El doble vínculo (Gregory Bateson)
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December 24th, 2008 at 2:13 am (>> TOTAL, Bateson, Gregory)
Hacia una teoría de la esquizofrenia Bateson, G; Jackson, D; Haley, J y Weakland, J. (Original: 1956. Fragmento) En: Interacción familiar. Aportes fundamentales sobre teoría y técnica. Ediciones Buenos Aires, 1980, cap. 1.
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El doble vínculo Los ingredientes necesarios para una situación de doble vínculo son, en nuestra opinión, los siguientes:
1. Dos o más personas. De ellas, y a los fines de nuestra definición, desigamos a una como la “víctima”. No suponemos que la madre sola imponga el doble vínculo, sino que ello puede deberse a la madre sola o a alguna combinación de madre, padre y/o hermanos.
2. Experiencia repetida. Suponemos que el dobe vínculo es un tema recurrente en la experiencia de la víctima. Nuestra hipótesis no implica una única experiencia traumática, sino experiencias tan repetidas que la estructura del doble vínculo llega a constituir una experiencia habitual.
3. Una instrucción negativa primaria. Puede tener una o dos formas: a) “No hagas esto o te castigaré” o b) “Si no lo haces te castigaré”. Seleccionamos aquí un contexto de aprendizaje basado en la evitación del castigo antes que un contexto de búsqueda de recompensa. Quizá no existan motivos formales para esta elección. Suponemos que el castigo puede ser el retiro del amor o la manifestación de odio o rabia o, lo cual es más catastrófico, el tipo de abandono que resulta de la expresión de extremo desvalimiento por parte de los padres (1).
4. Una instrucción secundaria que contradice a la primera en un nivel más abstracto y, como la primera, está reforzada por castigos o señales que ponen en peligro la supervivencia. Esta instrucción secundaria es más difícil de describir que la primaria por dos motivos.Primero, la instrucción secundaria por lo común es comunicada al niño por medios no verbales. Pueden utilizarse la postura, el gesto, el tono de la voz, la acción significativa y las implicaciones del comentario verbal para transmitir ese mensaje más abstracto. Segundo, la instrucción secundaria puede incidir sobre cualquier elemento de la prohibición primaria; por lo tanto, la verbalización de la instrucción secundaria puede incluir una amplia variedad de formas. Por ejemplo: ” No veas esto como un castigo”; “No me veas como un agente de castigo”; “No te sometas a mis prohibiciones”; “No pienses en lo que no debes hacer”; “No pongas en duda mi amor, del cual la prohibición primaria es (o no es) un ejemplo”, etc. Otros ejemplos se vuelven posibles cuando no es un individuo, sino dos, los que crean el doble vínculo. Por ejemplo, puede negar en un nivel más abstracto las instrucciones del otro.
5. Una instrucción negativa terciaria que prohibe a la víctima escapar del campo. En un sentido formal, quizá sea innecesario incluir esta instrucción como un ítem separado, ya que el refuerzo en los otros dos niveles implica una amenaza para la supervivencia y, si los dobles vínculos se imponen durante la infancia, la huida resulta naturalmente imposible. Con todo, parecería que en algunos casos la posibilidad de abandonar el campo es anulada por ciertos recursos que no son puramente negativos. Por ejemplo, promesas caprichosas de amor, etc.
6. Por último, todos estos ingredientes ya no son necesarios cuando la víctima ha aprendido a percibir su universo en patrones de tipo doble vínculo. Casi cualquier parte de la secuencia del doble vínculo puede bastar entonces para desencadenar pánico o rabia. El patrón de instrucciones conflictuales puede incluso quedar a cargo de voces alucinatorias.
El efecto del doble vínculo
En la religión oriental, el budismo Zen, la meta consiste en alcanzar la Iluminación. El maestro Zen trata de llevar a su alumno a la Iluminación, de diversas maneras. Una de las cosas que hace es sostener una varilla sobre la cabeza del discípulo y decir ferozmente: “Si dices que esta varilla es real, te golpearé con ella. Si dices que esta varilla no es real, te golpearé con ella. Si no dices nada, te golperaré con ella”, Pensamos que el esquizofrénico se encuentra constantemente en la misma situación que el discípulo, pero lo que alcanza es desorientación antes que iluminación. El discípulo Zen podría incorporarse y quitarle la varilla al maestro y este podría aceptar esa respuesta, pero el esquizofrénico no cuenta con esa posibilidad ya que, en su caso, no se trata de que la relación no le importe, y las metas y la capacidad de discriminación de su madre no son como las del Maestro. Sugerimos que toda vez que se produce una situación de doble vínculo cesa la capacidad de cualquier individuo para discriminar entre los tipos lógicos. Estas con las características generales de tal situación:
1. Cuando el individuo participa en una relación intensa, esto es, una relación en la que siente que es de importancia vital discriminar acertadamente qué tipo de mensaje se le comunica, para poder responder adecuadamente.
2. El individuo se ve atrapado en una situación en la que la otra persona expresa dos órdenes de mensajes y uno de ellos niega al otro.
3. El individuo es incapaz de efectuar un comentario acerca de los mensajes que recibió para corregir así su discriminación en cuanto a qué orden de mensaje debe responder, esto es, no puede hacer una intervención metacomunicativa.
Hemos sugerido que éste es el tipo de situación que se produce entre el pre-esquizofrénico y su madre, pero también existe en las relaciones normales. Cuando una persona se ve atrapada en una situación de doble vínculo, responde defensivamente de una manera similar a la del esquizofrénico. Un individuo adscribirá un sentido literal a una metáfora cuando se encuentre en una situación en la que le es preciso responder, en la que enfrenta mensajes contradictorios y cuando no puede comentar acerca de las contradicciones. Por ejemplo, cierto día un empleado volvió a su casa en horas de oficina. Una compañera lo llamó por teléfono y le dijo en tono jocoso: “Bueno, ¿cómo llegaste allí?” El empleado respondió: “En auto”. Respondió literalmente porque enfrentaba un mensaje en el que se le preguntaba qué estaba haciendo en su casa cuando, en realidad, tendría que haber estado en la oficina, pero que, debido a la forma en que estaba expresado, negaba que esa pregunta se hiciera (puesto que el emisor consideraba que en realidad no era asunto suyo, habló en términos metafóricos). La relación era lo bastante intensa como para que la víctima sintiera dudas acerca de cómo sería utilizada la información y, por ende, respondió en forma literal. Esto es característico de todo el que se siente interrogado, como lo demuestran las cuidadosas respuestas literales de un testigo en un tribunal. El esquizofrénico se siente constantemente bajo un intenso interrogatorio, por lo que habitualmente responde con una insistencia defensiva en el nivel literal cuando éste resulta totalmente inadecuado, por ejemplo, cuando alguien bromea. Asimismo, los esquizofrénicos confunden lo literal y lo metafórico en sus propias manifestaciones, cuando se sienten atrapados en un doble vínculo. Por ejemplo un paciente puede experimentar deseos de criticar al terapeuta porque éste llega tarde a la sesión, pero puede sentirse inseguro con respecto a qué clase de mensaje constituyó el acto de llegar tarde, sobre todo si el terapeuta ha anticipado la reacción del paciente y le pide disculpas. El paciente no puede decir: “¿Por qué llegó tarde? ¿Es que no quiere verme hoy? Esto sería una acusación, por lo que utiliza en cambio una aseveración metafórica y dice: “Una vez conocí a un tipo que perdió un barco, se llamaba Sam y el barco casi se hundió… etc.”. Así, desarrolla un relato metafórico y el terapeuta puede o no descubrir en él un comentario acerca de su tardanza. Lo que la metáfora tiene de conveniente es que hace que dependa del terapeuta (o de la madre) ver una acusación en el mensaje o pasarla por alto si lo prefiere. Si el terapeuta acepta la acusación en la metáfora, entonces el paciente puede aceptar que su aseveración con respecto a Sam es metafórica. Si el terapeuta señala que ese relato no parece verdadero, para evitar así la acusación contenida en él, el paciente puede argüir que en realidad existió un hombre que se llamaba Sam. Como respuesta a la situación de doble vínculo, el uso de una aseveración metafórica proporciona seguridad; sin embardo, también impide que el paciente formule la acusación que desea hacer. Pero, en lugar de transmitir esa acusación en lugar de que se trata de una metáfora, el paciente esquizofrénico parece tratar de mostrar que es una metáfora haciéndola más fantástica. Si el terapeuta pasa por alto la acusación contenida en el relato sobre Sam, el esquizofrénico puede recurrir entonces a un cuento en el que viaja a Marte en un cohete espacial, con el propósito de hacer su acusación. La indicación de que se trata de una aseveración metafórica radica en el aspecto fantástico de la metáfora, no en las señales que habitualmente acompañan a las metáforas para informar al que escucha que se trata de una metáfora. No sólo es más seguro para la víctima de un doble vínculo recurrir a un orden metafórico de mensaje, sino que, en una situación imposible, conviene cambiar y convertirse en otra persona, o bien cambiar e insistir en que se está en otra parte. El doble vínculo no puede entonces actuar sobre la víctima, porque no se trata de él y, además, está en otro lado. En otras palabras, las aseveraciones que muestran que un paciente está desorientado pueden interpretarse como maneras con que éste se defiende de la situación en que se encuentra. La patología aparece cuando la víctima misma no sabe que sus respuestas son metafóricas o no puede decir que lo son. Para reconocer que habla en términos metafóricos tendría que tomar conciencia de que se está defendiendo y que, por ende, teme a la ptra persona. Para él, tal toma de conciencia implicaría condenar a la otra persona y, en consecuencia, provocaría un desastre. Si un individuo ha tenido toda su vida el tipo de relación de doble vínculo descripta aquí, su manera de relacionarse con la gente después de un derrumbe psicótico tendrá un patrón sistemático. En primer lugar, no compartirá con las personas normales las señales que acompañan a los mensajes para indicar lo que una persona quiere decir. Su sistema metacomunicativo - las comunicaciones sobre la comunicación - se habría desecho, y no sabría de qué clase de mensaje se trata. Si una persona le dijera: “¿Qué te gustaría hacer hoy?”, sería incapaz de juzgar acertadamente por el contexto o por el tono de voz o el gesto, si se lo condena por lo que ha hecho el día anterior, si se le hace una invitación sexual o simplemente qué se le quiere decir. Dada esta incapacidad para juzgar con precisión lo que una persona realmente quiere decir y dada la excesiva preocupación por lo que realmente se quiere decir, un individuo podría defenderse eligiendo entre varias alternativas. Por ejemplo, podría suponer que detrás de cada aseveración hay un significado oculto que amenaza su bienestar. Se preocuparía entonces excesivamente por los significados ocultos y estaría decidido a demostrar que es imposible engañarlo, como le ha ocurrido toda la vida. Si elige esta alternativa, se dedicará a buscar significados detrás de todo lo que la gente dice y de los acontecimientos casuales en el medio, y mostrará una típica conducta suspicaz y desafiante. Podría elegir otra alternativa y aceptar literalmente todo lo que la gente le dice. Cuando el tono o el gesto o el contexto contradice lo que la gente manifiesta, podría establecer un patrón consistente en reírse de esas señales metacomunicativas. Renunciaría entonces a tratar de discriminar entre niveles de mensaje y trataría todos los mensajes como triviales o risibles. Si no se vuelve suspicaz con respecto a los mensajes metacomunicativos ni trata de reírse de ellos, puede preferir pasarlos por alto. Para tal fin le resultaría necesario ver y oir cada vez menos lo que sucede a su alrededor y hacer lo posible por evitar respuestas por parte del medio. Trataría de apartar su interés del mundo externo y de concentrarse en sus propios procesos internos y, así, daría una impresión de retraimiento y mutismo. Esto significa que si un individuo no sabe a qué clase de mensajes pertenece un mensaje puede defenderse de maneras que han sido descriptas como paranoide, hebefrénica o catatónica. Estas tres alternativas no son las únicas. Lo importante es que no puede elegir precisamente aquella alternativa que lo ayudaría a descubrir qué quiere decir la gente; no puede desentrañar sin ayuda externa los mensajes de otros. En tales condiciones, el ser humano se asemeja a cualquier sistema autocorrector que ha perdido su regulador y que gira en distorsiones inacabables, aun cuando siempre sistemáticas.
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1. En la actualidad estamos refinando nuestro concepto de castigo. Tenemos la impresión de que implica la experiencia perceptual bajo un aspecto que no está incluido en la noción de “trauma”.
______________ Fuente: http://www.esnips.com/doc/a471e7cf-b4c9-471d-b3b5-734cae2355e9/bateson_doble-vínculo
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Por feyerabend - 9 de Enero, 2010, 15:40, Categoría: General
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“Yo apuesto a la inteligencia del autista”
“Yo apuesto a la inteligencia del autista”
El autismo no es una enfermedad, sino un modo diferente de procesar la información: así lo sostiene, luego de una experiencia de 20 años, el canadiense Laurent Mottron. En diálogo con Página/12, el prestigioso investigador explicó por qué “es central convencer a la familia y a los maestros de que un niño autista puede lograr el más fino nivel de desarrollo”.
