sus ideales. El Superyó se estructura en oposición al Yó (que se identifica con la conciencia, con el sentido de la realidad). Otra instancia del mundo psíquico freudiano es el Ello, que constituye el mundo inconsciente de las pulsaciones del sujeto , y por tanto abiertamente opuesto al superyo que, como vimos, representa la sublimación positiva y creadora de los instintos inconscientes.

Muy sonoramente, podríamos concluir que toda la teoría psicoanalítica freudiana se basa sobre la supremacía de los instintos o, para ser mas exactos con su terminología, las pulsiones del sujeto, y por tanto abiertamente opuesto al superyo que, como vimos, representa la sublimación positiva y creadora de los instintos inconscientes.

Muy someramente , podríamos concluir que toda la teoría psicoanalítica freudiana se basa sobre la supremacía de los instintos o, para ser mas exactos con su terminología , las pulsiones de naturaleza libidinosa. Éstas constituyen el motor que pone en marcha la formación de la personalidad del individuo. Éste debe superar las distintas fases de evolución pulsional hasta acceder al estado de madurez, en que los instintos primigenios son sacrificados en aras de un desarrollo armonioso de las potencialidades creadoras humanas..

Sin desestimar el papel importantísimo de la sexualidad, muchos psicoanalistas posteriores han reprochado a Freud el determinismo que concede a todo lo sexual en la elaboración de su teoría. Si el hombree, al igual que el resto de los animales , es portador de instintos, tampoco es menos cierto que tienen unas necesidades específicamente humanas derivadas de su propia situación ante la naturaleza. Y una de ellas es ella afecto , que le ayuda a afrontar situaciones nuevas en un mundo en el que constantemente ha de asumir nuevas situaciones y renunciar a seguridades pasadas .

La necesidad física que el niño pequeño siente hacia su madre- a esta edad sería prematuro hablar de afecto- se justifica porque ésta es su único asidero frente a un mundo en el que se siente perdido. Es esta necesidad ña que puede justificar, en última estancia el complejo de Edipo, y no un impulso exclusivamente biológico.

Enciclopedia Autodidactica oceano Color.

Realizado por: KAREN GUZMAN

LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA

Por feyerabend - 3 de Septiembre, 2008, 3:52, Categoría: General

LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA

En la Unidad anterior conocimos lo que es una ciencia, la cual tiene un objeto de estudio definido y un metodo para estudiarla, pero que ocurre con la Psicología?

El objeto de estudio de la Psicología es la conducta o comportamiento, ¿pero que debemos de entender como conducta?: "Conducta es toda aquella interacción establecida entre un organismo y su medio, físico, biológico y/o social, en y a través del tiempo"

Dado que nuestro interés fundamental lo constituye la psicología, analizaremos la relación que guarda con sus dos continentes límite: la Biología y la Historia.  La Psicología tiene por objeto el estudio del comportamiento individual, es decir, la interacción que establecen los organismos individuales con su medio ambiente y con otros organismos. Como tal la psicología es una ciencia que se desprende de la ciencia biológica (natural), pero en tanto que una parte fundamental de su ambiente lo constituyen otros organismos y en el caso del hombre se trata de un ambiente social  construido, la Psicología queda en un nivel de ánalisis anterior o menos complejo a la ciencia "Historia".  Se podría considerar que es una ciencia "puente" por naturaleza entre las llamadas Ciencias "Naturales" y las "Sociales".  Si analizamos esta relación dual de la psicología, nos volveremos a encontrar con algunas “contradicciones”, pero no hay tal supuesto, la Psicología es en sí un área de estudio o modo de conocimiento de la realidad que posee las características necesarias para ser una Ciencia diferente, pero complementaria a las demás.

 

Por un lado, la conducta es una dimensión funcional ­de los seres vivos y por ende, la biología se constituye en ciencia básica de la psicología.  Sin embargo, los fenómenos biológicos no son idénticos a los psicológicos o conductuales y por consiguiente éstos últimos no son reducibles a proposiciones o datos de la biología. Es evidente, por ejemplo, que el lenguaje no puede reducirse a los movimientos de las articulaciones vocales y que la conducta de escribir no puede explicarse en términos de los simples Movimientos musculares que la componen.  A una de las tendencias reduccionistas que explican la conducta en términos puramente biológicos, se le llama localizacionismo y es una herencia intelectual del mecanicismo de Descartes.

 

Por otro lado, la conducta humana que no es el objeto único de estudio de la psicología, tiene una significación profundamente social.  El comportamiento humano depende y se conforma con base en circunstancias sociales, que el propio hombre transforma a su vez creándolas y recreándolas.  En este sentido la psicología no puede desvincularse de la historia y ciencias sociales, pero tampoco puede ser absorbida por ellas, por ser el comportamiento individual un dato molecular que no constituye el interés definitorio de dicho continente histórico.  Las leyes que rigen un fenómeno molar, gene­ral y complejo no explican necesariamente sus componentes moleculares, aun cuando proporcionen un marco interpretativo para ello.  Así -por ejemplo-, las características históricas particulares de una sociedad no pueden explicarnos las leyes que rigen el aprendizaje de los individuos, como tampoco el proceso de la digestión "explica" la composición química y propiedades de los ácidos interventores.  A su vez, la psicología no puede dar cuenta de los fenómenos histórico sociales, por ser el comportamiento de las “estructuras” sociales, o mejor dicho de las masas que constituyen clases sociales, un fenómeno cuya complejidad rebasa en mucho a la de la simple conducta individual. El “psicologismo”, como se conoce a la interpretación psicológica de los fenómenos sociales, es una forma de reduccionismo explicativo, muy empleada por el psicoanálisis y la psicología social, disciplinas con una epistemología de dudoso origen.

 

Cada ciencia tiene un nivel de análisis y explicación propios, de acuerdo a la molaridad-molecularidad del fenómeno de estudio.  Aun cuando los fenómenos molares comparten propiedades de los fenómenos moleculares, las leyes y principios que explican a éstos últimos no son suficiente para dar cuenta del fenómeno complejo como tal.  Asimismo, los principios que rigen los fenómenos complejos no pueden sustituir a los que determinan a los fenómenos mas simples o moleculares.  Las áreas interdisciplinarias, como la físico-química, la bioquímica, la psicobiología y la psicología social no son más que campos que requieren de la participación combinada de dos continentes científicos.  Recordemos que el conocimiento científico subdivide o fragmenta la realidad con propósitos de análisis, pero que estas “fracturas” no rompen la continuidad de los fenómenos y procesos y mucho menos, la complementariedad de las ciencias que lo producen.

 

En resumen, la psicología se constituye como ciencia en el momento en que se formula un objeto teórico propio, diferente al de las otras ciencias existentes.  Esta formulación da especificidad a lo psicológico como un objeto del conocimiento científico, diferenciable de las demás ciencias: físico-químicas, biológicas y sociales, hecho que rompe con la dicotomía simplista entre ciencias naturales y sociales.

 

LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA DE LA CONDUCTA

 

Ya hemos mencionado anteriormente que muchos de los problemas que forman parte del campo empírico de la psicología, fueron estudiados desde la época de los griegos. Sin embargo, no es hasta el siglo XIX en que se configuran las circunstancias que permiten la delimitación progresiva de los que años después sería la nueva ciencia. Estas condiciones se conforman por el interés que otras ciencias e ingenierías derivadas muestran por fenómenos de la conducta, y es así que, aun cuando no fueron capaces de abordarles con una epistemología apropiada que permitiera su vinculación a un solo continente de conocimiento, sentaron las bases e inquietudes para que esto posteriormente ocurriera.

Antes de pasar al examen de estos antecedentes de la nueva ciencia, sería pertinente aclarar la naturaleza de su objeto de estudio.

 

Decíamos anteriormente que la psicología es la ciencia de la conducta o comportamiento, entendiendo por ésta a la actividad molar del organismo en interacción con su ambiente.  Cuando se intenta profundizar en esta definición, hay conductas que parecen no tener circunscripción espacial precisa, por lo menos en referencia a nuestras categorías sobre el particular.  Su ocurrencia muestra una dimensión temporal, pero no puede ubicárseles en un punto particular en el espacio, como es el caso de las llamadas imágenes, sentimientos, pensamientos, etc.