Por Carolina Duek
“Cuando nos enfrentamos a un niño autista tenemos que apostar a su inteligencia”, sostiene Laurent Mottron, quien desde hace más de 20 años investiga el tema en el Hospital Rivière des Prairies de Montreal, Canadá, que fundó y dirige. Sus investigaciones sobre percepción, memoria e inteligencia en el autismo lo condujeron a un nuevo enfoque. Sostiene que los niños autistas poseen habilidades especiales, que la familia y el entorno deben fomentar. “Lo que nos interesa es convencer a la familia y a los maestros de que se puede intentar lograr el nivel de adaptación más fino, desarrollar sus potenciales”, sostiene Mottron. El destacado especialista visitó la Argentina, donde dictó una serie de conferencias. –¿Cuál es el enfoque de sus estudios sobre el autismo infantil?–La mayoría de mis trabajos se refiere al procesamiento de la información en el autismo. Lo hacemos a través de la observación de sus conductas en lo visual, lo auditivo, lo verbal y también lo no verbal, como por ejemplo la discriminación de sonidos o las dimensiones físicas del espacio y objetos que rodean a la persona. Otra manera de ver cómo procesan la información es a través de las interacciones sociales, como el reconocimiento de rostros y voces familiares, y la relación con sus pares. Esto último es de interés especial porque el autismo suele ser definido como una dificultad primaria en el procesamiento de la información social. Sin embargo, desde hace 20 años, la mayoría de mis trabajos están dirigidos a demostrar que el autismo no es un problema primario en el procesamiento de la información social, sino que su conducta social es el resultado de un modo distinto de procesar la información. –¿De qué modo la conducta social puede derivar del procesamiento de la información?–Nuestras primeras investigaciones mostraron que los autistas funcionan de manera diferente en varias áreas cognitivas no sociales. Teniendo en cuenta que los seres humanos somos seres sociales, las pequeñas diferencias que pueda haber en el procesamiento se hacen muy visibles en la interacción social. Lo que encontramos es que esta diferencia en el procesamiento va generando una cadena, y lo que uno ve en el comportamiento social es un efecto –subraya Mottron– de esta cadena. Así como, por ejemplo, en la diabetes existe un gen que altera el primer funcionamiento y lo que uno ve como resultado, al final de la cadena, es la enfermedad, en el autismo pasa algo similar. La conducta de los autistas es el resultado de las diferencias en el funcionamiento de la cadena, generadas por una forma diferente de procesar la información inicial. Así planteada, mi investigación llegó a un punto complejo, donde tuve que asociarme con otros grupos de investigación para ver los correlatos físicos o neurofisiológicos de los hallazgos en el procesamiento. Estos hallazgos me ayudaron a encontrar conocimientos sobre la base de la inteligencia en general. –¿Qué entiende por inteligencia?–Para responder sobre esto, hay que tener muchos recaudos. Considerando que el 75 por ciento de los autistas tiene retraso mental, en la mayoría de las investigaciones científicas que se han hecho sobre autistas de alto funcionamiento se estudiaba el 25 por ciento restante; se consideraba que aquel 75 por ciento era muy difícil de estudiar. Nosotros utilizamos un tipo de test de inteligencia no basado en el lenguaje, el test de Raven, justamente para evaluar a autistas que habían sido considerados con retraso mental según el test de Wechsler: esto nos permitió medir la inteligencia en otras áreas, sin que los resultados sobre el nivel de inteligencia se viesen reducidos por las grandes dificultades verbales que tenían muchos de ellos. Pudimos encontrar que sus habilidades se elevaban, daban muy por encima de lo que hubiéramos pensado. El personaje de la película Mi pie izquierdo no podía escribir con la mano, pero cuando lo hacía con el pie demostraba su real nivel de inteligencia. –¿Cómo prosiguió la investigación?–Esos hallazgos están siendo replicados en grupos de autistas puros, es decir, sin otros problemas neurológicos. Los resultados muestran que, cuando se sobrepasan las dificultades verbales, los niveles son más altos en aquellos autistas que no tienen enfermedades neurológicas, los cuales representan el grupo más importante. Es fascinante, porque tratamos de trasladar los resultados de los tests a estudios de resonancia magnética funcional y de encontrar los correlatos de inteligencia en este modo diferente de procesar que tienen. En la elección del modo de medición es muy importante tener en cuenta que son personas; uno no puede ignorar sus particulares formas de procesar o sus destrezas. Desde el punto de vista ético, es importante desarrollar los trabajos sobre inteligencia tomando en cuenta que las personas no pueden ser jerarquizadas en base a un prototipo. Por mi parte traté de estudiar, en los distintos subgrupos de autistas, cómo era su inteligencia. Dejando de lado por un momento al grupo de autistas con enfermedades neurológicas, hay otra proporción, sin compromiso neurológico, en quienes evaluamos su forma diferente de funcionar. –¿Cómo es, de acuerdo con estas investigaciones, su propuesta de trabajo?–Cuando nos enfrentamos a un niño autista tenemos que apostar a su inteligencia. Al observar las conductas repetitivas y las grandes dificultades para comunicarse que tiene un niño autista de dos a cuatro años, uno tiene que tener en cuenta que, sin embargo, puede estar realizando un procesamiento lateral. Mientras demuestra una conducta que parece meramente repetitiva, puede estar atendiendo a un cuento que se les presente: pero no nos pueden demostrar ese procesamiento. Y su forma de jugar puede parecer totalmente diferente de la de los niños típicos: no parece interesarse en lo novedoso, lo cual es habitual en los niños, sino en las formas de utilizar cada objeto. Por ejemplo, si a un chico que no es autista le damos una varilla, puede quebrarla, pegarnos con ella, esconderla en algún lugar. El chico autista, si está interesado, por ejemplo, en lo que da vueltas, la hará girar, y de este modo va a filtrar su visión: clasificará las posibles formas de dar vueltas en distintas maneras y hará girar todos los objetos que pueda, también esa varilla. Un chico típico también puede estar interesado en esas cosas, pero jugará en una perspectiva más social; hará girar el objeto para que uno lo mire. Las formas de jugar son diferentes en el sentido que los autistas eligen primero una dimensión determinada de juego y éste es otro modo de aprender. El chico autista utiliza categorizaciones o perspectivas que señalan otro modo de procesar. Será exitoso en procesar de esa manera el mundo, en la dimensión en la cual es sistemático. –¿Cómo es el trabajo con el entorno del niño?–El trabajo principal es convencer a la familia de que el chico está haciendo efectivamente todo ese trabajo. Lo que nos interesa es convencer a la familia y a los maestros de que se puede intentar lograr el nivel de adaptación más fino, desarrollar sus potenciales; enseñarles que no sirve romper sus formas de ver las cosas sino aprovechar la forma de procesar para llevarlos para adelante. –¿Cómo es la devolución a la familia?–Les decimos a los padres que no tienen que asustarse por el hecho de que los chicos autistas no entiendan el modo en que ellos les expresan sus emociones. Es mejor que los abracen lentamente, que no se les tiren encima, y quizá ser menos expresivos, para que de a poco ellos puedan comprender la emoción y acercarse. La mayoría de los padres de un hijo autista, como ven que funciona diferente, terminan dejando de hacer todo lo que harían con un chico típico. Por ejemplo, cuando alguien besa a su hijo, espera que devuelva el abrazo, que sea recíproco. En los niños autistas, cuando son chiquitos, eso no sucede y muchos padres se desalientan porque creen que no tienen emociones, que no sienten. Es similar a lo que pasa cuando uno habla con un sordo y éste no contesta; no es que no sienta, sino que no puede codificar lo que uno le está diciendo. En el caso de los autistas, a ellos les cuesta codificar los modos que tenemos nosotros de expresar las emociones. –¿Hay rastro orgánico en el autismo?–Hay consenso en la ciencia en cuanto a que el autismo tiene origen genético. Estas atipicidades genéticas son de dos tipos fundamentalmente que resultan de la misma expresión. En un grupo existe una predisposición familiar; éste no es el grupo más grande; uno en veinte chicos autistas puede tener un hermano o hermana con autismo. Y, a raíz de las mutaciones genéticas, puede suceder también que el autista que uno vea sea el primero en la genealogía familiar. El grupo de autismo primario, sin enfermedad neurológica, tiene un origen genético. –¿Qué futuras investigaciones tiene previstas?–El trabajo de los próximos cinco años será sobre los correlatos neurofisiológicos y de neuroimágenes que tiene ese modo diferente de procesar, hallado en los estudios previos. Incorporamos en esto una gran cantidad de colaboradores especializados en autismo, particularmente a personas autistas como investigadores. Esto es porque los autistas tienen un modo de procesar más sistemático y estructurado, por lo cual son buenos científicos. Recientemente se le otorgó un Premio Nobel de Economía a un autista. En matemáticas, dos personas autistas recibieron premios equivalentes al Nobel. En este momento, integran nuestro equipo cuatro personas con distinto grado de autismo; lo que aportan a las investigaciones tiene un valor incalculable. Una de ellas, Michelle Dawson, proviene a su vez de una familia de científicos. Claro que es buena, no simplemente por ser autista, sino que su autismo, combinado con su gran inteligencia, la lleva a procesar la información de una manera que está por fuera de las normas. Ella sola multiplica la producción del laboratorio.
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Por feyerabend - 4 de Noviembre, 2009, 19:19, Categoría: General
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Funciones del Yo-piel
Funciones del Yo-piel
Didier Anzieu
Extraído de:
El yo-piel Didier Anzieu Biblioteca Nueva. Madrid, 1998
Mi fundamentación teórica se basa en dos principios generales. Uno específicamente freudiano: toda función psíquica se desarrolla apoyándose en una función corporal cuyo funcionamiento transpone al plano mental. Aunque Jean Laplanche (1) recomienda reservar el concepto de apuntalamiento al apoyo que las pulsiones sexuales encuentran en las funciones orgánicas de autoconservación, yo soy partidario de un sentido más amplio, porque el desarrollo del aparato psíquico se efectúa en grados sucesivos de ruptura con base biológica; rupturas que, por una parte, le permiten escapar a las leyes biológicas y, por otra , hacen necesaria la búsqueda de un apuntalamiento de todas las funciones psíquicas en funciones del cuerpo. El segundo principio, igualmente conocido por Freud, es Jacksoniano: a lo largo de su evolución, el desarrollo del sistema nervioso presenta una particularidad que no se encuentra en los otros sistemas orgánicos; a saber, que el órgano más reciente y más cercano de la superficie—el córtex—, tiende a tomar la dirección del sistema cuando integra los otros subsistemas neurológicos. Esto sucede también con el Yo consciente, que dentro del aparato psíquico tiende a ocupar la superficie en contacto con el mundo exterior y a controlar el funcionamiento de este aparato. Igualmente se sabe que la piel (superficie del cuerpo) y el cerebro (superficie del sistema nervioso) derivan de la misma estructura embrionaria, el ectodermo. Para mi, como psicoanalista, la piel tiene una importancia capital: proporciona al aparato psíquico las representaciones constitutivas del Yo y de sus principales funciones. Y, en su momento, esta constatación se inscribe en el cuadro de la teoría general de la evolución. Desde los mamíferos hasta el hombre, el cerebro no solamente aumenta sino que se hace más complejo. La piel pierde su dureza y sus pelos. Los pelos subsisten apenas sólo en el cráneo, aumentando su papel protector del cerebro, y alrededor de los orificios corporales de la cara y del tronco, donde refuerzan la sensibilidad e incluso la sensualidad. Como demostró Imre Hermann (2), la pulsión de agarramiento de cualquier pequeño a su madre es más difícil de satisfacer en la especie humana y se manifiesta en las angustias intensas precoces y prolongadas de pérdida de la protección, de falta de objeto soporte y en un desamparo que ha sido calificado de originario. Como contrapartida, la pulsión de apego toma, en el pequeño humano, una importancia tanto más considerable cuanto que la infancia humana es proporcionalmente más larga que la de otras especies. Esta pulsión tiene por objeto la localización, primero en la madre y después en el grupo familiar que toma el relevo, de las señales—sonrisa, suavidad del contacto, calor físico del abrazo, diversidad de emisiones sonoras, solidez del transporte, acunamiento, disponibilidad para dar el alimento, los cuidados, la compañia—que proporcionan indicios de la realidad exterior y de su continuidad, por una parte, y, por otra, de los afectos vividos por la compañera, especialmente como respuesta fundamental a los afectos del bebé. Nos encontramos aquí ya no en el registro de la satisfación de las necesidades vitales de autoconservación (alimento, respiración, sueño) sobre las que los deseos sexuales y agresivos van a constituirse por apuntalamiento, sino en el de la comunicación (preverbal e infralingüistica) sobre la que el intercambio de lenguajes encuentra oportuno apoyarse. A menudo los dos registros funcionan simultáneamente: la mamada, por ejemplo, proporciona la ocasión de las comunicaciones táctiles, visuales, sonoras y olfativas. Pero sabemos que una satisfacción material de las necesidades vitales, sistemáticamente desprovista de esos intercambios sensoriales y afectivos, puede conducir al hospitalismo o al autismo. Se comprueba igualmente que, con el crecimiento del bebé, la parte que dedican él y su entorno a comunicar por comunicar va creciendo independientemente de las necesidades de autoconservación. La comunicación originaria es una comunicación directa en la realidad y más aún en la fantasía, no mediatizada, de piel a piel. Freud, en «El Yo y el Ello» (3), ha demostrado que no sólo los mecanismos de defensa y los rasgos del carácter derivan, por apoyo y por transformación, de actividades corporales, sino que sucede lo mismo con las instancias psíquicas: Las pulsiones psíquicas que constituyen el Ello derivan de los instintos biológicos; lo que va a llamar el Superyó «tiene raíces acústicas», y el Yo se constituye, primero, a partir de la experiencia táctil. A lo que me parece necesario añadir que preexiste una tópica más arcaica, tal vez originaria, con el sentimiento de existencia del Sí-mismo: Si-mismo en torno al cual se diferencia un Yo a partir de la experiencia táctil; Si-mismo en cuyo exterior se proyectan tanto los estímulos endógenos como los exógenos. La tópica secundaria (Ello, Yo, con su apéndice el Yo ideal, Superyó formando pareja con el ideal del Yo) se organiza cuando la envoltura visual —fundamentalmente bajo los efectos de la prohibición primaria del tocar—sustituye a la envoltura táctil, proporcionando al Yo el apoyo esencial, cuando los representantes de cosas (principalmente visuales) se asocian, en el preconsciente que se desarrolla entonces, con representantes de palabras (proporcionados por la adquisición de la palabra) y cuando se adquieren las diferenciaciones, por una parte, del Yo y del Superyó y, por otra, de la estimulación externa y de la extracción pulsional. En mi más importante articulo de 1974 sobre el Yo-piel le asignaba yo tres funciones: una función de barrera protectora del psiquismo y una función de filtro de los intercambios y de inscripción de los primeros rasgos, función que hace posible la representación. A estas tres funciones corresponden tres figuraciones: el saco, la pantalla y el tamiz. El trabajo de Pasche (4) sobre Le Bouclier de Persée me lleva a tomar en consideración una cuarta funcion, la de espejo de la realidad.
Las nueve funciones del Yo-piel
Voy a realizar ahora el establecimiento de un paralelo más sistemático entre las funciones de la piel y las funciones del Yo, intentando precisar, para cada una, el modo de correspondencia entre lo orgánico y lo psíquico, los tipos de angustia unidos a la patología de esta función y las representaciones del trastorno del Yo-piel que la clínica nos aporta. El orden que voy a seguir no obedece a ningún principio de clasificación riguroso. Tampoco pretendo ser exhaustivo en cuanto al inventario de estas funciones que va a permanecer abierto.
1) Lo mismo que la piel cumple una función de sostenimiento del esqueleto y de los músculos, el Yo-piel cumple la de mantenimiento del psiquismo. La función biológica se ejerce por lo que Winnicott (5) llamó holding; es decir, por la forma en que la madre sostiene el cuerpo del bebé. La función psíquica se desarrolla por interiorización del holding materno. El Yo-piel es una parte de la madre—especialmente sus manos—que ha sido interiorizada y que mantiene el funcionamiento del psiquismo, al menos durante la vigilia, de la misma forma que la madre mantiene en ese mismo tiempo el cuerpo del bebé en un estado de unidad y de solidez. La capacidad del bebé para mantenerse psíquicamente a sí mismo condiciona el acceso a la posición de sentado, después a la de de pie y a la de marcha. El apoyo externo sobre el cuerpo materno conduce al bebé a adquirir el apoyo inferno sobre su columna vertebral, como una espina sólida que le permite ponerse derecho. Uno de los núcleos que anticipan el Yo consiste en la sensación-imagen de un falo interno materno o, más generalmente, parental, que asegura al espacio mental, en vías de constituirse un primer eje, del orden de la verticalidad y de la lucha contra la pesantez y que prepara la experiencia de tener una vida psíquica para sí. Adosándose a este eje, el Yo hace actuar a los mecanismos de defensa más arcaicos, como la escisión y la identificación proyectiva. Pero solamente puede adosarse a este soporte con toda seguridad si está seguro de tener en su cuerpo zonas de contacto estrecho y estable con la piel, los músculos y las palmas de la mano de la madre (y de las personas de su entorno primario) y, en la periferia de su psiquismo, un circulo reciproco con el psiquismo de la madre (lo que Sami-Ali (6) ha llamado "inclusión mutua").
Blaise Pascal, tempranamente huérfano de madre, teorizó muy bien en física, después en psicología y en la apologética religiosa, sobre este horror del vacío interior durante mucho tiempo atribuido a la naturaleza y sobre esta falta del objeto soporte necesario al psiquismo para que éste encuentre su centro de gravedad. Francis Bacon pinta en sus cuadros los cuerpos decadentes a quienes la piel y los vestidos aseguran una unidad superficial, pero que están desprovistos de esta espina dorsal que mantiene el cuerpo y el pensamiento: pieles llenas de sustancias más liquidas que sólidas, lo cual corresponde muy bien a la imagen del cuerpo del alcohólico (7). Lo que aquí está en juego no es la incorporación fantasmática del pecho nutricio, sino la identificación primaria con un objeto soporte contra el cual el niño se abraza y que lo tiene en brazos; es más bien la pulsión de agarramiento o de apego la que encuentra mayor satisfacción que la libido. La unión, cara a cara, del cuerpo del niño con el cuerpo de la madre, está vinculada con la pulsión sexual que encuentra satisfacción a nivel oral en la mamada y en esta manifestación de amor que es el abrazo. Los adultos que se aman encuentran generalmente este tipo de acoplamiento para dar satisfación a sus pulsiones sexuales a nivel genital. En cambio, la identificación primaria con el objeto soporte supone otro dispositivo especial que se presenta con dos variantes complementarias: Grotstein (8), discípulo californiano de Bion, ha sido el primero que las ha precisado: espalda del niño contra vientre de la persona objeto-soporte (back-ground object), vientre del niño contra la espalda de ésta. En la primera variante, el niño está adosado al objeto soporte que se moldea ahuecándose sobre él. Se siente protegido por su parte posterior; es la espalda la única parte de su cuerpo que no se puede ni tocar ni ver. La pesadilla frecuente en los niños con fiebre, de una superficie que se arruga, se comba, se desgarra, llena de jorobas y de agujeros, traduce de forma figurativa la espera de la representación aseguradora de una piel común con el objeto soporte que le sostiene. Esta superficie que desfallece puede ser interpretada por el soñador como una ondulación de serpientes, pero seria un error de interpretación el entenderla únicamente como un símbolo fálico. La presencia de muchas serpientes reptando no tiene el mismo sentido que la de una serpiente única que se pone derecha. Grotstein cita uno de estos sueños de una niña pequeña aportado por la madre que se analizaba con él. «Su hija se despertó en medio de la noche viendo serpientes por todas partes, incluso en el suelo por el que ella caminaba. Corrió a la habitación de su madre y, saltando sobre ella, puso su espalda contra el vientre de su madre. Era éste el único sitio donde podía encontrar consuelo. Aunque la paciente era la madre y no la niña, sus asociaciones en relación con este acontecimiento establecieron, inmediatamente, el hecho de que la madre se había identificado con su niña. Era ella la niña pequeña que deseaba tenderse sobre mi para procurarse el «soporte» (backing), la protección y la cobertura (rearing) de los que ella se había sentido privada por sus propios padres» (9). La segunda posición, la del niño tumbado juntando la parte de delante de su cuerpo a la espalda de la persona que cumple para él la función de objeto soporte, aporta al interesado la sensación sentimiento de que la parte más apreciada y frágil de su cuerpo, es decir, su vientre, está protegida detrás de la pantalla protectora, el para-excitación originario que es el cuerpo de este otro mantenedor. Esta experiencia empieza generalmente con uno u otro de los padres (incluso con ambos); puede continuar durante bastante tiempo con un hermano o hermana con quien el niño comparte la cama. (Hasta su psicoanálisis con Bion, Samuel Beckett no era capaz de vencer la angustia del insomnio si no dormía unido a su hermano mayor). Una de mis pacientes, educada por una pareja de padres violentos y desunidos, encontraba su seguridad interior, hasta la prepubertad, durmiéndose así pegada a su hermana pequeña, con quien compartía la cama. Aquella de las dos que tuviera más miedo «hacía de silla» (ésta era su expresión) para acoger y abrazar contra ella el cuerpo tranquilizador de la otra. Durante toda una fase de su análisis su transferencia me invitaba implícitamente, a mi también, a hacer de silla: me reclamaba la alternancia de mis asociaciones libres con las suyas, la confesión de mis pensamientos y sentimientos, de mis angustias; me proponía el acercamiento de su cuerpo, sin comprender por qué yo rechazaba el que ella viniera a sentarse sobre mis rodillas. Tuve que analizar primero como una sexualización defensiva la seducción histérica con la que ella cubría su petición; después pudimos elaborar su angustia por la pérdida del objeto soporte. Grotstein relata otro tipo de ejemplo significativo: «Pacientes en análisis, frecuentemente, me han contado sueños en los que ellos conducían un coche desde el asiento de atrás. Las asociaciones a estos sueños conducían, casi invariablemente, a la noción de tener un «soporte» (backing) defectuoso y, como consecuencia, una dificultad para la autonomía». Grotstein propone incluso un juego de palabras intraducible: porque el objeto-soporte está «detrás» o «debajo» (he under stands), proporciona el paradigma de la «comprensión» (understanding)
2) A la piel, que recubre la superficie entera del cuerpo y que es donde se insertan todos los órganos de los sentidos externos, responde la función de continente del Yo-piel. Esta función se ejerce principalmente por el handling materno. La sensación-imagen de la piel como saco se despierta en el bebé por los cuidados del cuerpo que, de acuerdo con sus necesidades, le procura la madre. El Yo-piel como representación psíquica emerge de los juegos entre el cuerpo de la madre y el cuerpo del niño, así como de las respuestas de la madre a las sensaciones y a las emociones del bebé; respuestas gestuales y vocales, porque la envoltura sonora refuerza entonces la envoltura táctil, respuestas de carácter circular en las que las ecolalias y las ecopraxias del uno imitan las del otro, respuestas que permiten al niño pequeño experimentar progresivamente esas sensaciones y esas emociones independientemente, sin sentirse destruido. R. Kaes (10) distingue dos aspectos de esta función. El «continente» propiamente dicho, estable e inmóvil, se ofrece como receptáculo pasivo para ser depósito de las sensaciones-imágenes-afectos del bebé, neutralizadas y conservadas así. El «continente» corresponde al aspecto activo, a la ensoñación materna según Bion, a la identificación proyectiva, al ejercicio de la función alfa que elabora, transforma y restituye al interesado sus sensaciones-imágenes-afectos ya representables. Lo mismo que la piel envuelve todo el cuerpo, el Yo-piel pretende envolver todo el aparato psíquico, pretensión que parece abusiva pero que al principio es necesaria . En este caso , el Yo- pi el está representado como corteza y el Ello pulsional como núcleo, teniendo cada uno de los dos términos necesidad del otro. El Yo-piel solamente es continente si tiene pulsiones que contener, que localizar en las fuentes corporales, y, más tarde, que diferenciar. La pulsión no se siente como empuje, como fuerza motriz, si no encuentra limites y puntos específicos de inserción en el espacio mental en el que se despliega, sino solamente si su fuente se proyecta en las regiones del cuerpo dotadas de una excitabilidad especial. Esta complementariedad de la corteza y del núcleo es el fundamento del sentimiento de la continuidad del Sí-mismo. Dos formas de angustia dan respuesta a la carencia de esta función contenedora del Yo- piel. La angustia de una excitación pulsional difusa, permanente, esparcida, no localizable, no identificable, no apaciguable, que traduce una topografía psíquica por un núcleo sin corteza; el individuo busca una corteza sustitutiva en el dolor físico o en la angustia psíquica; se envuelve en el sufrimiento. En el segundo caso, la envoltura existe, pero su continuidad está interrumpida por agujeros. Es un Yo-piel colador; los pensamientos, los recuerdos se conservan con dificultad; huyen. La angustia de tener un interior que se vacía es considerable, especialmente la de la agresividad necesaria a toda afirmación de si. Estos agujeros psíquicos pueden instalarse en los poros de la piel: la próxima observación de Getsemani (11) nos muestra a un paciente que transpira durante las sesiones y que lanza de este modo, sobre su psicoanalista, una agresividad nauseabunda que no puede ni retener ni elaborar, en tanto que su representación inconsciente de un Yo-piel colador no haya sido interpretada.
3) La capa superficial de la epidermis protege su capa sensible (aquella en la que se encuentran las terminaciones libres de los nervios y los corpúsculos del tacto, y el organismo en general, contra las agresiones físicas, las radiaciones y el exceso de estímulos. Ya en el «Proyecto de una psicología para neurólogos» de 1895, Freud reconoció una función de para-excitación paralela al Yo. En «El bloc maravilloso» (12), precisa muy bien que el Yo (como la epidermis: pero Freud no hace siempre esta precisión) presenta una estructura en doble hoja. En el «Proyecto» de 1895 Freud da a entender que la madre sirve al bebé de para-excitación auxiliar, y lo hace—soy yo quien lo añade—hasta que el Yo, en su crecimiento, encuentre, sobre su propia piel, un apoyo suficiente para asumir esta función de forma. De forma general, el Yo-piel es una estructura, virtual en el nacimiento, que se actualiza durante la relación entre el lactante y el entorno primario; el origen lejano de esta estructura se remontaría a la aparición misma de los organismos vivos. Los excesos y los déficits del para-excitación ofrecen distintas problemáticas con apariencias muy variadas. Frances Tustin (13) ha descrito las dos imágenes del cuerpo que pertenecen al autismo primario y secundario respectivamente: el Yo-palpa (cuando ninguna de Las funciones del Yo-piel han sido adquiridas, ni las de soporte, ni de continente, ni de para-excitación, y cuando la doble hoja aún no ha sido bosquejada), el Yo- crustáceo, con un caparazón rígido que reemplaza al contenedor ausente y que impide el engranaje de las siguientes funciones del Yo-piel. La angustia paranoide de intrusión psíquica se presenta con dos formas: a) me roban mis pensamientos (persecución); b) me infunden pensamientos (máquina de influenciar). Aquí las funciones de para-excitación y de contenedor existen de forma distinta pero suficiente. La angustia de la pérdida del objeto, que cumple el papel de para-excitación auxiliar, aumenta al máximo cuando la madre del niño ha entregado a éste a su propia madre para que lo eduque (es decir, a la abuela materna del niño), y cuando ésta se ocupa del niño con tal perfección cualitativa y cuantitativa que el niño no ha podido conocer la posibilidad ni la necesidad de proporcionarse un autoapuntalamiento. La toxicomanía puede aparecer entonces como una solución para constituir una barrera de niebla o de humo entre el Yo y los estímulos externos. El para-excitación puede ser buscado como apoyo en la dermis a falta de epidermis: esta es la segunda piel muscular (14), la coraza caracterial (15).
4) La membrana de las células orgánicas protege la individualidad de la célula, distinguiendo los cuerpos extraños, cuya entrada impide, de las sustancias parecidas o complementarias que decide admitir y asociar. Por su granulación, color, textura y olor, la piel humana presenta diferencias individuales considerables. Estas pueden ser narcisisticamente, incluso socialmente, sobreinvestidas. Permiten distinguir, en los demás, los objetos de apego y de amor y afirmarse a sí mismo como un individuo que tiene su propia piel. A su vez, el Yo-piel asegura una función de individuación del Si-mismo, que le aporta el sentimiento de ser un ser único. La angustia que describe Freud (16) de la «inquietante extrañeza» está unida a una amenaza hacia la individualidad del Sí-mismo por debilitamiento del sentimiento de sus fronteras. En la esquizofrenia, toda la realidad externa (mal diferenciada de la realidad interna) está considerada como peligrosa de asimilar. La pérdida del sentido de la realidad permite el mantenimiento, a toda costa, del sentimiento de unidad del Sí-mismo.
5) La piel es una superficie que contiene bolsas, cavidades donde se alojan los órganos de los sentidos que no son los del tacto (que están insertados en la misma epidermis). El Yo- piel es una superficie psíquica que une las sensaciones de distintas naturalezas y que las destaca como figuras sobre este fondo originario que es la envoltura táctil: esta es la función de intersensorialidad del Yo-piel, que desemboca en la constitución de un «sentido común» (el sensoriam commune de la filosofía medieval), cuya referencia básica se realiza siempre por medio del tacto. La angustia de fraccionamiento del cuerpo responde a la carencia de esta función; más precisamente, la del desmantelamiento (17), es decir, la de un funcionamiento independiente anárquico de los distintos órganos de los sentidos. Más adelante mostraré el papel decisivo de la prohibición del tocar, cuando me refiero a la envoltura táctil continente del espacio intersensorial que prepara la simbolización. En la realidad neurofisiológica es en el encéfalo donde se efectúa la integración de las informaciones que provienen de los diversos órganos de los sentidos; la intersensorialidad es, pues, una función del sistema nervioso central o, más globalmente, del ectodermo (de donde parten simultáneamente la piel y el sistema nervioso central). En la realidad psíquica, por el contrario, este papel se ignore y existe una representación imaginaria de la piel como telón de fondo, como superficie originaria sobre la cual se despliegan las interconexiones sensoriales.
6) La piel del bebé es objeto de carga libidinal de la madre. El alimento y los cuidados se acompañan de contactos piel a piel, generalmente agradables, que preparan al autoerotismo y que sitúan los placeres de piel como telón de fondo habitual de los placeres sexuales. Estos se localizan en ciertas zonas eréctiles o en ciertos orificios (excrecencias y bolsas) donde la capa superficial de la epidermis es más delgada, por lo que el contacto directo con la mucosa produce una sobreexcitación. El Yo-piel cumple la función de superficie de sostén de la excitación sexual, superficie en la que, en el case de un desarrollo normal, se pueden localizar zonas erógenas, reconocer la diferencia de sexos y su complementariedad. El ejercicio de esta función puede ser autosuficiente: el Yo-piel capta la carga libidinal en toda su superficie y se convierte en una envoltura de excitación sexual global. Esta configuración es el fundamento de la teoría sexual infantil sin duda más arcaica, según la cual la sexualidad se limita a los placeres del contacto piel con piel y el embarazo se produce por un simple abrazo corporal y por un beso. A falta de una descarga satisfactoria, esta envoltura de excitación erógena puede transformarse en envoltura de angustia Si la carga de la piel es más narcisistica que libidinal, la envoltura de excitación puede reemplazarse por una envoltura narcisística brillante, como para conceder a su poseedor la invulnerabilidad , inmortal y heroica. Si el sostenimiento de la excitación sexual no está asegurado, el individuo convertido en adulto no se siente con la seguridad suficiente para comprometerse en una relación sexual complete que desemboque en una satisfacción genital mutua. Si las excrecencias y los orificios sexuales son lugar de experiencias halógenas más que erógenas, la representación de un Yo-piel agujereado se encuentra reforzada, la angustia persecutoria aumentada, la predisposición a las perversiones sexuales que pretenden convertir el dolor en placer acrecentada.
7) A la piel, como superficie de estimulo permanente del tono sensomotor por las excitaciones externas, responde la función del Yo-piel de recarga libidinal del funcionamiento psíquico, de mantenimiento de la tensión energética interna y de su distribución desigual entre los subsistemas psíquicos (18). Los fallos de esta función producen dos tipos antagónicos de angustia: la angustia de la explosión del aparato psíquico bajo el efecto de la sobrecarga de excitación (la crisis epiléptica, por ejemplo, cf. H. Beauchesne, 1980); la angustia de Nirvana, es decir, la angustia ante lo que sería la realización del deseo de una reducción de la tensión cero.
8) La piel, con los órganos de los sentidos táctiles que contiene (tacto, dolor, calor-frio, sensibilidad dermatóptica), proporciona informaciones directas sobre el mundo exterior (que inmediatamente son recuperadas por el «sentido común» con las informaciones sonoras, visuales, etc.). El Yo-piel realiza la función de inscripción de huellas sensoriales táctiles, función de pictograma según Piera Castoriadis Aulagnier (19), de escudo de Perseo que remite en espejo una imagen de la realidad según F. Pasche (20). Esta función está reforzada por el entorno materno, en la medida en que realiza su papel de «presentación del objeto» (21) en relación con el niño pequeño. Esta función del Yo-piel se desarrolla con un doble apoyo, biológico y social. Biológico: un primer dibujo de la realidad se imprime en la piel. Social: la pertenencia de un individuo a un grupo social está marcada por incisiones, escarificaciones, pinturas, tatuajes, maquillajes, peinados y sus dobles, que son los vestidos. El Yo-piel es el pergamino originario que conserva, a la manera de un palimpsesto, los.garabatos tachados, raspados, sobrecargados de una escritura «originaria» preverbal, hecha de trazas cutáneas. Una primera forma de angustia relativa a esta función es la de estar marcado en la superficie del cuerpo y del Yo por inscripciones infamantes e indelebles que tienen su origen en el Superyó (Los rubores, el eczema, las heridas simbólicas, según Bettelheim (22), la máquina infernal de la Colonia Penitenciaria de Kafka (1914-1919) que graba en la piel del condenado, en letras góticas, hasta la muerte, el articulo de l código que éste ha transgredido) . La angustia en verse se refiere al peligro de desaparición de las inscripciones por efecto de su saturación, esto es, la pérdida de la capacidad de fijar las huellas, en el sueño, por ejemplo. La película que permite el desarrollo de los sueños propone entonces al aparato psíquico la imagen visual de un Yo-piel restituido en su función de superficie sensible.