 

Vamos definiendo una vez más que entendemos por conducta o comportamiento, es decir el objeto de estudio de la Psicología como Ciencia: Conducta es toda aquella interacción establecida entre un organismo y su medio físico, biológico y/o social, en y a través del tiempo.

Aquí se presentan en realidad dos problemas diferentes, ambos de conceptualización.  La conducta siempre tiene un marco de referencia espacial, no como locus concreto de ocurrencia sino como de interacción.  El lenguaje encubierto que algunos autores identificaron con el pensamiento, parece no ocurrir en el espacio.  Cuando me hablo a mí mismo, esta conducta no parece tener espacialidad.  Sin embargo, si analizamos la situación con cuidado, observarás que se pueden registrar movimientos sutiles de las cuerdas vocales y los músculos asociados a la fonación.  A la vez, se pueden identificar eventos ambientales anteriores y subsecuentes en la relación que se establece entre el organismo o un componente prominente del mismo y segmentos del ambiente, es decir, en el medio o relación de campo en que ocurre la conducta.

 

El segundo problema radica en concebir a las conductas internas como eventos no materiales aislados del ambiente. Esta concepción ha plagado a la psicología de “explicaciones” espiritualistas, mecanicistas y metafísicas, que es necesario eliminar de principio.  Un ejemplo prototípico de esta situación son las “imágenes”.  La imagen, según esta concepción, es un evento interno no físico que se da como experiencia subjetiva. Esta experiencia constituye una reconstrucción visual del objeto percibido a través de la participación de las vías aferentes del sistema nervioso central, que “reproducen” en la retina una "imagen invertida a escala” del objeto (modelo de la cámara fotográfica), que es descompuesta en forma codificada y transmitida como impulsos nerviosos eléctricos y finalmente recompuesta y ¡experimentada! en el área 19 de la corteza cerebral.  Aquí persiste un problema, adicional al del complejo proceso de descodificación y recodificación de energía fóticas en energías nerviosas: el de la transformación de un evento neural en una experiencia interna consiente­subjetiva.  Problema irresoluble por estar mal planteado.

 

En realidad la imagen del objeto es el objeto.  No existe tal imagen interna sino más bien un objeto que refleja fóticamente parte de sus propiedades estructurales: forma, color, posición, etc., a través de un medio físico apropiado sobre un organismo que dispone de sistemas de respuestas especializados, sensibles a ciertas formas particulares de energía.  Así por ejemplo, el ojo, responde siempre fóticamente a cualquier estimulación, sea fótica, mecánica o térmica; y lo mismo ocurre con otros tipos de ­tejido especializado.  Al responder a la estimulación fótica, res­puesta en la que participa todo el organismo y por consiguiente el sistema  nervioso y tejidos especializados sensibles a dicha energía, se responde a las propiedades físicas del objeto externo y se da ­entonces la percepción o imagen de dicho objeto, es decir el obje­to externo.  Es inútil buscar imágenes incorpóreas dentro del organismo.

 

La raíz de la confusión yace en la definición misma de la conducta.  Revisemos brevemente este problema.  Las palabras o conceptos tienen siempre un uso social determinado.  Su signifi­cado radica en las condiciones que determinan y ejemplifican dicho uso, por lo que una palabra normalmente tiene acepciones múltiples que devienen de su empleo social. Así, la palabra no es la expre­sión o denotación de ideas a las que corresponde en forma biunívoca, sino la referencia a eventos relaciones físico sociales que constituyen su significado en tanto enmarcan su uso.  De este modo, debe quedar claro que las palabras no son los eventos, sino que son provistas de significado por las relaciones sociales en que dichos eventos son referidos.

 

Las palabras “animistas” o ”mentalistas” en su origen tuvieron un sentido referencial, y de ningún  modo “significaban” ficciones.  Recordemos cómo el mismo concepto de ánima o alma en Aristóteles se refería a formas diferentes de organización del movimiento de los seres vivos.

 

El primer paso en toda ciencia es deshacerse de los conceptos "ficciónales".  Este proceso se cumple en dos etapas.  La primera, es identificar el posible uso referen­cial de dichos conceptos y la determinación de los diversos eventos que pueden encubriese bajo su empleo.  La segunda etapa consiste en reanalizar los eventos, al margen de los conceptos ficciónales, y formular un lenguaje referencias adecuado a su estudio sistemático, de modo que los nuevos conceptos permitan penetrar con detenimiento ­en el conocimiento de dichos eventos, que el lenguaje cotidiano en­mascara bajo el manto de complejas relaciones sociales que se constituyen en la ideología de un grupo determinado.  Con esto se quiere decir que, incluso los conceptos mentalistas tienen una referencia ­conductual, no como traducción terminológica, sino como identificación de su uso social ordinario en un sentido referencias.

 

En lo que respecta a los términos que tienen un referente conductual evidente, se puede clasificarles en dos grupos. Existen términos que describen la conducta, como morfologías de la actividad del organismo, irrespectivamente de la situación ambiente en que se realiza.  Ejemplos de ellos son: comer, dormir, caminar, hablar, y la mayor parte de los verbos.  Estos términos constituyen referencias a la conducta órgano-céntrica, es decir, a las actividades que realiza el organismo, y que son describibles prácticamente como movimientos del organismo respecto a un eje externo de coordenadas o tomándolo a él como su propio sistema.  Son conductas que describen las propiedades físicas del (los) sistema(s) reactivos del organismo.  Este grupo de términos derivan de una concepción no interactiva de la conducta, y conducen la más de las veces a concepciones reduccionistas y mecanicistas del comportamiento, centrados en el organismo como vértice del análisis.  El otro grupo de términos concibe a la conducta como interacción, o interconducta, y por ende, requiere siempre de descripciones que involucren funciones en vez de morfologías.  Las funciones son las circunstancias especiales en que el organismo exhibe en acción morfologías que entran en contacto con segmentos del ambiente que le anteceden y siguen.  De este modo, las definiciones de conducta requieren de términos que describan interacciones entre el organismo y el ambiente.  La conducta es la interacción, y no es reducible por consiguiente a solo lo que se observa que el organismo hace.

El organismo se encuentra en constante interacción con su medio, algunas interacciones ocurren con su propio medio biológico, por lo tanto no son susceptibles de ser observadas, pero debe de quedar claro que pensar en "algo", tener "ideas" u "ocurrencias", "imaginar" o ver un paisaje con los ojos cerrados, son simples interacciones que tienen su origen en experiencias previas de aprendizaje. 

¿Podemos "imaginar" a un "Xtroduo"? No a menos que lo describamos como es, o que nos muestren a uno de ellos; por supuesto que todos sabemos que son animales de 10 cms de largo, identicos a una lagartija pero con 6 patas y dos cabezas, de esta manera, en base a anteriores experiencias de aprendizaje, los "Xtraduos" se convierten en algo real y los podemos visualizar.

 

EL NACIMIENTO DE LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA 

Como ya se mencionó la psicología establece su objeto como ciencia con la publicación del "Manifiesto Conductista" por John B. Watson.  En este sentido podemos afirmar que Psicología Científica y Conductismo son sinónimos.  Todas las "corrientes" preconductistas no son más que filosofías psicológicas, o sea, ideologías sistemáticas precientíficas.  Algunas otras aproximaciones como veremos posteriormente son reedificaciones de estas ideologías en lenguaje de la ciencia moderna, pero con sus mismos supuestos, solo que ahora implícitos.