9) Todas las funciones precedentes están al servicio de la pulsión de apego y, después, de la pulsión libidinal. ¿No podría existir una función negativa del Yo-piel, una especie de antifunción, al servicio de Tanatos, que tendiera a la autodestrucción de la piel y del Yo? Los progresos de la inmunologia, desencadenados por el estudio de las resistencias del organismo a los trasplantes de órganos , nos encaminan hacia reacciones del organismo vivo. Las incompatibilidades entre donador y receptor de órganos, que nos confirman que no existen dos seres humanos idénticos sobre la tierra (salvo en el caso de los verdaderos gemelos), nos han permitido conocer, por otra parte, la importancia de los marcadores moleculares de la «personalidad biológica»; cuanto más similares son estos marcadores entre el donador y el receptor mayor es la posibilidad de éxito en los trasplantes (Jean Hamburger); y estas similitudes proceden de la existencia de una pluralidad de diferentes grupos de glóbulos blancos que se revelan como marcadores, no solamente de dichos glóbulos, sino de la personalidad entera (23). Los biólogos han tenido que recurrir, sin saber lo que estaban haciendo, a nociones—el Si- mismo, el No-Yo—análogas a las que algunos sucesores de Freud forjaron para completar la segunda concepción tópica del aparato psíquico. En muchas enfermedades, el sistema inmunológico puede ponerse en movimiento, equivocada o acertadamente, para atacar cualquier órgano del cuerpo como si fuera un injerto extraño. Estos son los fenómenos autoinmunes, lo que etimológicamente quiere decir que el organismo vivo vuelve contra si mismo la reacción inmunológica o inmune. La defensa celular está hecha para rechazar los tejidos extraños—el No Si-mismo, dicen los biólogos—, pero es, a veces, lo bastante ciega para como atacarse a Si-misma, mientras que en estado de salud se respeta totalmente: de aqui que las enfermedades autoinmunes sean a menudo graves Como analista me sorprende la analogía entre la reacción autoinmune, por una parte, y, por otra, la vuelta de la pulsión sobre sí misma, la reacción terapeútica negativa, así como los ataques contra los vínculos en general y contra los continentes psíquicos en particular. Me doy cuenta, también, de que la distinción entre lo familiar y lo extraño (24) o entre el Yo y el no no-Yo (me and not me, según Winnicott) tiene sus raíces biológicas a nivel de la célula misma, por lo que propongo la hipótesis de que la piel, como envoltura del cuerpo, constituye la realidad intermediaria entre la membrana celular (que recoge, clasifica y transmite la información en cuanto al carácter extraño o no de los iones) y la interfaz psíquica que es el sistema de percepción-conciencia del Yo. La medicina psicosomática ha descubierto una inversión de las señales de seguridad y de peligro en la estructura alérgica: la familiaridad, en lugar de ser protectora y tranquilizante se rechaza como mala, y la extrañeza, en lugar de ser inquietante, se muestra atractiva: de aquí la reacción paradójica del alérgico y también del toxicómano que evita lo que puede hacerle bien y que está fascinado por lo que le es nocivo. El hecho de que la estructura alérgica se presente a menudo bajo la forma de una alternancia asma-eczema permite precisar la configuración del Yo-piel que está en juego. Al principio se trata de paliar las insuficiencias del Yo-piel -bolsa para delimitar una esfera psíquica interna en orden al volumen, es decir, podrá pasar de una representación bidimensional a una representación tridimensional del aparato psíquico (25). Las dos afecciones corresponden a los dos modos posibles de acercamiento de la superficie de esta esfera: por el interior y por el exterior. El asma es una tentativa de sentir por dentro la envoltura constitutiva del Yo corporal: el enfermo se hincha de aire hasta sentir desde dentro las fronteras de su cuerpo y hasta asegurarse los limites ampliados de su Si-mismo; para preservar esta sensación de Si-mismo-bolsa inflada permanece en apnea, con el peligro de bloquear el ritmo de intercambio respiratorio con el medio y de ahogarse. La observación de Pandora lo ilustra. El eczema es una tentativa para sentir desde fuera esta superficie corporal del Si-mismo, en sus desgarramientos dolorosos, su contacto rugoso, su visión vergonzante y, también, como envoltura de color y de excitaciones erógenas difusas. En la psicosis, especialmente en la esquizofrenia, la paradoja que la alergia suscita es llevada al paroxismo. El funcionamiento psíquico está dominado por lo que Paul Wiener (26) ha llamado la reacción antifisiológica . La con fianza en el funcionamiento natural del organismo está destruida o no ha sido adquirida. Lo natural es vivido como artificial; lo vivo se asimila a lo mecánico; lo que es bueno en la vida y para la vida se percibe como un peligro mortal. Tal funcionamiento psíquico paradójico altera, por una reacción circular, la percepción del funcionamiento corporal que se presenta nuevamente reforzado en sus paradojas. Aquí la configuración paradójica subyacente del Yo-piel conlleva la no adquisición de las distinciones fundamentales: vigilia-sueño, sueño-realidad, animado- inanimado. La observación de Eurídice (27) nos proporciona un ejemplo limitado en una paciente no psicótica, pero que se siente amenazada de confusión mental. El restablecimiento de la confianza en un funcionamiento natural y feliz del organismo (a condición de que éste encuentre el eco suficiente a sus necesidades dentro del medio) es una de las tareas esenciales del psicoanalista en relación con dichos pacientes, una tarea ardua y repetitiva de acuerdo con los intentos inconscientes del paciente para paralizar al psicoanalista cogido en la trampa de la transferencia paradójica (28) y para conducirlo a su propio fracaso. Los ataques inconscientes contra el continente psíquico, que puede ser que se apoyen sobre los fenómenos orgánicos autoinmunes, tengo la impresión de que proceden de partes del Si-mismo fusionadas a la pulsión de autodestrucción inherente al Ello, deportadas a la periferia del Si-mismo, enquistadas en la capa superficial que es el Yo-piel, cuya continuidad socavan allí mismo, cuya cohesividad destruyen y cuyas funciones alteran invirtiendo sus fines. La piel imaginaria con la que el Yo se recubre se convierte en una túnica envenenada, ahogante, abrasadora, desagregante. Se podría, pues, hablar de una función tóxica del Yo-piel. Esta lista de nueve funciones psíquicas del Yo, homólogas a las funciones biológicas de la piel, no es, desde mi punto de vista, ni inmutable ni exhaustiva. Proporciona una clave que los hechos tendrán que prober, y permanece abierta y mejorable para facilitar la observación clínica, el diagnóstico psicopatológico, la conducta de las psicoterapias y la técnica de la interpretación psicoanalítica. En cuanto a las funciones de la piel que no he evocado aún (29), se podría, llevando más lejos el espiritu del sistema, proponer el hacerlas corresponder incluso a otras funciones del Yo: —Función de almacenamiento (por ejemplo, de las grasas): comparable a la función mnésica; aunque ésta surge de las zones preconscientes del aparato psiquico y no pertenece —Freud insiste en ello—a su «superficie», caracterizada por los sistemas de percepción-conciencia. —Función de producción (por ejemplo, de los pelos y de las uñas): comparable a la producción de los mecanismos de defensa por la zona del Yo (ésta también preconsciente e incluso inconsciente). —Función de emisión (por ejemplo, de sudor, de ferhormonas (30)): comparable a la precedente, porque la proyección constituye, en efecto, uno de los mecanismos de defensa más arcaicos del Yo; pero conviene articularlo con una configuración tópica especifica que he descrito como Yo-piel colador Se podría comparar también algunas funciones, al menos ciertas tendencias del Yo-piel, con características estructurales (ya no funcionales) de la piel. Por ejemplo, el hecho de que la piel tenga la mayor superficie y el mayor peso de todos los órganos del cuerpo, correspondería la pretensión del Yo de envolver la totalidad del aparato psíquico y tener el mayor peso en su funcionamiento. Igualmente, la tendencia al ajuste de las hojas externas e internas del Yo-piel, así como de las envolturas psíquicas (sensoriales, musculares y rítmicas) parece relacionada con el enmarañamiento de las capas que componen la epidermis, la dermis y la hipodermis. La complejidad del Yo y la multiplicidad de sus funciones podrían igualmente ser comparadas con la existencia de numerosas e importantes diferencias de estructura y de función, de un punto a otro de la piel (por ejemplo, la densidad de los diferentes tipos de glándulas, de corpúsculos sensoriales, etc.).
Un caso de masoquismo perverso Observación del Señor M.
El caso, bastante excepcional, del Señor M;, aportado por Michel de M'uzan (31) con anterioridad a mi primer artículo sobre el Yo-piel (32), no corresponde a una indicación de cura psicoanalítica, por lo que fue objeto de sólo dos entrevistas con este colega. Mi perspectiva de las nueve funciones del Yo-piel permite reinterpretarlo con posterioridad, poniendo en evidencia la alteración de la casi totalidad de las funciones del Yo-piel (el inventario que de ellas hago queda así indirectamente validado) en los casos graves de masoquismo y la necesidad de recurrir a prácticas perversas para restablecer estas funciones. Para el Señor M., que no sin razón es radioelectricista, la función de sostenimiento está artificialmente asegurada por la introducción de trozos de metal y de vidrio bajo toda la piel (se trata, pues, aquí, de una segunda piel ya no muscular, sino metálica), fundamentalmente de agujas en los testiculos y el pene, de dos anillos de acero colocados respectivamente en la extremidad de la verga y en el origen de las bolsas, de tiras cortadas de la piel de la espalda con la finalidad de suspender al Señor M. de unos ganchos de carnicero, mientras que un sádico le sodomiza. Los fallos de la función de continente del Yo-piel, son materializados no solamente por las innumerables cicatrices de quemaduras y de desgarros esparcidos por toda la superficie del cuerpo, sino también por el cepillado de ciertas excrecencias (seno derecho arrancado, dedo pequeño del pie derecho cortado con la sierra de metal), por el taponamiento de algunos agujeros (ombligo lleno de plomo fundido), por el alargamiento artificial de algunos orificios (ano, fondo del glande). Esta función de continente se restablece por la instauración repetitiva de una envoltura de sufrimiento, gracias a la gran diversidad, ingeniosidad y crueldad de los instrumentos y de las técnicas de tortura: la fantasía de la piel arrancada debe ser reavivada permanentemente, en el masoquista perverso, para que pueda reapropiarse de un Yo-piel. La función de para-excitación está tan mal realizada que llega al punto limite irreversible en el que el peligro resulta mortal para el organismo. El señor M. siempre ha salido intacto de esta situación limite (no ha tenido ni una enfermedad grave ni la locura), mientras que su joven esposa, con quien hizo el descubrimiento mutuo de las perversiones masoquistas, murió de agotamiento consecutivo a los malos tratos soportados. El señor M. puja muy alto jugando a un juego de desafío a la muerte. La función de individuación del Si-mismo sólo puede realizarse dentro del sufrimiento físico (las torturas) y moral (las humillaciones); la introducción sistemática de sustancias no orgánicas bajo la piel, la ingestión de materias repugnantes (la orina, los excrementos del compañero) muestran la fragilidad de esta función; la distinción del cuerpo propio y de los cuerpos extraños se pone en tela de juicio sin cesar. La función de intersensorialidad es, sin duda, la que mejor se respeta (lo que explica la excelente adaptación profesional y social del señor M.). La función de sostén de la excitación sexual y la de recarga libidinal del Yo-piel están igualmente preservadas y activadas, mas al precio de los sufrimientos limite que acabamos de evocar. El señor M. no sale ni abatido ni deprimido de sus sesiones de prácticas perversas, ni simplemente cansado: Las sesiones lo tonifican. No llega a la satisfacción sexual ni penetrando ni siendo penetrado, sino, al principio, por la masturbación, después sólo por el espectáculo de escenas perversas (por ejemplo, la de su mujer sufriendo la crueldad de un sádico), acompañado de una excitación de toda su piel sometida también a castigos. «Toda la superficie de mi cuerpo era excitable por medio del dolor.» «La eyaculación llegaba en el momento en el que el dolor era más fuerte... después de la eyaculación, sufría sin más» (33). La función de inscripción de los signos está sobreactivada. Numerosos tatuajes cubren el cuerpo entero, exceptuando la cara; por ejemplo, sobre las nalgas: «Cita con las buenas colas»; sobre los muslos y el vientre: «Viva el masoquismo», «Soy una perra cachonda», «Servíos de mi como de una hembra, os lo pasaréis muy bien», etc. (34). Todas estas inscripciones atestiguan una identificación específica con la anatomía femenina, con erogenización del conjuto de la superficie de la piel, y la invitación a hacer gozar al compañero por diversos orificios (boca, ano) por los que él mismo no goza. Finalmente, la función que he llamado tóxica del Yo-piel (es decir, autodestructiva) llega al paroxismo. La piel se convierte en la fuente y el objeto de los procesos destructores. Pero la escisión de las pulsiones de vida y de las de muerte no es más que pasajera, a diferencia de las psicosis, en las que es definitiva. En el momento en que el juego con la muerte se convierte en suicida, el compañero detiene sus malos tratos, la libido opera una vuelta a la cargo «salvaje», y el Señor M. puede disfrutar. Ha tenido siempre, al menos, bastante olfato psicológico para elegir a tales compañeros: «El sádico se desinfla siempre en el último momento», cuenta (35). Deseo de omnipotencia, comenta Michel de M'Uzan. Quiero precisar: la búsqueda de una omnipotencia en la destrución es, para el masoquista perverso, la condición para acceder a una fantasía de omnipotencia erótica, necesaria para desencadenar el placer: la piel no está completamente arrancada, las funciones del Yo-piel no están irreversiblemente destruidas, su recuperación realizada in extremis en el momento de su pérdida, produce una «asunción jubilosa» mucho más intensa (porque es a la vez corporal y psíquica) que la descrita por Lacan en el estadio del espejo, pero cuya economía narcisista es también evidente. Espero haber demostrado que estos mecanismos de defensa, de sobra conocidos (escisión de la pulsión, vuelta contra si mismo, vuelta de lo escindido, sobrecarga narcisística de funciones psíquicas y orgánicas heridas) sólo funciona con tal eficacia en un Yo-piel especial que provisionalmente ha adquirido las nueve funciones fundamentales, que revive repetitivamente una fantasía de piel arrancada y el drama de la pérdida de la casi totalidad de estas funciones para obtener, igualmente, un placer con la exaltación de sus reencuentros. La fantasía (necesaria para la evolución hacia una autonomía psíquica) de tener una piel propia permanece profundamente culpabilizada por la fantasía previa de que es necesario tomarla de otro para tenerla para si, y de que es mejor aún dejársela tomar por el otro para proporcionarle placer y para, finalmente, obtenerlo para sí mismo.