 

El conductismo, o sea la psicología, surge en circuns­tancias históricas maduras.  Por un lado, la biología, bajo la influencia de las tesis evolucionistas de Lamarck y Darwin, establece la continuidad entre el hombre y los organismos inferiores, continuidad que subraya también con relación al comportamiento.  Por otro ­lado, la fisiología del sistema nervioso descubre su unidad de análisis, el reflejo, y con la obra de Sechenov y Pavlov se hacen los­ primeros intentos sistemáticos de desarrollo de una teoría y meto­dología para el estudio del sistema nervioso y la conducta (actividad nerviosa superior).  Estos dos avances de la biología fueron ­fundamentales para que una tradición experimentalista incipiente ­en la psicología (Thorndike, Hall, James, Wundt y Kulpe entre otros) cristalizara en un planteamiento correcto del objeto de la nueva ­ciencia.

 

Ustedes se preguntarán ¿porqué se fija el nacimiento de la psicología con Watson, si oficialmente se habla de ello en ­ocasión de la fundación del primer laboratorio de psicología experimental en Leipzig por Wundt en 1879, y cuando autores como William James habían ya escrito sus “Principles of Psychology”?

 

Por dos razones.  La primera es que la psicología a la que hacían referencia los autores previos a Watson carecía de un objeto autónomo de estudio, y por consiguiente, eran más bien filosofías empíricas o de la experiencia y del lenguaje.  La segunda, es que el propio Wundt, a quien erróneamente se le ha atribuido ser el padre de la psicología científica, adscribió el laboratorio de psicología experimental por el fundado a la Cátedra de Filoso­fía.  Por esto mismo Pavlov, a pesar de que definía la actividad nerviosa superior como conducta: "Estas actividades nerviosas nunca se han considerado desde el mismo punto de vista que las de órganos, o incluso de otras partes del sistema nervioso central no se atrevió a enmarcar su trabajo como la piedra de toque de la nueva ciencia por llegar. De hecho todavía está abierto a discusión si la psicología es una ciencia natural, o si puede considerársele de modo alguno ciencia". (1926)

 

El simple empleo del método científico no era razón suficiente para que la psicología existiese.  Faltaba el otro ingrediente: la definición de su objeto.

 

La aparición de Watson en el escenario de la historia no puede ser más contundente: "¿por qué no hacer de lo que podemos observar el verdadero campo de la psicología?... ¿qué es lo que podemos observar?  Podemos observar la conducta lo que el organismo hace o dice y apresurémonos a señalar que hablar es hacer, esto es, comportarse".

 

Al definir a la psicología como la ciencia de la conducta, aportó además dos elementos fundamentales.  El primero, un ­paradigma teórico y de experimentación, requisito indispensable para una ciencia.  El segundo, la des-subjetivización de la disciplina.  Aun cuando después volveremos a tratar estos problemas, nos deten­dremos de todas maneras a reflexionar acerca de ellos.

 

Watson tenia que liberar a la psicología de la "mente" heredada por la filosofía metafísica v la fisiología mecanicista que le dieron origen.  Para ello, debía encontrar un paradigma teórico ­que le permitiera el desarrollo de nuevas categorías de análisis, y tomó como base el paradigma del condicionamiento respondiente o del reflejo condicionado elaborado por Iván Pavlov.  El paradigma de­finía las unidades básicas de análisis (el estímulo y la respuesta), la dimensión de ocurrencia de dichas unidades (el tiempo) y los pa­rámetros que de ellos se derivaban.  Así mismo, el paradigma señala­ba la posibilidad de analizar los procesos complejos de la conducta humana (el segundo sistema de señales y el lenguaje).

 

Por otra parte, su segunda tarea y quizá la más importante, fue des-subjetivizar a la psicología. La llamada psicolo­gía, como ya lo hemos señalado se preocupaba por la experiencia consciente subjetiva y la introspección resultaba ser el método de análisis primordial.  Se procuraba descomponer a la experiencia en sus elementos básicos constitutivos (modelo químico), para lo que se adiestraba concienzudamente a los sujetos experimentales a reportar su propia experiencia en términos de "ideas", "sensaciones" y "afectos".  Su exclusión terminológica como objeto de estudio por Watson, fue el primer paso requerido para su expulsión definitiva, y la se­paración de la psicología científica de la filosofía psicológica y demás productos híbridos derivados.  Tocaría a Kantor y a Skinner ­unos cuantos años después, reafirmar esta des- subjetivización so­bre bases más sólidas.

 

Si bien con la definición de un objeto de estudio y la adopción de un paradigma teórico quedó constituida la psicología como una nueva ciencia, se heredaron preocupaciones y problemas, ­algunos legítimos y otros no, que determinaron, en gran medida, su curso posterior de desarrollo.  Podemos demarcar estas influencias tomando en consideración las cuatro disciplinas que se constituyeron en fuente de origen de la psicología: la física experimental, la fisiología del sistema nervioso, la filosofía metafísica y la medicina.  Cada disciplina contribuyó con una "herencia" definidas la física, ­con el problema de la medición la fisiología, con el método experi­mental; la filosofía, con la mente y el sujeto; y la medicina, con ­las aplicaciones y el método clínico.  Procederemos a efectuar una ­breve reseña histórica de estos problemas y su desarrollo.

 

LA FISICA EXPERIMENTAL Y EL PROBLEMA DE LA MEDICION

 

La física experimental, de algún modo, procuró una doble problemática a la nueva ciencia.  Por un lado, se hizo hincapié en la medición y cuantificación, aspecto fundamental para toda ciencia natural.  Por el otro, se creó un problema pseudo-científico, al intentar establecer la correspondencia entre las propiedades físicas del estímulo y la apreciación subjetiva que de él se hacía, es decir, de la denominada "sensación".  La importancia adquirida por este problema determinó incluso la creación de una área teórica y de investigación, denominada psico-física, que en la actualidad se ha reformulado conceptualmente como lo veremos en capítulos posteriores.

 

El uso de observadores humanos para determinar el trayecto de los cuerpos celestes, mostró que se encontraban diferencias de registro entre dos observadores diferentes, o un mismo observador en momentos distintos, la llamada "ecuación personal".  Aun cuando esto motivó el despido del primer observador en que se apreció la existencia del error de medición, repeticiones sistemáticas del ­efecto llevaron al desarrollo de la psicofísica.

 

La psicofísica, alcanza su punto culminante con los estudios de Weber y Fechner, quienes encontraron que existía una relación logarítmica entre el incremento en la intensidad de un ­estímulo y la sensación por él producida.  Algunos autores moder­nos  (vbgr.  S.S. Stevens) continuaron el trabajo de estos pioneros, Interesándose por el problema del escalamiento de dimensiones de ­estimulación y la respuesta "sensorial" ante ellos dada.  La psico-física animal moderna y la teoría de la detección de señales han mostrado que, a diferencia de lo que suponían los iniciadores de la psicofísica, no existe una simple relación lineal entre una di­mensión o parámetro del estímulo y la respuesta de "reporte" de dicho estímulo, por lo que no puede encontrarse "la" función ideal  de dicha relación.

 

Los modernos estudios en ésta área han vinculado a la psicofísica tradicional con el control antecedente de la  conducta como lo veremos posteriormente.  Sin embargo, su influencia no se limitó a ésta área, sino que, junto con el trabajo de Galton sobre las diferencias individuales, dio lugar al surgimiento de la psicometría y la medición de las habilidades, capacidades y aptitudes.

 

LA FISIOLOGIA Y EL METODO EXPERIMENTAL

Quizá la deuda más importante que tiene la psicología con las disciplinas que le precedieron, sea con la fisiología expe­rimental.  Sería muy prolijo describir el desarrollo gradual que sufrió la fisiología experimental, hasta culminar con el trabajo de ­Claudio Bernard e Iván Pavlov, pero si es conveniente señalar que ­el primero fundó la metodología experimental basada en el análisis controlado del fenómeno Individual, y que el segundo contribuyó con un método particular de estudio del comportamiento, que aun cuando superado en la actualidad, permitió el surgimiento de la psicología como ciencia experimental.

 

Como es de todos conocido, Pavlov dedicaba al estudio de las secreciones gástricas durante la digestión, trabajo ­por el cual obtuvo el Premio Nóbel.  Un día, en un perro con una fístula implantada en el estómago, observó que la simple presentación visual del alimento era condición suficiente para que segregara jugos gástricos, a lo que Pavlov denominó originalmente secre­ción psíquica.  Esta observación casual le llevó a estudiar sistemáticamente el fenómeno, analizando con especial interés las relaciones temporales entre los eventos y el reflejo producido así como las características de "señal" que adquirían los estímulos.  Basta decir que el método del reflejo condicionado, con su interés en las relaciones de contingencia o condicionalidad entre los estímulos y las respuestas (de ahí, el término de condicionamiento) sirvió como base de ataque experimental al estudio del comportamiento (y aún se sigue empleando) en los años que siguieron a la aparición de Watson en el escenario de la ciencia.

 

Aun cuando la obra teórica de Pavlov se ha superado, el resultado de su trabajo experimental permanece incólume como fuente de problemas y nuevos caminos a seguir en la investigación.  Su preocupación por el control experimental, por la medición y por la objetividad fue la mejor herencia que puedo haber recibido la ­psicología.  Sus limitaciones teóricas y de procedimiento deben en tenderse en el contexto histórico de su época y de ningún modo, con la frivolidad superficial de lo que examinan, lo que parafraseando podríamos llamar, la psicología "de autor".  No nos detendremos más en ente punto, pues Pavlov y su método serán revisados continuamente a lo largo de secciones y capítulos posteriores. 

 

LA FILOSOFIA Y LA MENTE

 

La filosofía metafísica plagó a la psicología de eventos internos de la experiencia, incorpóreos, agrupados todos bajo el concepto de la psique o mente.  Estos eventos "mentales" se fueron constituyendo en especies de homúnculos, en hombres internos  que explicaban el comportamiento, desplazando el interés del es­tudio científico hacia "entidades" verbales que substituían al co­nocimiento genuino de los determinantes de la conducta.

El estructuralismo, representado por Wundt, Kulpe, ­y Titchener, así como el funcionalismo, en el que destacaron James, Angell y Dewey, constituyeron más que una psicología científica, ­una metafísica experimental.

 

Explicaremos el porqué.  La mente, la conciencia y otras entidades mentales, aun cuando en su origen como palabras pudieron tener un referente objetivo, lo perdieron en el ­transcurso de la historia, codificándose.  La filosofía metafísica consideraba a estas palabras como eventos reales, independientes ­solo asequibles al conocimiento por introspección, por su carácter experiencias e incorpóreo.  El uso de la introspección y de algunos aparatos de medida proveían de un marco experimental que imprimía una atmósfera de objetividad a problemas que carecían de ella.  Es por eso que el estructuralismo y el funcionalismo, a pesar del uso de la medición (que no debe confundirse con el método experimen­tal que es observación sistemática producida) nunca pudieron abandonar el lastre de la metafísica, resultando ser en el mejor de los ­casos, filosofías empíricas o experimentales.  Estas preocupacio­nes subjetivistas no han desaparecido de la psicología y son reintroducidas periódicamente, disfrazadas con un lenguaje más objetivo to­mado de otras disciplinas (teoría de la información) o de nuevas "teorías" psicológicas (cognoscitivas y existencialistas) pero con­servando sus fundamentos epistemológicos idealistas.

 

LA MEDICINA Y LAS APLICACIONES CLINICAS 

 

Muchos identifican a la psicología con una de sus ­áreas de aplicación: la clínica.  Ello, sin lugar a dudas, se debe a la influencia de Freud y muchos otros que le siguieron al desa­rrollar una técnica terapéutica, y después una teoría de la psique, conocida como psicoanálisis.  Sigmund Freud, era un neurólogo viento interesado por algunos trastornos "psíquicos" frecuentes en su época (las histerias), quien, por su relación con Breuer, observó Podrían  ser "curados" o modificados con el empleo de la hipnosis y procedimientos terapéuticos basados en la palabra.  Su trabajo posterior le llevó a enfatizar aspectos "inconscientes" en la vida de los sujetos como los determinantes primarios de la anormalidad, y por ello desarrolló la asociación libre y la interpretación de los sueños como técnicas fundamentales de la terapia psicoanalítico.  Construyó también una teoría que nunca tuvo correspondencia direc­ta con la técnica empleada.  La teoría postuló la existencia de ­un aparato intrapsíquico con energía psíquica (catexias), que permitían la explicación del conflicto, y las neurosis y psicosis. Freud, al elaborar su teoría se vio influido por el mecanicismo de la mecánica hidráulica y el idealismo imperante en las corrientes instintivitas y vitalistas de la biología.  Es por ello que, a pesar de la agudeza de sus observaciones clínicas y su hincapié en el determinismo de los fenómenos "psíquicos", incluso los más "ab­surdos", su aportación no puede considerarse parte integral de la psicología científica, sino más bien un antecedente histórico de ­gran valor.  La eficacia de la terapéutica por él creada, constituye un problema aparte que todavía es motivo de polémica y estudio.

 

Sin lugar a dudas, la influencia de Freud en la nueva ciencia, se percibió en la tendencia a estudiar el comportamiento desde la perspectiva de los fenómenos clínicos y anormales, sin vínculos ostensibles con las aportaciones de la psicología experi­mental, divorcio que, afortunadamente se ha eliminado gradualmente a últimas fechas.

 

CONDUCTISMO METAFISICO, METODOLOGICO Y CONDUCTISMO: 

 

El inicio de una ciencia no implica que, súbitamente, desaparezcan los problemas originados por las concepciones precientíficas que le antecedieron.  Así ha ocurrido en todas las ciencias, y la psicología no es la excepción.  La comunidad de los científicos que posee una "filosofía espontánea de la ciencia", se desenvuelve con relación a los marcos de referencia ideológicos de un grupo social más amplio al que los conocimientos de la nueva ciencia le resultan, por definición, potencialmente atentatorios de su posición dominante.  Esta ideología que comparte el científico, le hace en muchas ocasiones inmunes al nuevo conocimiento o a la definición de nuevos objetos de conocimiento, lo que resulta en la convivencia de grupos paralelos, con prácticas de investigación semejantes, pero con objeto de estudio diferentes.  Es decir, perviven grupos de científicos desarrollando prácticas pre-científicas junto a grupos de científicos dedicados al cultivo del conocimiento del ­nuevo objeto de estudio.  Y este fue el caso de la psicología, pues si bien con el pronunciamiento de Watson se sentaron las bases de ­su desarrollo científico, continuaron amparándose bajo el mismo nombre, prácticas heredadas de la filosofía metafísica y otras disciplinas altamente ideologizadas.

 

Podríamos hacer una distinción o demarcación de estas dos tendencias, la científica y la pre-científica, o mejor dicho, ­paracientìfica.  A partir de la aparición del "conductismo", no se tardó en aceptar que la conducta era el objeto de estudio de la psicología.  Lo que se argumentó fue: l) que no era el único objeto de estudio, ó 2) que el nivel explicativo del fenómeno residía en eventos no observables, "internos", lo que determinaba el uso de procedimientos indirectos de medición y la postulación de "constructos" inferidos.  Estas dos mistificaciones del conductismo han recibido el nombre de conductismo metafísico y metodológico e incluyen a todas las "aproximaciones" a la psicología, ¡incluyendo aquéllas que se ­consideran no conductistas! (Teorías factoriales, teorías cognosci­tivas, teorías conductistas estimulo-respuesta, teorías de la información, teorías psicobiológicas, etc.). Un ejemplo de esto, es el comentario de W. McDougall a Watson (La Batalla del conductismo): En tercer lugar, existe el Conductismo sano, ese tipo de psicología que utilizando todos los hechos o datos introspectivamente observa­bles, no desprecia el examen de la conducta, no deja de utilizar con amplitud todos los hechos que constituyen los datos del conductismo Watsoniano... Los psicólogos por lo regular descuidaban indebidamente los hechos de la actividad humana o conducta e ignoraban la necesidad de una adecuada teoría de la conducta y el carácter (del cual el comportamiento o conducta es la expresión exterior).