Notas:
1- Jean Laplanche. Vida y mueerte en psicoanálisis. Amorrortu, Bs. As.,1970. 2- Imre Hermann. l´ínstinct filial. Denöel. Paris,1930. 3- Freud,S. El Yo y el Ello. Amorrortu Editores. Bs.As. 1978. 4- Pasche. Le Bouclier de Persée. En "Revista francesa de psicoanalisis" 35 nº 5-6. Pag. 850-870 5- Winnicott, D. Líntegration du moi ou cours du developpement de lénfant en "Processus de maturation chez l´énfant". Payot. Paris, 1970. p. 12-13. 6- Sami-Ali. Espacio imaginario. Amorrortu ediciones. Bs.As, 1974. 7- Cf. mis dos monografías, «De l'horreur du vide a sa pensée: Pascal» y «La peau, la mere et le miroir dans les tableaux de Francis Bacon», reproducidos en Le Corps de l'ouvre(Anzieu D., Gallimard. Paris 1981) 8- Grotstein. Splitting and projective identication. Jason Aronson. New York,1981. 9- Agradezco a Annick Maufras du Chatellier el haberme hecho conocer este texto y el haberine proporcionado la traducción francesa. 10- R. Kaes. Introduction à l´ànalyse transitionnelle en Crise, rupture et dépassement. Dunod. Paris,1979 11- Getsemani (p. 193) 12- Freud. S. El block maravilloso. Amorrortu Editores. Bs.As. 1978 13- Frances Tustin. Autisme et psychose de lènfant. Seuil, Paris,1972 14- E. Bick. L´experience de la peau dans les relatins d´objet précoces en "Explorations dans le monde de l´autisme". Meltzer, D.. Payot. Paris, 1980. 15- W. Reich. 16- Freud, S. Lo ominoso. Amorrotu Editores. Bs.AS, 1978 17- Meltzer, Explorations dans le monde de l´autisme. Payot. Paris, 1980. 1975. 18- cf., Las «barreras de contacto» del «Proyecto» freudiano de 1895. Ver Freud, S. Proyecto de psicología para neurólogos. Amorortu Editores. Bs.As. 1978 19- Piera Castoriadis Aulagnier. La violence de l´interpretation. P.U.F..Paris,1975. 20- F. Pasche. Le bouclier de Perseé. En "Rev. Franc. Psychanal." 35 nº 5-6, pag. 859- 870 21- Winnicott, L´íntegrationdu moi ou cours du developpement de lénfant en "Processus de maturation chez lénfant". Payot. Paris, 1970. p. 12-13 22- Bettelheim, B. Le blessures symboliques. Gallimard. Paris, 1971 23- Jean Dausset [cita faltante] 24- Spitz. De la naissanche à la parole. Le premiere anneé de la vie. P.U.F..Paris, 1968 25- cf. D. Houzel, 1984 a [cita faltante] 26- Paul Wiener. Structure et processus dans la psychose. P.U.F..Paris,1983 27- D. Anzieu. Sur la confusion primaire de l´anime et de l´animé. Un cas de triple méprise. En Nouv. Rev. Psych. Nº 25. Pag. 215-222 28- cf. D. Anzieu. Le transferet paradoxal. En Nouv.Rev. Psychaanal. Nº9 p.57-71 29- Agradezco a mi colega, Francois Vincent, psicofisiólogo, que haya llamado mi atención sobre ellas. 30- N. de la T.: en el original phérormonas. término creado por las lenguas anglosajonas para designar las sustancias que los animales excretan para la comunicación 31- Michel de M'uzan. Un cas de masochisme pervers, en obra colectiva "La sexualité perverse". Payot. Paris, 1972 32- Anzieu,Yo-piel [falta cita] 33- Michel de M'uzan Un cas de masochisme pervers, en obra colectiva "La sexualité perverse". Payot. Paris, 1972, p. 133-134 34- Michel de M'uzan. Un cas de masochisme pervers, en obra colectiva "La sexualité perverse". Payot. Paris, 1972, p. 127 35- Michel de M'uzan. Un cas de masochisme pervers, en obra colectiva "La sexualité perverse" . Payot. Paris, 1972. p. 137
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Por feyerabend - 9 de Junio, 2009, 11:06, Categoría: General
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RENÉ SPITZ- breve biografía
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René Spitz nació en Viena y falleció en Denver, Colorado. From a wealthy Jewish family background, he spent most of his childhood in Hungary . De una rica familia judía de antecedentes, pasó la mayor parte de su infancia en Hungría. After finishing his medical studies in 1910 Spitz discovered the work of Sigmund Freud . Después de terminar sus estudios de medicina en 1910 Spitz descubrió la obra de Sigmund Freud. In 1932 he left Austria and settled in Paris for the next six years. En 1932 dejó Austria y se instaló en París para los próximos seis años. and taught psychoanalysis at the Ecole Normale Superieure . y enseñó el psicoanálisis en la Ecole Normale Superieure. In 1939 he emigrated to the United States and worked as a psychiatrist at the Mount Sinai hospital from 1940 until 1943 , Spitz served as a visiting professor at several universities before settling in Colorado . En 1939 emigró a los Estados Unidos y trabajó como psiquiatra en el Hospital Mount Sinai de 1940 hasta 1943, Spitz se desempeñó como profesor visitante en varias universidades antes de instalarse en Colorado. He based his observations and experiments on psychoanalytic findings, developed by Freud. Él basa sus observaciones y conclusiones de los experimentos con psicoanalítica, desarrollada por Freud. We still find some of Freud's ideas in our present contemporary developmental thinking. Todavía encontramos algunas de las ideas de Freud en la actualidad el pensamiento contemporáneo de desarrollo. Where Freud did psychoanalytic studies in adulthood, Spitz based his ideas on empirical research in infancy. Cuando los estudios psicoanalíticos de Freud que en la edad adulta, Spitz basa sus ideas sobre la investigación empírica en la infancia.
It was in 1935 that Spitz turned to the area of child development . Fue en 1935 que Spitz se dirigió a la zona de desarrollo del niño. He was one of the first researchers who used child observation. Fue uno de los primeros investigadores que utilizan los niños observación. Not only disturbed children found his interest, but he also focused on the normal child development. No sólo los niños perturbados encontrado su interés, pero también se centró en el normal desarrollo del niño. He pointed out the effects of maternal and emotional deprivation. Señala los efectos de la privación materna y emocional. This became the field of his greatest contributions. Esto se convirtió en el ámbito de sus grandes contribuciones.
Spitz valued several aspects: Infant observation and assessment, anaclitic depression , hospitalism , developmental transitions, the processes of affective communication, and understanding developmental complexity. Spitz valorado varios aspectos: la observación y la evaluación de lactantes, anaclitic depresión, hospitalism, las transiciones de desarrollo, los procesos de comunicación afectiva, la comprensión y la complejidad de desarrollo.
Spitz developed the term 'anaclitic depression' for partial emotional deprivation (the loss of a loved object). Spitz desarrollado el concepto de «anaclitic depresión 'para la privación parcial emocional (la pérdida de un objeto amado). When the love object is returned to the child within a period of three to five months, recovery is prompt. Cuando el amor objeto se devuelve al niño en un plazo de tres a cinco meses, la recuperación es rápida. If one deprives a child longer than five months, they will show the symptoms of increasingly serious deterioration. Si uno priva a un niño durante más de cinco meses, que muestran los síntomas de la cada vez más grave deterioro. He called this total deprivation (hospitalism). Pidió esta privación total (hospitalism).
In 1945 he did research on hospitalism in children in a foundling home. En 1945 lo hizo hospitalism en la investigación sobre los niños en una casa expósito. He found that the developmental imbalance caused by the unfavourable environmental conditions during the children's first year produces a psychosomatic damage that cannot be repaired by normal measures. Encontró que el desarrollo causados por el desequilibrio desfavorables condiciones ambientales durante el primer año del niño produce un daño psicosomático que no pueden ser reparados por las medidas normales. An other study of Spitz showed that under favourable circumstances and adequate organisation a positive child development can be achieved. Otro estudio de Spitz mostró que, en virtud de circunstancias favorables y la organización adecuada positivo el desarrollo del niño que puede lograrse. He stated that the methods in foundling homes should therefore be carefully evaluated. Dijo que los métodos expósito en hogares, por lo tanto, debe ser cuidadosamente evaluado.
Spitz recorded his research on film. Spitz grabó su investigación sobre la película. The film Psychogenic Disease in Infancy (1952) shows the effects of emotional and maternal deprivation on attachment . La película psicógena de Enfermedades en la Niñez (1952) muestra los efectos emocionales y de la privación materna en archivo adjunto. The film was the cause of major change, especially in childcare sections of institutes, homes and hospitals, due to the fact that people gained knowledge about the impact of deprivation on child development. La película fue la causa de grandes cambios, especialmente en el cuidado de los niños apartados de los institutos, hogares y hospitales, debido al hecho de que las personas adquirieron conocimientos acerca de los efectos de la privación en el desarrollo infantil.
Spitz died in Denver . Spitz murieron en Denver.
[ edit ] Ego development [Editar] Ego desarrollo
Spitz noted three organising principles in the psychological development of the child: Spitz observó tres principios organizadores en el desarrollo psicológico del niño:
- the smiling response, which appears at around three months old in the presence of an unspecified person; la sonriente respuesta, que aparece en torno a tres meses de edad en presencia de una persona, sin especificar;
- anxiety in the presence of a stranger, around the eighth month; ansiedad en presencia de un extraño, en todo el octavo mes;
- semantic communication, in which the child learns how to be obstinate, which the psychoanalysts connect to the obsessional neurosis . semántico de la comunicación, en el cual el niño aprende a ser obstinada, que los psicoanalistas conectarse a la neurosis obsesivo.
[ edit ] Books and articles [Editar] Libros y artículos
- Spitz, RA (1957). Spitz, RA (1957). No and yes : on the genesis of human communication. No y sí: sobre la génesis de la comunicación humana. New York : International Universities Press. Nueva York: International Universities Press.
- Spitz, RA (1965). Spitz, RA (1965). The first year of life : a psychoanalytic study of normal and deviant development of object relations. El primer año de vida: un estudio psicoanalítico de la normalidad y la desviación de desarrollo de relaciones de objeto. New York : International Universities Press. Nueva York: International Universities Press.
- Spitz, RA (1945). Spitz, RA (1945). Hospitalism—An Inquiry Into the Genesis of Psychiatric Conditions in Early Childhood. Hospitalism-una investigación sobre el Génesis de condiciones psiquiátricas en niños en edad preescolar. Psychoanalytic Study of the Child, 1, 53-74. Estudio psicoanalítico del Niño, 1, 53-74.
- Spitz, RA (1951). Spitz, RA (1951). The Psychogenic Diseases in Infancy—An Attempt at their Etiologic Classification. Psicógena Enfermedades en la infancia-un intento de su clasificación etiológico. Psychoanalytic Study of the Child, 6, 255-275. Estudio psicoanalítico del niño, 6, 255-275.
- Spitz, RA (1964). Spitz, RA (1964). The derailment of dialogue: Stimulus overload, action cycles, and the completion gradient. El descarrilamiento del diálogo: la sobrecarga de estímulos, los ciclos de acción, y la finalización de gradiente. Journal-of-the-American-Psychoanalytic-Association, 12, 752-774. Diario de la americana-Asociación Psicoanalítica, 12, 752-774.
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Por feyerabend - 10 de Mayo, 2009, 8:28, Categoría: General
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Relaciones objetales
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RELACIONES OBJETALES según René Spitz
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Edad |
Etapa |
Organizador (2) |
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mes 1 |
Sin objeto (anobjetal) |
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mes 2 |
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mes 3 |
Del precursor del objeto (preobjetal) (1) |
Primero |
Estímulo: signo-gestalt Respuesta: sonrisa
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mes 4 |
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mes 5 |
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mes 6 |
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mes 7 |
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mes 8 |
Del objeto libidinal propiamente dicho |
Segundo |
Estímulo: rostro extraño Respuesta: angustia
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mes 9 |
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mes 10 |
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mes 11 |
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1-2 años |
Tercero |
Estímulo: prohibición Respuesta: "no" en gesto o palabra
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(1) Spitz se refiere a veces a la segunda etapa como "preobjetal" (págs. 78 y 86), y otras veces designa con este nombre a la primera etapa (págs. 25 y 39). (2) La presencia de cada organizador se detecta a partir de sus indicadores (un estímulo y una respuesta determinados). |
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Fuente consultada: Spitz R., "El primer año de vida del niño", México, FCE, 1979. |
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Por feyerabend - 10 de Mayo, 2009, 8:21, Categoría: General
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RENE SPITZ CAPITULO VIII
RENE SPITZ CAPITULO VIII
El establecimiento del objeto libidinal
La angustia del octavo mes.
Entre el 6to.y el 8vo mes se produce un cambio decisivo en la conducta del niño hacia los otros. La capacidad para la diferenciación perceptiva diacrítica ya está bien desarrollada y el infante distingue claramente entre el amigo y el extraño. Si un extraño se acerca a él, dará muestras de recelo y de angustia y rechazará al desconocido. La conducta individual del niño varía ampliamente. Puede bajar los ojos tímidamente, cubrirlos con las manos, ocultarse el rostro con su ropa, arrojarse boca abajo, llorar o chillar. Esto se debe a una negativa a entrar en contacto con el desconocido. Este patrón de conducta se denomina angustia del 8vo mes y es la primera manifestación de la angustia propiamente dicha.
En el primer año de vida se distinguen 3 tapas de angustia:
-La primera es la reacción del infante al proceso del parto: aprox. en la 1er. semana que le sigue al parto se producen manifestaciones de desagrado que en una edad más avanzada pueden originar angustia, pero que no lo son en el sentido del psicoanálisis.
Aprox. a la octava semana de vida las manifestaciones de desagrado se hacen cada vez más estructuradas e inteligibles. Desde el lado del niño constituyen aún un indicio de incomodidad, una demanda de ayuda. A medida que las manifestaciones del niño se hacen más inteligibles, las respuestas del medio se vuelven más adaptadas a las necesidades que expresan, pudiendo el niño captar una conexión entre lo que hace y la respuesta del medio. Por el 3er mes de vida, el infante puede enviar señales volitivas y deliberadas, a las cuales el medio responde satisfaciendo sus necesidades. Es la etapa de “la llamada”.
La expresión de las necesidades del niño va seguida de la satisfacción del medio, igual secuencia que la operada en el reflejo condicionado. La diferencia es que en éste la sugerencia parte del exterior, de otro y la respuesta viene de dentro, del sujeto. En cambio, en “la llamada”el niño hace la sugerencia por medio de sus gritos de hambre, y el medio que responde será condicionado por el infante. Como esta secuencia se repita con gran regularidad en la vida del pequeño, las 2 partes que constituyen la experiencia. Los gritos de hambre seguidos de la satisfacción, son la base del sentimiento de omnipotencia que constituye una etapa primera del sentido de la realidad y la huella inicial de la categoría de la causalidad.
Mediante este proceso de atraer a la madre, para que atienda sus necesidades mediante los gritos, el ser humano experimenta por primera vez el principio de post hoc ergo propter hoc, en relacion a su propio acto.
Ahora el niño puede influir aliviar su incomodidad y aprenderá a influir su medio para que le ofrezca la satisfacción deseada. Tenemos entonces la transición desde la etapa de la manifestación pura de lo que se siente a la etapa de petición de lo que se desea, paso que da comienzo a la comunicación.
Entre el cuarto y sexto mes de vida surge el miedo, segundo paso hacia el establecimiento de la angustia propiamente dicha. En la primera etapa, se manifiesta una relación desagradable cuando la tensión interna perturba el estado de equilibrio. En la segunda etapa, la reacción de termor es provocada por un precepto que el niño ha relacionado con una experiencia desagradable previa.