 

El conductismo formulado por Watson corresponde a lo que podríamos denominar conductismo metafísico, en el sentido de que, al eliminar los conceptos mentalistas y subjetivos, eliminó también, cuando menos parcialmente, los eventos objetivos que en su origen fueron referentes ordinario de dichos conceptos.  El problema radica no en la negación de la existencia de los conceptos como cosas (vbg., "Si - puesto que no halla un testimonio objetivo de su existencia la psicología dejase de lado los términos 'mente' y 'conciencia' ... Watson, 1924, p. 33), sino en analizar el valor referencias de dichos conceptos como descriptores de condiciones generales o particulares ­cuando se les emplea en el lenguaje común.  Al enterrar el uso de di­chos conceptos, Watson sepultó también el interés por el análisis-descripción y explicación de eventos complejos de la conducta, centran do la problemática de la nueva ciencia en fenómenos reducibles a mo­vimientos.  Esto tuvo como consecuencia que, paradójicamente, Watson permitiera que se consolidara el dualismo prevalente en la psicología, pues si se afirmaba que la nueva ciencia estudiaba la conducta como ­actividad observable, todo aquello que no era reductible a dicha de­finición, en tanto no se negaba su existencia (sino solo a los términos que tenían una connotación animista) debía ser el objeto de otra disciplina o bien, de un enfoque filosófico de la psicología diferen­te. Formalmente, el conductismo metafísico establece la existencia de la conducta como objeto de estudio de la psicología, pero también la existencia de algo más que no era conducta.

 

Una segunda forma de conductismo surgió de la concep­ción de Watson: el conductismo metodológico, que aun cuando fundado en el dualismo formalizado por Tomás de Aquino y Descartes, tomó carta de naturalización científica a partir de este momento. El conductismo metodológico es ontológicamente monista, pero epistemológica­mente dualista.  Considera que la psicología estudia la conducta, pero que hay dos tipos de conducta: la manifiesta y la no observable. Dado que la ciencia solo puede estudiar eventos verificables o refu­tables, la psicología debería hacer a un lado aquellos eventos que ­por no ser asequibles directamente no pueden ser sometidos a prueba empírica.  No obstante, la conducta manifiesta puede ser empleada como indicador o referente de los eventos no observables, y este puede llevarse a efecto de dos modos, que analizaremos enseguida con ­más detalle.  Baste ahora señalar que en una de las formas, la verificación se realiza empíricamente en forma indirecta a través del anclaje empírico de la "variable interna" con operaciones de estimulo y de medición de respuesta (variables intervinientes).  En la otra forma, se le da forma lógica al proceso, de modo que es útil en tanto presta consistencia interna a las hipótesis v es susceptible de ser falseado empíricamente por datos que sean contradictorios lógicamente con las propiedades inferenciales de los concep­tos formulados.

 

De este modo, la conducta manifiesta se convierte en un mero indicador periférico de los eventos no observables (supuestamente también conducta) que se estudian.  Como se verá posteriormente, esta tradición de tomar a la conducta como método de análisis de otros eventos, ha llevado a posiciones no muy diferentes a las del conductismo metafísico, reafirmando un dualismo en el que lo que existe científicamente está supeditado a lo que se observa y a las reglas lógicas de refutación de su congruencia conceptual con los hechos.  Hull, Spence y Tolman, entre otros repre­sentan esta línea de pensamiento.

Finalmente, paralelo al conductismo metodológico se desarrolló el conductismo interactivo, llamado respectivamente interconductismo por Kantor y conductismo radical por Skinner.  El conductismo interactivo es no dualista, tanto en lo ontológico (lo que es la conducta) como en lo epistemológico (lo que podemos conocer y como hacerlo).  La base de esto estriba en considerar ­como conducta al proceso interactivo entre organismo y objetos y eventos del ambiente, de modo que la distinción interno-externo ­pierda relevancia, a la vez que se puede precisar la espacialidad de fenómenos complejos en términos de las coordenadas de la interacción.  La distinción interno-externo queda fuera de lugar en tanto es todo el organismo el que constituye, en acción, uno de los com­ponentes de la interacción que define a la conducta (o interconducta).  Los eventos internos, si acaso, son referibles a los estados y procesos biológicos que son condición necesaria para que el organismo actúe y reactúe con respecto al medio ambiente, cuyos obje­tos y eventos, en tanto contextúan y entran en contacto con el organismo constituyen el otro componente de la interacción conductual.  Pero queda claro que, bajo esta formulación, carece de sentido ha­blar de conductas internas o externas, en tanto que todo lo que hace el organismo es apenas parte de la conducta concebida como interacción.  Por otra parte, la espacialidad de relaciones interactivas (como lo es toda la conducta psicológica) no requiere ubicarse en ­movimientos o procesos fisiológicos del organismo, sino que radica en las coordenadas espacio-temporales que enmarcan dichas interac­ciones.

 

Es así que, cuando se habla de pensamiento, percep­ción, lenguaje y otras interacciones o procesos conductuales que ­parecen carecer de espacialidad, a menos que se les reduzca a movimientos (subvocales en el pensamiento, oculares en la percepción, etc.), en vez de buscar la espacialidad de la conducta dentro del sistema nervioso (que obviamente es uno de los elementos participantes), se ubica la conducta en el espacio comprendido por la relación de campo que cubre la interacción, es decir, el organismo, los obje­tos de estímulo, el medio de contacto y los demás factores situacio­nales que la contentan.  Buscar un locus preciso y concreto, a la ­manera de los frenólogos (antiguos y modernos) lleva a codificar en elementos simples, conceptos que han sido siempre referidos a situa­ciones de complejidad diversa.

 

Finalmente, dado que no pretende eliminar eventos a través de la eliminación de conceptos que connotan formulaciones ­rectificadas, el conductismo interactivo busca analizar las prácticas referenciales que enmarcan el uso cotidiano de dichas palabras y conceptos, para rescatar su función referencias y a partir de la identificación de los eventos referidos, iniciar su análisis conceptual y experimental correspondiente.  Este análisis del uso referencial cotidiano de conceptos mentalistas no es una mera traducción ­de palabras no conductuales a términos conductuales.  Busca la determinación de las circunstancias sociales que enmarcan su uso referencial, lo que constituye un primer paso para la identificación de ­eventos psicológicos susceptibles de ser analizados científicamente, al Reparar al evento de los conceptos deformados ideológicamente en su función denotativa.

 

Mencionábamos antes que el punto de partida de la psicología científica fue la definición del nuevo objeto de estudio: La conducta y que esto implicó, como primer paso, la eliminación de todos aquellos términos y conceptos mentalistas que constituían ancestralmente, la problemática teórica y empírica de la disciplina. El abandono de conceptos tales como mente, instinto, conciencia y otros fue sólo el primer ataque contra la especulación metafísica.  Había otras tareas importantes a realizar en el desarrollo de la nueva ciencia: l) proveer de un paradigma teórico y de investigación, y de los conceptos y definiciones iniciales requeridos; 2) Reubicar el problema de los eventos internos en el contexto de una ciencia; y 3) jerarquizar los niveles de acción teórico y experimental en relación a los diferentes grados de complejidad presentados por la conducta ­animal y humana.

 

La primera batalla se libró contra los conceptos men­talistas, y tan fuerte es la raigambre ideológica que los fundamenta que no han podido ser eliminados por completo.  La psicología moder­na continúa invadida por conceptos mentalistas, metáforas y otros más que plantean falsos problemas y provocan la confusión en la teoría y en la investigación.  Veamos, sin embargo, como se ha planteado el problema.  Decíamos antes que términos come mente y conciencia, en ­su origen, pudieron tener un referente, pero que su empleo en el con texto de una filosofía idealista los desvinculó del referente y los­ codificó, es decir, los volvió palabras cuyo inicio referente eran ellas mismas.  Las palabras se tornaron entidades autónomas-ficciones existentes, que eran necesario explicar.  Por eso fue decisivo, como paso inicial, descartar los términos como problemas de la psicología.  Las palabras no son los eventos descritos y la existencia de palabras no significa de modo alguno la existencia de eventos referentes o re­feridos.  Por eso fue importante deslindar que lo fundamental no era explicar o estudiar las palabras, pues por si mismas carecen de valor como objeto de conocimiento, sino que había que estudiar los eventos, si es que había alguna relación de referencia, a las que se aplicaban dichas palabras.  La conciencia en sí no es un problema científico. ­Lo es el definir las condiciones y los eventos a los que se aplica el término, y analizar como desarrollar conceptos y definiciones, que permitan, en el contexto del paradigma teórico de la disciplina, analizar los determinantes del campo de fenómenos.  Abandonar el término, por ­consiguiente, no significa eliminar el evento referido (si es que lo ­hay) del campo de estudio de la ciencia. Implica eliminar ficciones y sentar las bases para plantear el análisis teórico y experimental del problema.