La angustia del octavo mes es diferente de la conducta medrosa. En la reacción hacia lo desconocido, el niño responde a algo o a alguien con lo que, o con el que, no tuvo nunca antes una experiencia desagradable. Si reacciona al enfrentarse con un desconocido, es porque éste no es su madre, su madre “le ha dejado”.
Esto contrasta con el niño de tres meses, para el cual un rostro humano es lo mismo que otro, pues para él sólo representa un Gestalt signo de la satisfacfción de la necesidad. Cuando el desconocido se acerca al niño de ocho meses, éste se siente burlado, en su deseo de tener a su madre con él. La angustia que manifiesta no es en respuesta al recuerdo de una experiencia desagradable con el desconocido.
Como la respuesta sonriente a la edad de tres meses, la angustia del octavo mes señala una etapa diferente en el desarrollo de la organización psíquica.En el caso de la angustia del octavo mes, el precepto de la cara del desconocido qua face es comparado con las huellas mnímicas del rostro de la madre.
La madre se ha convertido en el objeto libidinal, amoroso del niño. El niño modifica su modo de tratar con el medio y domina a éste porque ha adquirido la función de la decisión.
El SEGUNDO ORGANIZADOR
La angustia del octavo mes indica la emergencia en la psique de un segundo organizador. Tanto la personalidad del niño como su conducta, sufrirán un cambio radical.
Al nivel del octavo mes, el dispacer adopta la forma de la angustia específica, cuando se acerca al pequeño un desconocido. Las fases sucesivas de este sector del dessrrollo marchan paralelascon las fases de otros dos sectores del desarrollo.
Uno de elllos es aquel que lleva a la integración del yo. El otro el del desarrollo progresivo de las relaciones de objeto, que culmina en la constitución del objeto libidinal.
Estas tres corrientes del desarrrollo: la cristalización de la respuesta afectiva, la integración del yo y la consolidación de las relaciones de objeto son dependientes entre sí.
Los dos pasos principales que llevan a la constitución del objeto libidinal son:1)el establecimeinto de la representación del rostro humano en el sistema mnímico como un incentivo nos informa del surgimiento del precursor del objeto;2)Tres o cuatro meses después aparece la angustia. Esta indica que el niño diferencia el semblante de la madre y le adjudica un lugar único entro todos los demás rostros humanos. Desde entonces y durante algún tiempo después, el niño preferirá el rostro materno y rechazará todos los otros que difieran de él. Esto es lo que indica el establecimiento del “objeto” libidinal propiamente dicho.
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Por feyerabend - 10 de Mayo, 2009, 8:18, Categoría: General
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Un hombre del Renacimiento: Gregory Bateson
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Un hombre del Renacimiento: Gregory Bateson
Hoy que la división del trabajo industrial ha llegado hasta los ámbitos académicos, llevando al paroxismo la especialización, una figura como la de Gregory Bateson suele provocar grandes perplejidades entre quienes, alertados por el creciente interés que está despertando su pensamiento, intentan encerrarlo en algún compartimiento de la ciencia o de la filosofía.
En cierto modo, es la misma reacción que hace unas décadas había producido un Teilhard de Chardin.
Es probable que figuras como éstas sólo admitan comparación con algunos pensadores del Renacimiento como Pico o Bruno. Como ellos, tocan todos los temas, y si bien su estilo no se caracteriza por la claridad, no puede negarse que sus escritos están llenos de nuevas ideas: un rasgo más que asemeja a nuestro tiempo con las turbulencias que dieron origen a la Modernidad.
Hay quienes sólo recuerdan a Bateson como el esposo de Margaret Mead; para los más informados, es un biólogo, un antropólogo, un psicólogo conductista, un psicoterapeuta de avanzada, un epistemólogo o un pensador ecologista. Bateson fue todo eso y mucho más: tratar de seguir la evolución de su pensamiento es toda una aventura intelectual.
Nuestro hombre comenzó su carrera como biólogo. Casi podemos decir que llevaba este destino en los cromosomas, pues su padre, William Bateson, había sido uno de Ios primeros genetistas: su "regla de Bateson" aún conserva cierta vafiidez en teratología, el campo dç las deformaciones congénitas. El fue quien quiso que lo llamaran Gregory, en homenaje a Gregor Mendel, el padre de la geneéica.
"Cuando nació ... su padre abría huevos para medir la distribución de sexos. La casa donde vivían estaba rodeada de campos que se plantaban para estudiar las leyes de Mendel. Tenía la formación de un naturalista que observa la realidad circundante en lugar de obligar a la naturaleza en un laboratorio a proporcionarle respuestas limitadas a preguntas limitadas.''
Gregory Bateson estudió pues biología en Cambridge; su primer trabajo publicado (1926) fue de carácter biológico, y versó sobre una especie jamás antes estudiada en Inglaterra.
Sin embargo, pronto descubrió que jamás habría de sentirse cómodo dentro de los límites de una sola disciplina, y emprendió un largo revoloteo en torno del árbol de la Ciencia, que habría de llevarlo muy arriba, quizás para satisfacer una tendencia especulativa que también tenía raíces "hereditarias"; no en vano su abuelo William H. Bateson había sido un teólogo del St. John College.
Comenzaba la década del 30, que entre otras cosas conocería el auge del "trabajo de campo" antropológico; los últimos pueblos arcaicos estaban desapareciendo, y era preciso ir a estudiarlos antes de que fueran asimilados. La antropología estaba en su crisis fundacional. En Estados Unidos, Franz Boas repartía los campos de investigación entre sus alumnos como lo hubiera hecho un monarca español con sus adelantados: para unos, los omahas y los navajos para otros, los samoanos y los balineses...
En Cambridge, también Bateson cayó bajo la influencia del antropólogo A. C. Haddon, quien tenía grandes planes para él, Haddon lo convenció de que se fuese a Nueva Guinea, a estudiar los pueblos de la cuenca del río Sepik.
En su primer viaje (1927), Bateson no pudo alcanzar ese objetivo, pues un funcionario colonial lo derivó hacia el pueblo Baining. Allí aparte de contraer una úlcera tropical, escribió un artículo sobre danzas rituales; fue un trabajo que Margaret Mead, sin conocer aún a su autor, juzgó irrelevante.
Al fin pudo instalarse en la zona del Sepik y dedicarse al estudio de la cultura iatmul. Margaret Mead y su segundo esposo, Reo Fortune, lo encontraron en la aldea de Kankanamum, viviendo en una cabaña construida en torno a un árbol, con un agujero en el techo "para que pudiera entrar y salir el gato de Gregory". Se quedaron allí casi un año.
Margaret Mead ya había publicado sus clásicos estudios sobre Samoa, y de sus discusiones de entonces con Bateson habría de surgir Sexo y temperamento, una de sus obras más importantes. Bateson, por su parte, escribió Naven (1936), estudio de un ritual de inversión de los roles sexuales entre los iatmul, que tarnbién pasó a ser un clásico. Juntos, conocieron a los tchambuli, los dobu, los mondugumor y otras culturas cuyos nombres hoy son familiares para cualquier estudiante de ciencias humanas. También inauguraron un nuevo estilo de cine documental, y produjeron valiosos repertorios fotográficos.
Al finalizar ese período, en 1935, Margaret Mead se divorció de Fortune y se casó con Bateson. Juntos se trasladaron a Bali, cuya cultura dio motivo a Gregory para revisar sus hipótesis. Sin embargo, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, Bateson abandonó la antropología y ya no volvió a hacer trabajo de campo.
En 1939, Margaret, que hasta entonces había sido considerada estéril, tuvo una niña de Gregory, a la que llamaron Mary Catherine. Los Bateson hicieron de su educación un verdadero proyecto de investigación, asesorados por la autoridad pediátrica de entonces, el doctor Benjamin Spock.
La niña despertó en Bateson un renovado interés por estudiar los mecanismos del pensamiento en su estado ingenuo. Comenzó entonces a escribir sus "metálogos", costumbre que habría de conservar durante toda su vida. A través de estos diálogos socráticos con su hija, Bateson buscaba la posibilidad de reconstruir el proceso de conceptualización y las categorías primarias del pensamlemo, en una tarea que parecía unir a Piaget con Wittgenstein. Los llamó "metálogos", por entender que se trataba de "diálogos cuya estructura misma es pertinente al tema", de modo que el carácter recurrente de la argumentación arroja cierta luz sobre la estructura de lo real y del pensamiento.
Más tarde, Bateson comenzó a interesarse por la psicología y, partiendo de la teoría conductista del aprendizaje, produjo nuevas conjeturas, algunas de las cuales ("enseñar a aprender") ya han pasado al lenguaje corriente de los educadores. Entre 1949 y 1962 trabajó en el Hospital de Palo Alto (California) con enfermos mentales; allí concibió su teoría de la esquizofrenia conocida como "doble vínculo", que aún goza de sólido prestigio, si bien confesaba no haber sido de gran ayuda para sus pacientes.
En esta época, hacia los años 50, conoció a su segunda esposa, Lois, de la cual luego tendría dos hijos, Nora y John.
También la psicoterapia lo dejó insatisfecho al poco tiempo; volvió a interesarse en la biología, e incursionó en el campo de la etología, estudiando la conducta de las nutrias, observando el comportamiento de los pulpos, y trabajando con delfines y otros cetáceos desde el momento en que se relacionó con John Lilly, pionero en este último tema.
La penúltima etapa de la actividad de Bateson estuvo vinculada con el célebre Instituto Esalen, de Big Sur (California): uno de los centros de investigación más caros que han aparecido en las últimas décadas, extravagante y estimulante a la vez. Allí, la charlatanería se codea con las técnicas más originales y renovadoras de las ciencias humanas, en ese multicolor conglomerado al cual se denomina "psicología humanista".
En esa época Bateson solía dirigir cursos muy poco convencionales, donde exigía que los participantes comenzaran definiendo conceptos tales como "entropía", "sacramento" y "juego", para obligarlos a quitarse de encima la coraza de sus terminologías técnicas y adentrarse en una visión totalizadora ("holística") de las ciencias humanas.
Una clase típica se iniciaba cuando Bateson ponía sobre la mesa un crustáceo recién hervido y pedia a los cursantes que determinaran si ese objeto era o no orgánico, y por qué. En realidad, la pregunta no era tan extraña, si recordamos que con un tópico similar se abre uno de los libros más importantes de filosofía natural contemporáneos, El azar y la necesidad, del premio Nobel Jacques Monod. Lo que se proponía Bateson era producir una especie de saneamiento mental, obligando a distinguir los "datos", de los "conceptos heurísticos" y las leyes propiamente dichas.
Este tipo de planteos llevó a Bateson a interesarse por una disciplina tan totalizadora como es la ecología; ésta ofrecía una perspectiva lo suficientemente amplia como para recapitular todas las etapas de su pensamiento y todos los temas que alguna vez le habían interesado, profundizando a la vez en la reflexión sobre los problemas contemporáneos. Este interés por la ecología habría de asegurarle cierta fama extraacadémica en ambientes juveniles, revistas "subterráneas" y otras áreas marginales.
La muerte de Bateson, ocurrida el 4 de julio de 1980, le puso a su vida un final coherente con todo su pensamiento. Bateson quiso dar un testimonio, luchando por una "buena muerte", y lo logró. Murió fuera de las salas de terapia intensiva, sin recursos artificiales que prolongaran un estado vegetativo más allá de lo conveniente, acompañado por sus amigos y familiares, como para testimoniar la unidad de lo fisico y lo espiritual y rechazar las muchas deshumanizaciones a que nos somete la medicina industrializada. El ritual improvisado y vagamente religioso que acompañó sus últimos días se celebró en un templo Zen (pese a que Bateson no era budista) y adoptó un cierto estilo "californiano". Sin embargo, pese a ciertas extravagancias, alguien que es capaz de morir como entendia que habia que vivir merece sin duda respeto, y vale la pena leer el relato de esos seis dias.
Margaret Mead, quien conoció a Bateson cuando éste tenía apenas unos treinta años, y por cierto no compartía sus inquietudes filosóficas, no puede dejar de señalar, en sus Memorias, la peculiaridad de su estilo de pensamiento: "En su discusión de los problemas, transitaba fácilmente de una ciencia a otra, eligiendo analogías con la física y la geología".
En sus últimcs años, junto con el interés por las avanzadas de las ciencias del hombre y la ecología, Bateson había desarrollado un pensamiento epistemológico que contiene muchos elementos de una metafísica; allí habrá que buscar su legado, pues siempre quiso ser un hombre de teoría más que un mero clasificador de hech¢s.
La cibernética de la cultura
El trabajo que Bateson realizó en Nueva Guinea sobre la cultura iatmul trasciende el mero campo de la antropología para proyectarse hacia planteos más amplios: perfila ya el estilo "interdisciplinario" que el autor cultivaría toda su vida, moviéndose entre las ciencias con la mayor de las libcrtades.
Por entonces Bateson, que procedía de una tradición europea con cierta amplitud filosófica, no se conformaba con el funcionalismo ni con las subdivisiones converlcionales en el estudio de la cultura. Pensaba que las categorías ("religioso", "económico", etc) eran simples abstracciones y no compartimientos estancos de la realidad. En un trabajo posterior ("Moral y carácter nacional") intentó ernp!ear polaridades (por ejemplo, dominio-sumisión) para evadir los esquemas demasiado estrictos. A diferencia de Margaret Mead. quien desde los tiempos de Samoa se manejaba con esquemas freudianos, Bateson desconfiaba de la teoría psicoanalítica, en la cual veía un ejemplo de la falacia de la "concretez fuera de lugar", usando un concepto de Whitehead.
En ese tiempo, lo que le interesaba era desentrañar, detrás de las estructuras específicas, el estilo esencial de una cultura, su "forma"; para designarlo, propuso entonces el término "ethos", que hizo cierta carrera entre los antropólogos. Este "ethos" o carácter cultural formaba parte, en definitiva, de una búsqueda más amplia, la del eidos, definido como "el andamiaje de la naturaleza" (PEM, pág. 100). El término, y el concepto, son platónicos; en Platón, eidos es la Idea o modelo inmutable de la realidad cambiante.
Bateson habría de volver a menudo sobre esto; en sus últimas obras lo denominaría "la pauta que conecta", el vínculo estructural e ideal que rige tanto las formas naturales como las espirituales. En la misma época, propuso añadir a las viejas nociones biológicas de homología y analogía el concepto de "homonomía", tomado del viejo Haeckel, pero no tuvo éxito (PEM, pág. 106). Más tarde insistiría con la "abducción", un término de Peirce, definido como un razonamiento que permite subsumir el caso concreto en una forma general. Casi diríamos que es la dialéctica ascendente de Platón; y éste no será el único componente Dlatónico que encontraremos en Bateson.
De todc,s modos, la formación científico-natural, la preocupación epistemológica y cierto estilo de pensamiento creativo, hacían que Bateson no encarara el estudio de la cultura iatmul como un simple relevamiento de datos, sino como una pista en el camino de generalizaciones más amplias. De allí que, cuando habla del sistema social no jerárquico de los iatmul, donde abundan las sanciones "colaterales" entre clanes, no puede menos que compararla con la simetría radial de las medusas (PEM, pág 102).
El producto de todo este estudio de la cultura iatmul no habría pues de ser un prolijo inventario de datos, clasificado bajo categorías funcionalistas, sino la introducción de un concepto.