 

El conductismo metodológico, influido por algunas ­corrientes positivistas inglesas, descartó como objeto de estudio científico todo evento que no fuera observable, es decir, condicionó la existencia de la realidad significativa a nuestra posibilidad de observarla, y a la vez planteó la posibilidad de postular conceptos que no tuvieran un referente directo, como herramientas explicativas, siempre y cuando llenaran uno de los dos requerimientos ­que a continuación describiremos.

 

El primer requisito era que el concepto tuviera la utilidad lógica de agrupar variables independientes diferentes con efectos semejantes.  A este tipo de conceptos se les denominó variables intercurrentes o intervinientes, y son ejemplo de ellos, la ­pulsión, el incentivo, la frustración, etc.  El peligro de tal pos­tulación es doble.  Por una parte, el concepto rara vez logra el propósito para el que se creó y desplaza la atención experimental hacia estudios diseñados específicamente para probar su utilidad.  Cuando el concepto demuestra eficacia teórica, se vuelve innecesario pues ­de algún modo, corresponde a un parámetro general que es el que incluye a las variables independientes agrupadas, y la postulación de la variable interviniente se vuelve redundante respecto al concepto que el parámetro en cuestión define.  Por otra, la variable intervinien­te, al postularse como un eslabón intermedio entre las variables am­bientales y las conductuales, se interna liza como una variable del organismo, y se codifica, con los problemas que esta situación plan­tea (modelo de caja negra).

 

El segundo requisito es que el concepto postulado tuviera una referencia empírica potencial.  En este caso, se le denomina constructo hipotético.  Como antecedente de esta posibilidad se cita el caso de la física y la biología, en las que los conceptos ­de átomo y de gene, respectivamente, se postularon antes de que se determinaran sus referentes empíricos.  El problema radica en que ­en la psicología, esta correspondencia o "anclaje" empírico se lle­va a efecto en el nivel neurofisiológico, lo que conduce inevitablemente a un reduccionismo explicativo que es estéril e incorrecto desde el punto de vista de los niveles teóricos de cada continente científico.

 

De algún modo, estas diferencias se ven acompañadas y determinan la naturaleza del tipo de teoría que se considera modelo del quehacer científico.  Podríamos hablar de dos grandes prototipos de teoría, en el sentido de la formulación de los conceptos y su función en la explicación y la investigación.  Por un lado, tenemos la teoría postulativa en la que los conceptos definidos a priori desempeñan un papel lógico respecto al fenómeno, cuyos parámetros ­completos se desconocen, un papel heurístico en relación a la natu­raleza de la investigación por realizar (prueba de hipótesis) y un papel explicativo en términos de su potencia predictiva y formalizante. Por otro lado, tenemos la teoría organizativa, en donde existen tres clases de conceptos.  Inicialmente, lo que llamaríamos conceptos tautológicos, empíricamente vacíos, que consisten en conjuntos de de­finiciones clasificatorias de la realidad y lógicamente exhaustivas.  Un segundo tipo de conceptos son los que denominaríamos parametritos, y que surgen a partir de los datos experimentales.  Su función es organizar la información de manera cuantitativa, paramétrica y sistemática, a la vez que señalar las condiciones bajo las cuales se cumplen ciertas relaciones y la apertura de nuevas dimensiones de investigación.  Un tercer tipo de conceptos son los que hacen referencia a procesos como niveles de organización de los eventos independientemente de las operaciones empleadas para producirlos y medirlos. En otras palabras, en las teorías postulativas la naturaleza del c­oncepto determina las propiedades de los eventos a estudiar, mientras que en las teorías organizativas son las propiedades de los eventos las que determinan la naturaleza del concepto a emplear.

Hay un inconveniente común a la postulación de variables intervinientes y constructos hipotéticos: la internalización de las "causas" del comportamiento.  Se olvida la función estrictamen­te lógica de los conceptos y se les convierte en entidades o proce­sos causales de la conducta, con lo que inevitablemente se cae en u­n mentalismo, sólo que ahora con un lenguaje fisicalista engañoso. ¿Cuál es entonces el status de los eventos internos? ¿Cómo se pueden considerar en una ciencia sin caer en posturas metafísicas?

 

Erróneamente se ha igualado la dimensión objetivo-subjetivo con la dimensión publico-privado.  El conductismo metodológico ha considerado a los eventos privados como eventos no objetivos, es decir, no asequibles al conocimiento científico, aspecto en el que como ya hemos dicho, discrepa tajantemente del conductismo interacti­vo. Para este ultimo, la posibilidad de observación pública de un evento no determina su objetividad.  El evento es objetivo en tanto ocurre, independientemente de su verificabilidad pública.  En este sentido, no hay diferencia "ontológica" entre los eventos públicos y privados y por consiguiente, las mismas leyes se aplican a ambos tipos ­de eventos.  La diferencia entre el evento público y el evento priva­do yace en la posibilidad de registrarlo por observadores independientes.  El evento publico es susceptible de ser observado por un organismo o persona (en el caso del ser humano) distinto del organismo que protagoniza dicho evento.  Por el contrario, el evento privado es sólo accesible al propio organismo.

 

¿Qué hacer con los eventos privados?  La respuesta es múltiple.  Primero, refinar cada vez más la definición de la relación de campo en que se da el evento.  Segundo, adscribir teóricamente al evento privado las mismas propiedades que al evento público, y por consiguiente, englobarlo bajo las mismas leyes y principios que al evento publico.  Tercero, mejorar los sistemas de instrumentación para detectar y medir sus propiedades como referente molecular de un campo.  Y cuarto, analizar experimentalmente cómo un evento privado se vuelve publico y cómo la sociedad condiciona y es condicionada a describir ­y a responder al evento respectivamente.  Es fundamental reiterar, sin embargo, que el evento privado hace sólo referencia a la autodescrip­ción lingüística de un comportamiento o estado componente de una relación de campo interactiva, y que de ninguna manera, equivale a la postulación de eventos "internos" que tienen lugar exclusivamente en una concepción organocéntrica de la conducta.

 

Lo que es inadmisible, es proceder como ha hecho el conductismo metodológico: negar la objetividad del evento privado, substituirlo por una ficción conceptual y codificar las palabras, convirtiéndolas en objeto de estudio o en "causas" del comportamiento.  Para concluir con este punto, es conveniente hacer mención de la fuente de estos conceptos hipotéticos que substituyen a los eventos internos.  Las ficciones explicativas tienen un doble origen.  Por un lado, surgen del lenguaje vulgar o no científico.  El lenguaje cotidiano se transforma en "cosa" u "objeto" y se recurre a él como elemento explicativo, desvinculando a la palabra de su origen referencial.  Es así, como la psicología está plagada de conceptos tales como miedo, enojo, tristeza, etc.  Estos términos, en el lenguaje cotidiano, se utilizaron (y se emplean parcialmente) corno descripciones de conductas que ocurren.  Digo que alguien "está" triste cuando llora o está cabizbajo, y digo que alguien "tiene miedo", cuando se aleja o tiembla en una situación.  Sin embargo, el "estar triste" o "tener miedo" (obsérvese la forma posesiva u orgánica del concepto vuelto ya objeto) no es una causa del llorar o el alejarse. ¡Es sinónimo de ellos!, pues ¿de qué otro modo podemos determinar que alguien tiene miedo o está triste?  En realidad, aplicamos los términos en tanto que observamos los comportamientos correspondientes, y de ningún modo es válido transformar la descripción o lo descrito en su propia explicación.  Esto de ningún modo significa que: 1) el alejarse o el llorar, como componentes de un segmento molar, sea toda la conducta a describir, en exclusión de eventos fisiológicos o externos adicionales, o que 2) estemos parafraseando una teoría parecida a la de James Lange sobre las emociones, en que se afirmaba que estamos tristes porque lloramos, pues en realidad decimos que estamos tristes en tanto lloramos.  La tristeza es una categoría descriptiva de un evento complejo y de modo alguno es un "proceso" o entidad interna, causada o causante de otro evento.