Se trata de la cismogénesis. Para Bateson significa la capacidad que tienen algunas culturas de alentar los conflictos y divisiones (cismas) en su seno. La cultura iatmul, por ejemplo, es tan altamente cismogénica como la nuestra. En cambio, cuando más tarde Bateson estudió la sociedad balinesa, no halló nada mejor que introducir el concepto opuesto ("zigogénesis") para caracterizar un estilo cultural que tiende al equilibrio y la estabilidad.
¿Cuál es el andamiaje teórico en el cual se apoya Bateson para formular este planteo? Para un antropólogo bien formado, éste sería un tanto escandaloso, pues el autor reconoce como fuentes "la ingeniería de las comunicaciones, la Teoría de los Juegos de von Neumann y las ecuaciones de Richardson sobre la carrera armamentista".
En la ingeniería de las comunicaciones se hablaba de circuitos regenerativos (o viciosos) y degenerativos (o autocorrectivos). Un circuito degenerativo, por ejemplo un termostato, es aquél que contiene por lo menos un eslabón donde a un aumento de N sucede una disminución de M, con lo cual el sistema alcanza un límite y permanece regulado. En el circuito regenerativo, a cada incremento de uno le corresponde un incremento del otro, y así al infinito. Siguiendo este esquema, entre los iatmules la emulación y la competencia generan interminables conflictos; tanto la cultura iatmul como la civilización occidental son cismogénicas.
Si comparamos estos conceptos de hace cuarenta y cinco años con los circuitos de la producción y el consumo, la potencia destructiva de las armas y el equilibrio del terror, la industrialización y la contaminación, tendremos una idea del alcance que tiene esta concepción, originalmente formulada sólo para comparar el estilo de vida de unos aldeanos de Nueva Guinea con el de la sociedad de Bali.
La informática de la personalidad
La segunda etapa de la evolución del pensamiento de Bateson recuerda un proceso análogo seguido por Piaget quien, como es sabido, desde sus comienzos se interesó por la epistemología, pero se vio obligado a realizar un largo excurso por la psicología evolutiva, simplemente para constituir una ciencia "auxiliar" que aún no existía.
Bateson también cumplió una prolongada incursión en las ciencias del comportamiento, primero en busca de una teoría general del aprendizaje y luego proponiendo hipótesis para el tratamiento de la esquizofrenia; en ambos campos hizo aportes decisivos, si bien para su evolución intelectual fueron solamente etapas.
Uno de sus trabajos más sólidos de esta época gira en torno de una teoría general del aprendizaje "en las computadoras, las ratas y los hombres". Este subtítulo es necesario si se entiende que, tratándose de procesos análogos, la división del trabajo profesional no invitaba precisamente a rastrear la "pauta que conecta": los psicólogos conductistas se dedicaban a las ratas (a menudo extrapolando abusivamente sus resultados al hombre); los pedagogos y psicólogos educativos se limitaban al aprendizaje escolar, y las computadoras estaban en manos de los ingenieros.
Por influencia de Jurgen Ruesch, con quien trabajó, Bateson se interesó muy temprano en el concepto de la "realimentación" (feedback), e intentó tender un puente entre la cibernética, la educación y la psiquiatría. Estableció una jerarquía de niveles de aprendizaje, donde la mera recepción de información constituye el nivel cero. En el nivel uno se sitúa el condicionamiento de los perros de Pavlov: aquí el aprendizaje consiste en discriminar respuestas alternativas a un determinado estímulo. Pero para Bateson no se trata de una respuesta mecánica, sino que junto con el estímulo se aprehende el contexto del aprendizaje (situación, laboratorio, aula, etcétera) y a la vez el contexto general en el cual se inserta este contexto experimental.
El segundo nivel (deuteroaprendizaje) consiste en "aprender a aprender"; ya no se trata de discriminar alternativas sino conjuntos enteros de alternativas; ya no es reaccionar a los estímulos (necesidades, recompensas, castigos, etcétera), sino distinguir contextos enteros de aprendizaje.
Hasta aquí llegan los manuales corrientes de psicología conductista, que raramente citan a Bateson; aquí comienzan a demorarse con los misterios del "refuerzo" en el aprendizaje, una dificultad que se disiparía introduciendo el criterio contextual.
Sin embargo, Bateson, que parte de un riguroso esquema conductista (impregnado de mecanicismo desde Watson) va mucho más lejos. Así como el deuteroaprendizaje es un cambio dentro de los hábitos del aprendizaje primario, postula un tercer nivel, el cual sería un cambio en el deuteroaprendizaje, donde se trata de cambiar sistemas, no ya de alternativas sino de conjuntos de alternativas. A título indicativo señala que este fenómeno se puede producir en la psicoterapia, en la conversión religiosa y otros estados de cambio profundo de la personalidad; quizá estuviese pensando en algo similar al satori del budismo Zen.
Aun sería posible concebir un cuarto nivel, pero Bateson considera que en nuestro planeta no existen organismos que lo alcancen.
Estas herramientas teóricas habrían de servirle luego para aplicarlas a sus estudios sobre la comunicación con los cetáceos y los "lenguajes" animales. Una vez más, la comparación y la analogía sirven como principio heurístico para introducir una nueva diferenciación entre el hombre y el animal. Bateson observa que el "discurso" de los mamíferos no se compone de gritos, mugidos o ladridos supuestamente equivalentes a "palabras", sino que ellos, junto con los demás gestos, sólo son inteligibles en su contexto; se trata de un mensaje global en ei nivel del primer tipo de aprendizaje.
En la mímica, tanto el hombre como el animal utilizan un lenguaje analógico, pero la diferencia esencial es que el hombre es capaz de un lenguaje digital (PEM, pág. 394), capaz de fijar contextos precisos de alternativas, tanto más precisos cuanto más complejo es el simbolismo que emplea. En un ejemplo muy gráfico, afirma Bateson que cuando el gato se acerca maullando a la heladera no está diciendo "quiero leche", sino emitiendo un mensaje global que nos recuerda que depende de nosotros. El hombre, en cambio, puede expresar "digitalmente" qué quiere y cómo lo quiere, aunque no siempre tenga la claridad mental suficiente para saber qué quiere realmente.
La teoría batesoniana de la esquizofrenia es casi un corolario de sus estudios sobre el aprendizaje. Siguiendo con su preocupación por el contexto, nuestro autor fue el iniciador de la psicoterapia familiar, al entender que el enfermo mental es producto de la interacción familiar o grupal: la disgregación de su personalidad proviene precisamente de vivir en un sistema de agudas contradicciones, hasta perder la capacidad que tiene el yo de "discriminar modos comunicacionales".
Imaginemos una madre ambivalente que dice "hijito querido" mientras su rigidez indica rechazo, y tendremos un doble mensaje: digital (las palabras de afecto) y analógico (el gesto, que indica lo contrario). Quien se ve sometido este tipo de contradicciones (por ejemplo, entre lo permitido y lo prohibido) genera un "doble vínculo"; es un conflicto entre un mandato primario negativo y uno secundario opuesto a,i primero, que provoca una fragrnentación de su "yo". La personalidad funciona aquí -dirá Bateson- como un sistema autocorrectivo que ha perdido su regulador. Vemos pues que la esquizofrenia es a la personalidad lo que la cismogénesis es a la cultura.
De la epistemología a la metafísica
La tercera etapa del pensarniento de Bateson apunta a constituir una teoría general del saber, a la que denomina "epistemología". En su concepción, no se trata simplemente de una teoría del saber científico sino de una reflexión sobre el conocimiento en generai.
Bateson no creía que la ciencia avanzara en forma inductiva, acumulando simplemente nuevos conocimientos; tampoco creía que la capacidad de predecir hechos fuese el único criterio de cientificidad. Sostenía la unidad de las ciencias como supuesto fundamental, y pensaba que "el avance de una ciencia se puede juzgar por los cambios que obliga a efectuar en las ciencias vecinas" (PEM, pág. 273).
Intentó pues hallar los nexos que unían campos convencionalmente separados; a veces lo hizo con analogías audaces y poco convincentes, pero casi siempre sus planteos resultan incitantes.
Una de sus citas favoritas, que encontramos a cada paso en sus obras, es la sentencia del conde Korzybski: "el mapa no es el territorio". Korzybski había experimentado esto en carne propia cuando se extravió con su batallón siendo oficial de la caballería polaca en la Primera Guerra Mundial. Esta desconfianza hacia los mapas y demás abstracciones que no agotan la realidad, la elevó Iuego a principio epistemológico en su obra Ciencia y cordura, que popularizó la lógica no aristotélica en los Estados Unidos.
Partiendo de esta fórmula como distinción básica entre abstracción y complejidad de lo real, Bateson la entronca con la Teoría de los Tipos Lógicos de Bertrand Russell y A. N. Whitehead. Considerada simplemente un capítulo de la lógica matemática, y encerrada en las dificultosas páginas de los Principia Mathematica, esta teoría no había sido aplicada antes a las ciencias de la conducta. Bateson lo hizo, con la convicción de que si estas ciencias seguían ignorando los Principia Mathematica estaban atrasadas en sesenta años (PEM, pág. 309).
Nuestro autor aplica la teoría de los Tipos Lógicos en su estudio del arte primitivo balinés y se apoya en ella para explicar el "doble vínculo" esquizofrénico. Sus inquietantes preguntas sobre la metáfora, el sacramento o el juego, que solían desconcertar a auditorios de psiquiatras, artistas o tecnólogos, se explican si recordamos que para él "el juego, la fantasía, la metáfora, el sacramento, el humor, son señales de un tipo lógico superior al del mensaje que clasifican".
Bateson también recurre a la Teoría de los Juegos de von Neumann, a partir de la cual se creó toda la iñvestigación operativa; la aplica tanto al estudio de la cultura iatmul como al doble vínculo de la esquizofrenia.
Sin embargo, es en la cibernética donde encuentra el modelo más satisfactorio. Quizás algún día, cuando la ciencia haya evolucionado hacia otro paradigma y se haga historia a la manera de Kuhn, Bateson será recordado como uno de los introductores del modelo cibernético en las ciencias humanas.
Bateson pensaba que el primero en intuir el rnodelo cibernético había sido Wallace (PEM, pág. 459), quien en una famosa carta a Darwin comparaba el rol de la selección natural de las especies con el funcionamiento del regulador de Watt, recientemente incorporado a las máquinas de vapor. De todos modos, fueron las ecuaciones de Maxwell, destinadas a explicar el cicio del regulador, las que introdujeron el tiempo en un esquema lógico de causalidad, y con él la cibernética.
Según Bateson la lógica es un modelo ineficaz para expresar la relación causa-efecto; es necesario recurrir a otras analogías: los circuitos eléctricos, la sumación sináptica en las fibras nerviosas, una cita de Shakespeare o una demostración matemática poco convencional, digna de Gastón Bachelard...
Quizás la aplicación más sorprendente que Bateson encuentra para la cibernética (la cual, después de todo, es la ciencia de los sistemas de control) sea en el estudio del alcoholismo (PEM, pág. 339). Estudiando los métodos de trabajo de Alcohólicos Anónimos, encuentra que su "teología" ("hay un Poder superior a uno mismo", "nadie puede ser capitán de su alma") es un reconocimiento de la interacción yo-comunidad-medio, como sistema cibernético complejo.
Pero hay otra analogía cibernética aún más extraña: es cuando Bateson evoca el tratado de Versalles como origen de todos los problemas que llevarían a la Segunda Guerra Mundial y lo explica como un cambio en la distorsión del "regulador" de los procesos históricos. La explicación es convincente, si se admite que Versalles fue un cambio cualitativo, aunque el lenguaje no dejará de sorprender a los historiadores.
Es evidente que cuando Bateson habla de epistemologíá no se refiere simplemente a la metodología científica; apunta a una metaciencia que entiende debe reunir las connotaciones de aquello que tradicionalmente se ha llamado metafísica: "La tesis platónica de este libro es que la epistemología es una metaciencia indivisible e integral cuya materia de estudio es el mundo de la evolución, el pensamiento, la adaptación, la embriología y la genética: la ciencia del espíritu (mind) en el sentido más arnplio de la palabra (EN, pág. 79).
Por medio de una serie de tesis provocativas, reunidas bajo el título de "Cualquier escolar sabe...", Bateson intenta ejercitar la mente de sus lectores para que aprendan a distinguir las abstracciones de las realidades, a no confundir los mapas que traza la ciencia con el territorio de los hechos, el número con la cantidad, las secuencias lógicas con la causalidad. En especial, se preocupa por recordar que la ciencia no es acumulación de datos; es más, que no hay datos en bruto: los datos no son sucesos sino registros, descripciones, recuerdos o vivencias de hechos. Bateson vuelve a menudo sobre las experiencias ópticas de Ames, que muestran claramente hasta qué punto construimos la imagen de lo que vemos, según la perspectiva, el paralaje, etcétera. Lo mismo ocurre con las ciencias, que tienen una visión monocular de la realidad, y sólo mediante la comparación de sus tesis y sus resultados pueden exhibir una nuevá visión, binocular o tridimensional. Su metodología será pues "la comparación doble o múltiple (EN, pág. 79), que pretende superponer las imágenes de las distintas áreas de la ciencia; la biología con la geología, la psiquiatría con la informática, la genética con la psicología.
Por este camino es como descubre que el diseño de las rayas de las distintas razas de cebras es un sistema modulado de señales (PEM, pág. 261), que la norma que rige la reduplicación de miembros en los coleópteros, la "regla de Bateson" (padre), es un problema informático; o que los famosos estudios de D'Arcy Thompson sobre simetría demuestran que los distintos caparazones de crustáceos son también variaciones hechas a partir de un mismo módulo (EN, pág. 152).
La realidad, física y espiritual, debe ser encarada como un vasto sistema compuesto de subsistemas coherentes; Bateson piensa que lo real es racional, pero se propone demostrar que una misma raciona lidad es la que opera en la evolución biológica y en los procesos lógicos de la mente.
Quizá sea por ello que se empeña en rescatar a figuras marginadas en la historia del pensamiento, como Lamarck, prematuramente relegado por los biólogos a causa de su "herencia de los caracteres adquiridos", cuando fue el primero en plantear la idea del proceso evolutivo (PEM, pág.373); a Samuel Butler, el utopista que se atrevió a criticar a Darwin; a Blake, y quizás a Goethe.
Piensa que la visión materialista, que excluye lo ético y lo estético, ha sido dominante en la evolución de la ciencia occidental, pero junto a ella siempre ha estado presente la visión "mística" complementaria. Propone superar la polémica "mecanicismo vs. vitalismo" mediante una visión más unificada de la ciencia (PEM, pág. 293). Por otra parte, observa que esta preocupación es más antigua que la ciencia misma, y recuerda que el libro del Génesis no se ocupa tanto de explicar el origen de la materia como el origen del orden.
A partir de su "comparación" de los campos científicos, Bateson concluye que el cambio genético y el proceso de aprendizaje pueden ser considerados como procesos estocásticos. Un proceso estocástico (o estratégico) es aquella secuencia donde la creatividad está representada por la inclusión de novedades, circunstancias aleatorias e imprevisibles, sobre las cuales se ejerce cierto control: el azar y la necesidad, como diría Monod. La diferencia está en que hay ciertos procesos estocásticos convergentes (donde lo aleatorio tiende a disminuir) que en el límite resultan totalmente controlables. Tal es el caso de la lógica, que desemboca en la tautología (A = A) pero elimina la creatividad. Los procesos divergentes, como el de la vida, resultan en cambio menos controlables, pero son los creativos (EN, pág. 156).
Bateson no vacila en afirmar que la suya es una visión p/atónica (EN, pág. 4). En consecuencia no podía evitar (a pesar de su búsqueda de la unidad del saber) caer en la dicotomía, separando dos mundos distintos. Siguiendo un curioso libro de Jung (Siete sermones a los muertos), adopta la terminología de los antiguos gnósticos, y divide el mundo en dos partes: el pleroma (lo no viviente, las secuencias estocásticas convergentes, lo matematizable) y la creatura (lo viviente, que es divergente y sólo se entiende a partir de las diferencias) (PEM, pág. 486).