Las emociones son conductas complejas inherentes a muchos organismos, tienen su base y razón de ser en la naturaleza biológica, pero en el caso de los humanos,

estas conductas "emocionales" o simplemente "emociones" como la Alegría, Tristeza, Euforia, Nostalgia, Coraje, etc., son en la mayoría de los casos conductas "aprendidas", en el sentido de que su ocurrencia se da bajo condiciones complejas no naturales. Por ejemplo, el llanto de una chica por una lesión sufrida es una respuesta biológica, no aprendida, mientras que el llanto de la misma chica ante la separación de su novio, es una conducta emocional "aprendida", en efecto es una respuesta de su organismo pero ante una situación establecida por experiencias previas de aprendizaje.

 

La segunda fuente de conceptos ficcionales son otras disciplinas, normalmente abocadas al análisis de niveles menos molares de fenómenos.  Se toman los cuerpos teóricos de otra disciplina como "modelos" descriptivos y de explicación del comportamiento, postura reduccionista por excelencia.  Así, se inventan "energías", "potenciales", "memorias", "filtros", "procesadores de información", "traductores" y muchos otros "objetos" internos ficticios.  El modelo lógico supone la carencia de un análisis experimental riguroso del fenómeno y la elección inadecuada de un objeto de estudio y del nivel explicativo y definicional correspondiente (modelo de la caja negra).

 

Pasemos ahora a revisar brevemente el papel desempeñado por Kantor y Skinner en la consolidación de la Psicología científica al desarrollar el conductismo radical y/o psicología interconductual.  En principio, podríamos separar los campos de contribución de cada uno de ellos.  Kantor es el creador de un marco teórico general, mientras que Skinner es el investigador, diseñador de paradigmas y procedimientos experimentales y sistemas iniciales de definiciones.

 

Aun cuando Kantor antecede históricamente a Skinner, analizaremos primero la aportación de este último, pues de algún modo las limitaciones naturales de sus contribuciones en el desarrollo de la nueva ciencia, señalaron la importancia de las demarcaciones teóricas expuestas inicialmente por Kantor.

 

Skinner, fisiólogo de entrenamiento, entra al campo de la psicología, desfisiologizando la unidad de análisis empleada por Pavlov y propuesta por Watson como elemento conceptual básico: el paradigma del reflejo ESTIMULO-->RESPUESTA.  Demuestra que el reflejo, en la propia biología, no es más que la referencia a una covariación de elementos y no una "entidad" neural almacenada.  Toma el procedimiento del reflejo condicionado (o mejor dicho condicional) Pavloviano y lo amplia al caso del aprendizaje por ensayo y error estudiado por Thorndike, ahora llamado condicionamiento operante o instrumental.  Sin embargo, el paradigma experimental heredado, aun cuando ampliado, posee tres graves limitaciones. La primera, es que conduce a un nivel teórico de explicación lineal (x =f(y)). La segunda es que discretizó, fragmentando en exceso, un fenómeno por naturaleza continuo: la conducta. La tercera, es que al restringirse al caso de la condicionalidad o contingencia (a pesar de que experimentalmente descubrió parámetros más generales), ocasionó problemas teóricos y empíricos todavía por resolver en nuestros días (la necesidad de usar unidades que se afectan así mismas, extrapolaciones de conceptos a niveles de complejidad que rebasan su definición original, contaminación experimental de las variables, indefinición de grupos de variables, etc.). Estos problemas se irán analizando con cuidado en cada caso.  No obstante, es importante aclarar que las limitaciones a las que hacemos referencia no son atribuibles a Skinner como persona dedicada a la ciencia, sino que son problemas naturales en el desarrollo de una ciencia en una etapa particular de su historia, muy especialmente en sus inicios, cuando existe más ruido que "señales" para emplear una metáfora.

 

Kantor, es fundamentalmente un teórico, cuya aportación se integra al trabajo de Skinner y otros de manera limitada en un principio.  Sin embargo, en el momento actual, la necesidad de revisar los fundamentos de nuestra ciencia para avanzar en el análisis del cada vez mayor y más complejo número de datos y problemas, ha tornado relevante la contribución de Kantor, quien genialmente anticipó en medio siglo, las soluciones teóricas generales requeridas por la psicología.  Kantor insistió en las limitaciones del paradigma de condicionamiento para explicar conductas complejas, y en la necesidad de desarrollar una teoría de campo, y no esquemas lineales de explicación.  Sistematizó conceptos y definiciones apenas apuntados por Skinner en el contexto de su trabajo experimental: la distinción entre objeto y función de estímulo, los factores disposicionales, la historia del organismo, el medio de contacto, etc.  En capítulos posteriores abundaremos sobre estos proble­mas con detalle.  Baste decir que, si hubiera que nombrar a las tres columnas sobre las que se erigió la nueva psicología científica, se tendría que hablar de J. B. Watson, J. R. Kantor y B. F. Skinner.

Vulnerabilidad a la ansiedad

Por feyerabend - 3 de Septiembre, 2008, 3:40, Categoría: General

 

Vulnerabilidad a la ansiedad

Juan Carlos Stagnaro

Médico psiquiatra (UBA)
Subdirector de Carrera de Médico Especialista en Psiquiatría, Fac. de Medicina (UBA)
JTP del Depto. de Salud Mental y del Instituto de Historia de la Medicina, Fac. de Medicina (UBA)


INTRODUCCIÓN

Desde la medicina griega se ha verificado que los individuos tienen distintas posibilidades de enfermar y de adaptarse a condiciones psíquicas y físicas que exijan un esfuerzo particular a su equipamiento natural. Es decir, que habría una disposición previa (una pre-disposición) que otorgaría una fragilidad particular a determinadas personas en su resistencia a ciertas enfermedades y, por ende, las volvería más fácilmente víctimas de ellas y/o les haría más o menos grave la evolución de las mismas, ensombreciendo o tornando más optimista el pronóstico del cuadro una vez instalado.

CONCEPTOS TEÓRICOS

1) Disposición, terreno y diátesis
Para incorporar esa comprobación empírica de una disposición mórbida al arsenal epistémico de la teoría médica se ha recurrido a diversos términos que, aunque aludiendo siempre a la misma noción general, fueron expresando la incorporación de nuevos conocimientos sobre la estructura y el funcionamiento de la persona y, también, diversas influencias ideológicas y éticas sobre la concepción que nuestra cultura ha ido adoptando respecto de la definición de hombre sano y enfermo.

Fue así como se introdujo, metafóricamente, en la clínica el término terreno para significar que los seres humanos, como la tierra, pueden revelarse, ante ciertas condiciones, fértiles y fructíferos o pobres, débiles y hasta estériles. Las potencialidades del "terreno" se pondrán de manifiesto ante ciertas condiciones y exigencias; y el labriego avisado podrá prever los cuidados que debe prodigar, y el rendimiento que puede esperar de cierta parcela, a partir del color de su terrón, de las hierbas que la parasitan, de su humedad habitual y de la intensidad del sol que la baña. Mutatis mutandis los médicos comenzaron a utilizar, en su razonamiento clínico y terapéutico, el concepto de "terreno" para designar un "saber" anticipado sobre los eventos patológicos que podían acaecer en un individuo, o una explicación a posteriori para reforzar el diagnóstico y/o formular el pronóstico en un enfermo.

Dicho saber provenía de su complexión física, su estado nutricional, los antecedentes familiares, la respuesta a enfermedades sufridas anteriormente, el momento vital (infancia, senectud, embarazo), etc.