En uno de sus metálogos más densos y de más difícil comprensión, titulado "¿Y entonces, qué?", propone interpretar el mundo de lo viviente, la creatura, como una "tautología autocurativa", cuya tendencia hacia la estabilidad lógica la llevaría a asemejarse al pleroma, a la tautología lógica, si no fuera porque incorpora constantemente lo aleatorio y de algún modo se cura a sí misma (EN, pág. 184).
Desde estas alturas de abstracción, el pensamiento de Bateson vuelve a descender al mundo de hoy, para tratar de entender el porqué de la crisis que vivimos, y desemboca en una filosofía ecológica.
No se trata de un mero conservacionismo o nostalgia romántica por la natura;ieza, sino de un intento de comprender al hombre, su vida espiritual y sus proyectos comunales como parte de sistemas más vastos. El error de los darwinistas (incluyendo el darwinismo social) ha sido pensar que la unidad de supervivencia era la especie, cuando lo único que puede sobrevivir es la especie más el medio ambiente.
Una sabrosa parábola ecológica (PEM, pág.465) le permite a Bateson evocar a unos Adán y Eva peculiares, que comienzan haciendo cosas semejantes a los chimpancés de Kohler y terminan destruyendo su entorno, y con él a sí mismos. Nuestra crisis ecológica aparece más adelante graficada en un elegante circuito cuya forma recuerda un trisquelión, símbolo tan antiguo como las runas: allí aparecen entrelazados en sus causalidades recíprocas tecnología, población e "hybris" (orgullo), simbolizando los errores de valoración del pensamiento occidental y los subproductos de este círculo vicioso: hambre, guerra y polución (PEM, pág. 523).
En efecto, según Bateson la evolución de las actitudes del hombre hacia la naturaleza ha seguido una pauta bastante lógica. Primero vino el totemismo (en el cual el hombre imitaba a la naturaleza), luego el animismo, por el cual proyectaba sobre ella sus modos de pensar, y por último el desenfreno tecnológico, que amenaza con su destrucción justamente cuando el hombre comienza a comprender la naturaleza de los sistemas en los cuales está inserto y puede empezar a respetarlos (PEM, pág. 517).
Científico por vocación, y hombre de inquietudes religiosas, no está conforme con la manera como se enseña la ciencia y como se practica la religión. Bateson llega a preguntarse: "¿Estará acaso la especie humana ... modificando su ambiente con una contaminación en lento aumento y pudriendo su espíritu con una religión y una educación en lento deterioro? (EN, pág. 87).
En este último avatar de su pensamiento se atan los cabos de algunas ideas que lo obsesionaron siempre: cuando era un joven antropólogo se preocupaba por la cismogénesis, la tendencia al desenfreno de los conflictos en una cultura arcaica, y en sus últimos años le preocupaban las guerras absurdas, como Vietnam, la falta de lucidez, la destrucción de la biosfera que nos sustenta, el deterioro de la calidad de vida, la falta de espiritualidad en nuestras motivaciones: de los desajustes de una cultura primitiva de Nueva Guinea a los desenfrenos de la civilización industrial.
Bateson quiso no sólo advertirnos de los peligros, algo que desde hace más de una década conocemos, sino ofrecer los medios para superarlos, mediante una mejor intelección de nuestros sistemas. Ignoro si su propuesta será el camino para salir de la crisis, pero merece ser analizada siquiera porque se trata de la obra de alguien que vivió la ciencia como vocación y no como profesión, alguien que supo morir no ya defendiendo sus ideas sino xonforme a ellas, lo cuai es más difícil Casi tanto como vivir.
Pablo Capanna
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Por feyerabend - 11 de Abril, 2009, 16:44, Categoría: General
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Paul Watzlawick, psicólogo y filósofo
Paul Watzlawick, psicólogo y filósofo
Paul Watzlawick.
VIENA | PALO ALTO (EEUU).- El psicólogo, sociólogo y filósofo austriaco Paul Watzlawick murió el 31 de marzo a los 85 años en su residencia en Palo Alto, California. El intelectual, reconocido internacionalmente a través de su obra 'El arte de amargarse la vida' (1983), entre otras, murió a causa de una larga enfermedad que padecía. Fue uno de los principales autores de la teoría de la comunicación y de la psicoterapia.
Watzlawick había nacido el 25 de julio de 1921 en Villach, Austria. Se formó en psicoterapia en el Instituto C.G. Jung de Zúrich, en Venecia y también San Salvador. Fue profesor de psicología en la Universidad de Stanford.
En 1960 se asentó en Palo Alto, California, y continuó sus investigaciones en el Mental Research Institute, donde desarrolló la teoría de la comunicación que lo hizo famoso.
Watzlawick estableció cinco axiomas para explicar su teoría de la comunicación entre las personas. Entre ellas incluyó la afirmación de que es imposible no comunicarse, porque todo comportamiento es una forma de comunicación, y que la comunicación involucra mucha más información que la que contiene la palabra expresada.
El filósofo, psicólogo y sociólogo escribió 18 libros, traducidos a 85 idiomas, y unos 150 artículos que fueron incluidos en libros.
Su obra más famosa es 'El arte de amargarse la vida', una parodia de los libros de autoayuda, con consejos para personas que siempre quisieron sentirse miserables pero nunca pudieron lograrlo totalmente. El autor dio allí recomendaciones sobre cómo convertir la vida propia y la de los demás en un infierno, cómo sublimar el pasado y el autocumplimiento de las profecías.
Su bibliografía también incluye, entre otros, 'Cambio', escrito junto a John Weakland y Richard Fisch, '¿Es real la realidad?', 'El lenguaje del cambio', 'Teoría de la comunicación humana', junto a Janet Beavin y Don Jackson; 'El arte del cambio', junto a Giorgio Nardone; y 'La construcción del universo', escrito con Marcelo R. Ceberio.
Watzlawick no fue sólo uno de los más grandes científicos de la comunicación en Estados Unidos sino también un psicólogo reconocido en todo el mundo.
En el marco de la psicología desarrolló la denominada terapia sistémica constructivista, en la que descartaba por principio el trabajo y la investigación del pasado de un paciente. "No busco las causas en el pasado, sino que investigo la situación aquí y ahora. Para mí es decisiva la aguda presión del sufrimiento que padece el paciente", dijo una vez.
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Por feyerabend - 15 de Enero, 2009, 14:47, Categoría: General
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La base visceral del racismo es resistente a la educación
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La base visceral del racismo es resistente a la educación
Un experimento ilumina la raíz del prejuicio racial más inconsciente
JAVIER SAMPEDRO - Madrid - 09/01/2009
El racismo que colonizó la Alemania de Hitler no tiene nada que ver con la biología, salvo por la metáfora del virus ideológico. Pero los neurólogos distinguen con claridad ese fenómeno racional de otro racismo inconsciente, similar a una fobia y producto de la evolución de nuestros ancestros. Un experimento psicológico con personas de varias etnias ilumina hoy una de las mayores fuentes de dolor y destrucción de la historia humana.
Kerry Kawakami y un equipo de las universidades norteamericanas de York, Yale y British Columbia presentan hoy los resultados en la revista Science. El experimento consiste en preguntar a un grupo de personas (por ejemplo, blancos) cómo se sentirían si presenciaran tal o cual situación racista.
Y después someter a otro grupo distinto de blancos a esas mismas situaciones racistas en la vida real (una simulación con actores). El resultado se deriva de comparar lo que la media de la gente dice con lo que la media de la gente hace ante la misma situación. Los científicos dan este rodeo estadístico para evitar que los mismos sujetos que responden la pregunta tengan después que reaccionar ante la misma situación, un experimento que no diría nada útil.
Por ejemplo, los investigadores preguntan a un grupo de blancos (no-negros de varias etnias, en realidad) qué sentirían si otro blanco les dice "mira que es torpe ese puto negro". La mayoría (83%) asegura que se sentiría molesto y que eludiría la compañía del racista. Pero cuando otro grupo de blancos presencia la escena realmente, el 63% elige al racista como compañero para un trabajo.
Los psicólogos descartan que se trate de un caso masivo de cinismo. La mayor parte de los voluntarios muestra signos convincentes de haber asimilado realmente el resultado de décadas de educación, campañas cívicas y convivencia en las ciudades norteamericanas. Los autores creen que las opiniones antirracistas que manifestaron en las pruebas eran sinceras.
La interpretación de Eliot Smith, de la Universidad de Indiana, y Diane M. Mackie, de la de California en Santa Barbara, se basa en las identidades múltiples. Todos oscilamos entre varias identidades posibles, y son las emociones, no la razón, las que delatan la identidad que predomina en cada situación. Por ejemplo, si una mujer se siente feliz por el ascenso de una competidora en la empresa, es que su identidad de "mujer" domina sobre la de "individuo". De manera que, aunque piensen racionalmente lo contrario, los blancos tienden a adoptar emocionalmente la identidad de "blancos" ante una situación racista. "El resultado no me sorprende", dice el presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, Alberto Fernández de Liria. "Hay una distinción muy bien establecida entre el racismo como doctrina, al estilo del propugnado por Hitler, por ejemplo, y el racismo instintivo o visceral, más similar a una fobia. La diferencia entre los dos experimentos se debe a que, en las distancias cortas, son las emociones las que dominan".
"El racismo ha sido adaptativo en el pasado de la especie", prosigue el psiquiatra. "Por inaceptable que resulte en nuestro mundo, debemos entender que la aversión al extraño está enraizada en nuestra fisiología, tanto como la fobia a las serpientes, casi universal en la especie. Pero eso no quiere decir que la tendencia no sea reeducable. Sabemos que lo es, aunque con esfuerzo, y también conocemos la importancia de que los niños crezcan juntos".
"El resultado no es sorprendente", coincide su colega Pau Pérez, especializado en la cuestión. "La falta de reacción ante la situación racista de la vida real tiene explicaciones muy simples. La principal es que las reacciones emocionales primarias, las inmediatas, sólo se disparan al percibir una amenaza, y en este experimento no la hay". Pérez también subraya la inutilidad de ignorar el componente biológico del racismo. "La respuesta defensiva a lo distinto es un mecanismo etológico fundamental [un comportamiento regulado por la evolución]. Si los experimentadores esperaban que la educación y la cultura hubieran suprimido esa respuesta fisiológica, realmente estaban pidiendo demasiado. Pero la educación puede canalizar estas tendencias. Y más importantes aún son las experiencias comunes, que los niños compartan las aulas".
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Por feyerabend - 9 de Enero, 2009, 9:02, Categoría: General
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Gregory Bateson : «Teoría del doble vinculo »

Antropólogo, científico social, lingüista y cibernético interesado en el estudio del control y comunicación en los sistemas complejos: organismos vivos, máquinas y organizaciones.
Nace en Estados Unidos en 1904 y muere en San Francisco en 1980. Adquirió su formación en la universidad de Cambridge en el área de antropología social y cibernética dónde aplicó a la psiquiatría los principios de la teoría de la comunicación.
Este científico angloestadounidense es conocido por el desarrollo de la teoría del doble vínculo de la esquizofrenia, junto con uno de los líderes en teoría de la comunicación, Paul Watzlawick, su colega en el Mental Research Intitute de Palo Alto, y por ser el esposo de la prestigiosa antropóloga Margaret Mead. Sus investigaciones y reflexiones abarcaron áreas tan variadas como: antropología, etnología, teoría del aprendizaje, psicología anormal, cibernética, teoría de sistemas, lógica, epistemología, entre otras. Parte muy importante de sus aportes se encuentran en sus obras: Ø Pasos hacia una Ecología de la Mente, 1972 Ø Espíritu y Naturaleza, 1979
Nace en Estados Unidos en 1904 y muere en San Francisco en 1980. Adquirió su formación en la universidad de Cambridge en el área de antropología social y cibernética dónde aplicó a la psiquiatría los principios de la teoría de la comunicación.
Este científico angloestadounidense es conocido por el desarrollo de la teoría del doble vínculo de la esquizofrenia, junto con uno de los líderes en teoría de la comunicación, Paul Watzlawick, su colega en el Mental Research Intitute de Palo Alto, y por ser el esposo de la prestigiosa antropóloga Margaret Mead. Sus investigaciones y reflexiones abarcaron áreas tan variadas como: antropología, etnología, teoría del aprendizaje, psicología anormal, cibernética, teoría de sistemas, lógica, epistemología, entre otras. Parte muy importante de sus aportes se encuentran en sus obras: Ø Pasos hacia una Ecología de la Mente, 1972 Ø Espíritu y Naturaleza, 1979
Publicado por Gala Estrella Rota Nodari
Doble Vínculo : “Génesis de la esquizofrenia”
Este término "doble vínculo", fue desarrollado por primera vez por Gregory Bateson y colaboradores en el año 1956, como una hipótesis explicativa del fenómeno interaccional que se observa en la comunicación esquizofrénica. Expone en su trabajo un análisis de los problemas de las relaciones adecuadas a contradicciones en la información que se dan en la comunicación entre madre e hijo como también analiza el flujo de la información, la interacción y la retroalimentación comunicativa en dicha relación. Gregory B. retoma la teoría de las comunicaciones que Russell llamó la Teoría de los Tipos Lógicos dónde su tesis central es que existe una discontinuidad entre una clase y sus miembros que se quiebra de manera continua e inevitable. Esta patología que se produce, como mencionamos anteriormente, es calificada como ‘esquizofrenia’. Parte de aquí su estudio para hallar métodos terapéuticos e inicia la psicoterapia familiar donde pudo concluir que la idea de los trastornos mentales y sus manifestaciones esquizofrénicas en el paciente son efectivamente problemas de la comunicación. Para que este 'modo' de comunicación se manifieste, es necesario: a) una relación muy significativa entre dos o más personas; b) una experiencia repetida de doble mensaje o "doble vínculo”; c) un mandato primario negativo del tipo "no hagas eso o te castigaré" o "si no hacés eso te castigaré”; d) un mandato secundario que está en conflicto con el primero en un nivel más abstracto y, que al igual que el primero, está reforzado por castigos o señales que anuncian un peligro para la supervivencia. Por lo general, se trata de mensajes no-verbales que contradicen la prohibición primaria, por ejemplo, un gesto que muestra "no consideres esto un castigo", o "no me veas como alguien que te castiga". O, verbalmente es contradicho el primer mandato diciendo, por ejemplo, "lo hago por tu bien" o "hacé las cosas por vos mismo y no porque te digo que las hagas"; e) un mandato negativo terciario que prohíbe a la "víctima" escapar del campo; y f) luego, la persona aprende a percibir su universo bajo patrones de doble vínculo y ya no es necesario que se den secuencialmente todos los pasos, sino que casi cualquier parte de la secuencia de doble vínculo puede resultar suficiente para precipitar el miedo o la furia. Esta teoría hace referencia a la confusión que le acarrea a una persona tener que discriminar entre dos mensajes contradictorios entre sí y la imposibilidad de comunicar acerca de tal contradicción. Esta confusión de la que hablamos tiende a ‘bloquear’ los tres campos de la vida y de la actividad humana: la acción, el pensamiento y el sentimiento. Entonces se podría decir que los dobles vínculos no sólo derivan instrucciones contradictorias, sino también verdaderas paradojas. En consecuencia, el paciente disgrega su personalidad por las contradicciones que se generan en el discurso hasta hacerle perder la capacidad que tiene el yo de “discriminar modos comunicacionales”.
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Por feyerabend - 2 de Enero, 2009, 8:41, Categoría: General
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