Sin embargo, este concepto clásico de terreno resultó muy impreciso ya que reunía un conjunto indiscriminado de factores, tanto constitucionales como adquiridos, preexistentes a la aparición de una enfermedad y pudiendo favorecer su aparición o condicionar el pronóstico. En consecuencia, la noción tradicional de "terreno mórbido" fue siendo sustituida, poco a poco, por datos más precisos, aunque múltiples y diversos, correspondiendo cada uno a una anomalía o característica genómica.

Lentamente, a la luz de los aportes realizados por la genética, se fue imponiendo el concepto de diátesis, entendida ésta, como "la exteriorización fenotípica de un genotipo anormal, caracterizado por una predisposición a contraer ciertas enfermedades" (8).

Sin embargo, los aportes que fueron introduciendo las teorías sobre el desarrollo humano obligaron a atemperar los alcances de la noción de diátesis por su exagerado acento puesto en el determinismo biológico. Y porque, por otro lado, el mismo concepto de diátesis está cargado negativamente al significar una debilidad o un defecto, con el consiguiente riesgo de deslizamientos eugénicos.

Un ejemplo, proveniente de la investigación en embriología, puede ilustrar la primera de estas críticas. El término "epigénesis" fue acuñado para designar a la manera como un individuo es influenciado en su desarrollo (ontogénesis) por su interacción con el medio. El cachorro humano nace inmaduro (prole inepta) y las potencialidades de su patrimonio genético se realizan a lo largo de una prolongada epigénesis en la cual el medio ambiente, particularmente el familiar, tiene un papel indispensable para una correcta maduración. El éxito de ese proceso de maduración estructurante como sujeto humano surge de la dialéctica entre lo innato y lo adquirido, no en forma mecánica sino a través de una delicada modulación en la expresión del potencial genético. Ese juego deja inscripta en la biografía de cada uno la impronta de su particular manera de devenir un cuerpo anatomofisiológico adaptado y, simultáneamente, un sujeto inmerso en el orden simbólico del lenguaje, capaz de identificarse en su condición de sexuado y mortal.

De esta manera la expresión fenotípica de un determinado gen o conjunto de genes se verá condicionada históricamnete en la vida de un individuo por múltiples factores exógenos provenientes del entorno social, cultural y ecológico.

2) Las series complementarias

En un aporte de alcances insospechados por su riqueza conceptual, Sigmund Freud sintetizó en sus "Lecciones de introducción al psicoanálisis" (1916/17) -mucho antes de estos aportes de la ciencia contemporánea- la articulación de diversos factores causales de la neurosis en su modelo de las series complementarias (12).

A propósito de la etiología de las neurosis Freud rechazó las explicaciones exclusivamente basadas en la frustración, capaces de generar un vivenciar accidental traumático del adulto (factor inmediato y externo) o en la fijación de la libido en etapas precoces del desarrollo (factor remoto e interno), señalando que la neurosis resultaba de una combinación, en proporciones variables e inversamente proporcionales, de ambos factores y agregando que la fijación, a su vez, resultaba de otra serie formada por lo constitucional (genético) y las vivencias infantiles. El concepto de series complementarias, que aquí comentamos muy suscintamente por razones de espacio y que entraña una mucho mayor complejidad, le permitió así colocar la comprensión de las neurosis en una serie combinatoria particular para cada caso (Fragmento 1).

Esta teorización de Freud puede servir como base para ser aplicada a otros dominios de la patología en los que intervienen igualmente una serie de factores articulados en sus efectos en forma inversamente proporcional los unos de los otros.

3) Vulnerabilidad

El término vulnerabilidad ha sustituído al de diátesis en la literatura psiquiátrica reciente y ha sido aplicado a las condiciones de aparición del síndrome depresivo, del síndrome esquizofrénico o del alcoholismo (15, 24). De la misma manera se ha considerado útil utilizar el término vulnerablilidad en relación con la ansiedad o angustia (*).

La vulnerabilidad se refiere explícitamente a una predisposición a nivel genético, ambiental y fenotípico. Pero se puede ir más allá en el análisis de este concepto. Se puede pensar la vulnerabilidad no como defecto sino como potencia (15).

En otros términos, la vulnerabilidad puede ser definida como una disposición innata expresada en función de lo adquirido -en diversos momentos de la vida, aún en los muy tempranos- a un determinado desarrollo fenotípico; es decir, una capacidad, y no un destino irremediable e irreversible (2, 7, 19).

Esta perspectiva para entender la vulnerabilidad le otorga al concepto una fructífera utilidad ya que permite articular los datos provenientes del patrimonio genético de un individuo con los determinantes ambientales, ya fueran estos precoces -durante la etapa del desarrollo- o más tardíos. El termino "capacidad" significa, entonces, simplemente, que una persona tiene una aptitud fenotípica para desarrollar conductas específicas en ciertas condiciones.

Se despeja así el riesgo de caer en determinismos rígidos y se puede analizar cada caso en sus aspectos etiopatogénicos, pronósticos y terapeúticos combinando factores en una ecuación dinámica y plástica a la vez.

También se evita ese fatalismo biológico con riesgos de eugenismo, mencionado más arriba, engendrado en una perspectiva genética demasiado determinista.

Es importante despejar en ese sentido el error de atribuir a causas genéticas aquello adquirido muy precozmente que por hundirse en el olvido de sus allegados o no ser registrado en la memoria consciente del sujeto pareciera "venir" predeterminado en el genoma (seudo-herencia) (27).

LOS CUADROS DE ANSIEDAD O ANGUSTIA: PRIMERAS DESCRIPCIONES CLÍNICAS

En múltiples aportes de numerosos maestros de la psiquiatría se fue forjando poco a poco, a largo del tiempo, una doctrina tendiente a englobar todos los fenómenos presentes en el horizonte clínico. Tal gestión no fue nunca pareja ni gozó siempre de consenso absoluto volcándose con cierta frecuencia hacia una vertiente u otra. Sin embargo la lectura atenta de las observaciones clínicas de numerosos autores desde el siglo XIX muestra que un hilo conductor recorrió la clínica, dando cuenta de esa ecuación etiológica cada vez que se hizo el esfuerzo de conceptualizar el origen de la angustia o ansiedad: siempre hizo falta que el sujeto dispusiera de una capacidad particular para desarrollar un cuadro patológico como para que expuesto a ciertas circunstancias revelara su vulnerabilidad (se presentan algunos ejemplos en los Fragmentos 2,3,4 y 5).

Se fueron así desgranando descripciones que sentaron las bases de los cuadros que ocupan las nosografías contemporáneas: E. Brissaud publica en La Semaine Médicale en 1890 su trabajo "La ansiedad paroxística", ancestro de los actuales estados de pánico (3); otro tanto hace H. Legrand du Saulle con la publicación, en 1875, de su "Locura de la duda (con delirio del tacto)" (21) -que anticipará la Neurosis obsesiva de Freud y el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) contemporáneo- dirección en la que partirá P. Janet dando forma, años después, a su magistral trabajo de 1903 sobre "Las obsesiones y la psicastenia" (14); C. Westphal aporta, en 1872, el análisis semiológico de "La Agorafobia" (26), el cual suscitará numerosas comunicaciones -entre las que figura el célebre trabajo de Legrand du Saulle leído en la sesión de la Société Médico-Psychologique de Paris en 1876- titulado "Sobre el miedo a los espacios" (22).

Fragmento 1 (12)

La fijación libidinal del adulto, que hemos introducido en la ecuación etiológica de las neurosis como representante del factor constitucional, se nos descompone ahora, por tanto, en otros dos factores: la disposición heredada y la predisposición adquirida en la primera infancia. Sabemos que un esquema contará seguramente con la simpatía de los estudiantes Resumamos entonces el juego de las relaciones en un esquema:

Constitución sexual + Vivenciar infantil

Predisposición por fijación libidinal + Vivenciar accidental traumático del adulto

Neurosis

Sigmund Freud, 1916

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